Entrevista a Francisco Solano López
Yo, dibujo
Sábado 8 de septiembre de 2007, por Gisela Busaniche *

Si un guionista es el que crea a los personajes de una historieta, un dibujante es quien les da vida. Así sucedió cuando Héctor Oesterheld creó El Eternauta, y Solano López empezó a delinear los extraterrestres, los trajes especiales y la mirada de Juan Salvo, el profesor Favalli y el obrero Franco, entre otros tantos personajes que ahora ya son íconos dentro de la historieta -no sólo- Argentina.

Corría 1957 cuando nace esta historia de ciencia ficción argentina, transformándose en una de las grandes obras del país.

¿Y cómo descubrió su vocación de dibujante?

Simplemente el primer recuerdo que tengo dibujando es una galería de retratos de mi familia que le hice a mi padre para su cumpleaños cuando tenía 5 años.

Empezó a dibujar a su familia...

Sí, no sé como salieron porque esos dibujos han desaparecido. Mi madre, que no estaba tan de acuerdo con el tema, un día, después que falleció mi padre, cuando yo tenía 8 años, descubrió una pila de carpetas que mi padre iba guardando sin decirle nada a nadie. Eran todos dibujos míos. Y en la limpieza que hizo tiró todos esos dibujos. No por casualidad, sino porque no tenía ningunas ganas de que yo me dedicara a dibujar.

No quería saber nada con eso. ¿Por qué?

Porque le parecía que era una vida muy bohemia.

¿Y es una vida bohemia?

Por lo menos mi vida -asiente riendo- no se ha desarrollado en forma muy pareja. Ha tenido sus altibajos.

La carcajada de Solano López demuestra que es un hombre que se muestra. Siempre reflexiona unos segundos antes de contestar y no elude preguntas, pero tampoco es una catarata de respuestas. Mide sus palabras intentando buscar la adecuada. Tiene casi 70 años y 50 años dibujando, aunque su madre haya querido evitarlo.

¿Decide continuar con el dibujo con su madre como opositora?

Bueno... yo consideré su viudez como un sacrificio. Ella no se volvió a casar, se dedicó a nosotros (dos hermanos) y yo comprendí esa situación dramática para ella. Entonces traté de no ser un opositor o un obstáculo. Esperé tener 21 años, ya había cumplido con mi obligación de hijo, y me dediqué a buscar una actividad artística. Era lo que quería.

¿No dibujó durante su niñez?

No. Pare de dibujar hasta los 14 años, cuando empecé a ver chicas que me gustaban y las quería dibujar.

¿Dibujaba cuerpos?

Dibujaba las caras primero. Yo estaba pupilo en el Liceo Militar y los miércoles se llenaba de chicas, las hermanas, las novias de mis compañeros cadetes y después yo me las quedaba en la memoria y las dibujaba. Lo gracioso es que cuando yo hacía los rostros de las chicas, mis compañeros me pedían que dibujara lo que faltaba.

Solano López aprendió. Es uno de los mejores dibujantes de siluetas, de mujeres. Muy recordado por muchachos que devoraron sus historietas y sucumbieron ante los encantos de sus mujeres. “No pude seguir con la historieta erótica hasta que viví en Brasil, durante los años 80, ya que es un país tropical y muy preparado para lo erótico”, asegura con sonrisa cómplice.

Entonces dibujo chicas durante su adolescencia, pero ¿cuándo pensó que podía vivir de eso?

A los 20 años, trabajaba en la casa central del Banco Nación. Y a la salida, iba caminando hasta Córdoba y Maipú, a la Asociación del Círculo de Bellas Artes. Bajaba a sus sótanos donde hay sesiones de ‘modelo vivo’. Yo sabía que para aprender tenía que usar modelos humanos. Y pagábamos una pequeña cuota. Había profesores voluntarios pero yo les escapaba porque no quería que me vinieran a decir lo que yo tenía que hacer.

¿Y cómo llega a la historieta?

Llegué a la historieta porque me di cuenta de que el tipo de trabajo que yo hacia como aficionado se parecía mucho mas a la historieta que lo que era la publicidad, o la ilustración de novelas. No era un lector especifico de historietas pero me di cuenta empezando a estudiar el tema que era lo que mas se aproximaba a lo que yo podía desarrollar para ganarme la vida.

