“La ruta del cereal...”
Viernes 24 de agosto de 2007, por Carlos Del Frade *

El hambre tiene historia. Y la desnutrición también aparece en geografías insospechadas. Quizás por la misma razón, por esa crónica política que parió al hambre y desfiguró ciudades enteras.



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Periodista.

Cuando el Partido Militar presentó su documento de identidad en la historia argentina, después del primer golpe de estado del 6 de septiembre de 1930, en el sur de la provincia de Santa Fe, el segundo estado de la Nación, surgió una empresa de capitales italiano, llamada Celulosa. Papel a cambio de feroces dentelladas a los eucaliptos blancos de la región.

Pero junto a la empresa comenzó a desarrollarse una ciudad industrial, obrera y cercana a Rosario, la cuna de la bandera.

Esa ciudad se llama Capitán Bermúdez, en homenaje a uno de los granaderos que junto a Juan Bautista Cabral, pelearon junto a San Martín en una localidad cercana, San Lorenzo.

Miles y miles de argentinos conocieron Capitán Bermúdez durante setenta años de producción celulósica hasta que los años noventa impulsaron masivos despidos y cierre de otras empresas, como la jabonera Colpal, el frigorífico Depaoli y Cerámica Verbano.

La desocupación quebró la lógica cotidiana de la ciudad hecha a imagen y semejanza de los tiempos de la producción industrial.

Los jóvenes se exiliaron y los viejos intentaban recordar en qué lugar habían perdido el país que ellos construyeron con su esfuerzo.

A fines de los años noventa, mientras las chimeneas de Celulosa seguían despidiendo cualquier tipo de sustancia hacia el medio ambiente de la región, surgieron las nenas y los nenes desnutridos.

Una postal urgente del empobrecimiento impuesto como resultado de la desocupación y la indiferencia privada y estatal.

El dolor de aquellas criaturas fue entendido, abrazado y denunciado por mujeres, hombres y algunos sacerdotes que se animaron a marchar contra los Herodes redivivos del tercer milenio.

Desde una capilla, cercana a las vías de un tren que ya no lleva personas sino riquezas naturales que no producen beneficios para los que son muchos, continuó la organización de los resistentes.

Impulsaron multisectoriales, cortes de la ruta 11 con participación de actores comprometidos con la suerte de su pueblo y hasta ayunaron para que los poderes tuvieran en cuenta el destino de las chicas y chicos de la ex ciudad obrera.

Hasta el actual presidente de la Nación recibió una carta del cura hijo de ferroviarios, Salvador Yaco, reclamando soluciones para el hambre de los pibes, para los que sufrían desnutrición en el territorio que exporta leche, carne y cereal como ninguna otra porción del país.

Ahora, en estos días, ese grupo de mujeres, hombres, adolescentes y sacerdotes, presentarán un vídeo llamado “La ruta del cereal. Los caminos del hambre”, donde denuncian a viva voz que uno de cada cuatro niños en la provincia de Santa Fe está mal nutrido.

Una pavorosa cifra que refleja la continuidad impune de la matriz del saqueo de los años noventa.

Pero también, una nueva señal de la insistencia de aquellos que pelean para que el futuro sea sinónimo de felicidad para los que son más en estas tierras estragadas y, al mismo tiempo, capaces de parir resistencias y esperanzas.

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