Isla Maciel
La mujer banca
Viernes 24 de agosto de 2007, por Nadia Mansilla *

Llegó la desocupación. Se instaló. Como el hambre. Y se quedó. Y cuando se cansó, se empezó a ir. Y se está yendo, o ellos la están empujando. La crisis y los hombres mirando la nada. Las mujeres salieron, eso ha marcado la sociedad, se cambiaron roles. Ellas cruzaban el agua, laburaban por hora, cartoneaban. Cirujear. Una época que dejó rastros. Y separaciones.

Empujan. Casi pibas con tres hijos, ellas son las que empujan. No hay que bajarse del mundo. Hay esperanzas. Ya no quieren un comedor. Quieren trabajo genuino, oportunidades y capacitación. Por eso van “al galpón”.

Noemí Vera relata cómo: “Conseguimos este galpón que estaba abandonado y nos pusimos a laburar. Éramos tres madres. Hasta que un día le dijimos a los pibes de la plaza, que estaban siempre ahí, algunos fumando porro, porque no venían a darnos una mano. Y al otro día volvieron, ver qué podían hacer”. Así fue el comienzo: los pibes ya no se juntan para darse en la plaza. Ahora van al Galpón, pero a hacer cosas. Como clases de gimnasia o el curso de albañilería, que dicta Jorge Urbanaviciu.

Jorge destaca la experiencia: “Al taller vienen más de 15 chicos que se ponen las pilas y trabajan con ganas. Además de aprender un oficio, Estamos haciendo los baños y la cocina del galpón. Creo que están motivados para aprender y porque este lugar es para ellos. Los pibes que conocí acá tienen buena carnadura”, dice, mientras los alumnos revocan una pared.

Llueve. Deja de llover. Tiempo de provincia. Se charla, la nostalgia de aquel tiempo mejor se adueña de las palabras. Antes había tres colectivos, oficina de correo y farmacia. Ahora ya no. Desolado paisaje del pobrerío. Pero la desolación no se robó la energía para seguir adelante. La crisis, la desocupación, parió otra clase de mujer. Pibas, casi. Tienen la voz, ahora.

Los vecinos que frecuentan el galpón respondieron cuando el incendio: además de organizar una colecta de ropa, montaron una guardia para hacerles el aguante. Solidarios y sentir eso de compadecerse del igual. No es “el otro”. El otro está del otro lado del Riachuelo. La marginalidad a 3 o 4 mil metros de la Casa Rosada. Y la torres de Madero.

La Isla Maciel. Isleños que no lo son. Y eso que más los une, es haber cruzado alguna vez en bote y no haberse ido jamás. Eso también es Isla Maciel. Y estas madres adolescentes. Ellas bancan. Hay que ver.

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