Solano López comienza su carrera en 1953 en la editorial Columba, con el guionista Roger Plá para realizar Perico y Guillermina. Después trabaja por 4 años en la Editorial Abril, donde conoce al guionista Héctor Oesterheld. Dibuja en la serie Bull Rocket, de la revista Misterix. Es parte de la Editorial Frontera desde el principio, y siempre con guiones de Oesterheld trabajó en las series Joe Zonda y Rul de la Luna para la revista Frontera y Rolo el marciano adoptivo para Hora Cero.

“Cuando Oesterheld ve el éxito que tenían sus historietas en Abril, piensa en abrir su propia editorial y nos llama a mi y a otro grupo de dibujantes que trabajaba con él”, recuerda Solano López.

Trabajaban juntos ¿Charlaban para delinear ideas? No charlábamos. En todas las historietas que hice con él, teníamos una reunión al comienzo donde poníamos las pautas y el estilo del trabajo y después nuestra comunicación era a través de dibujos y guiones. Él me mandaba guiones y yo le devolvía dibujos.

¿Y que definieron cuando hablaron de El Eternauta?

Había dos temas que me interesaban: la ciencia ficción y dibujar a los personajes lo más humanos posibles. En las primeras historietas que hice con él, los personajes eran más estereotipados. En cambio, lo que yo le pedí para El Eternauta fue que hiciera una historia de ciencia ficción pero con personajes reales. Que se preocupara más en darle forma para yo tener los elementos suficientes como para caracterizarlos y hacerlos actuar en forma convincente para el lector. Y lo disfrutaba... yo me consideraba el lector privilegiado de esa historia porque me enteraba primero de lo que pasaba.

¿Y de qué hablaban con Oesterheld?

Cuando nos encontrábamos, hablábamos de política. En la primera etapa hablábamos de generalidades, los dos éramos antiperonistas, pero teníamos simpatía con una actividad democrática más libre y justa. Ya en la segunda etapa -en los años 70- casi no lo veía porque ya estaba en una actividad semiclandestina. Él trató de convencerme de que lo que ellos estaban emprendiendo iba muy bien y faltaba poco para el triunfo final. Y yo tenía una opinión muy diferente desde la base, no porque tuviera simpatía con el accionar militar, sino porque veía que eso iba al fracaso. Las diferentes fuerzas, la comprensión de lo que era la realidad argentina, la clase conversadora tan bien organizada que tenemos aun en estos días, que siguen ganando elecciones y nos sorprenden. Todo eso me hacia tener un análisis distinto al suyo, pero como te digo, lo veía muy poco.

El Eternauta Parte Uno, nace en 1957 en la Editorial Frontera. Tras las buenas críticas Oesterheld y Solano López son convocados por la Editorial Record para el segundo Eternauta, en 1976.

“Durante el primer Eternauta estábamos preocupados en la creación de un ámbito aventurero típicamente nuestro. Todo como si manejáramos seres humanos corrientes, por eso era perfectamente lícito que nosotros pergeñáramos una historia en nuestro país, con seres como nosotros”, detalla Solano López y continúa: “Oesterheld ya se preocupaba por caracterizar al empleado de banco, al profesor universitario, a Juan Salvo que era un pequeño industrial, a Franco que era el obrero. Estábamos escribiendo un contexto muy propio a lo que era nuestra realidad social. El Eternauta podía ser leído por José Pablo Feinman pero también por el obrero Franco.

¿Y el segundo Eternauta?

A esa altura, Oesterheld transformó la historia a los fines de su predica o de su convicción política. Cuando yo le reclamé eso, me respondió que no se había dado cuenta. Pero supongo que fue una triquiñuela. El traía su ideología a la línea argumental de la historieta que se nos había propuesto hacer. Porque estaba obsesionado con esa ideología y la utilizaba para darle vida al contexto que estábamos tratando, que era la continuación de la invasión extraterrestre pero con una transformación del personaje original, que en un principio era muy humano, a un Juan salvo que se convirtió en un pequeño superhéroe, un líder de la resistencia. Se contraponía con el héroe humano que fue el primer Eternauta.

¿Y sufrió consecuencias por ese Eternauta tan jugado políticamente?

No. Yo me exilié pero porque mi hijo estuvo preso. Era militante, estuvo detenido cerca de un año, pude ubicarlo y saber que no fue a parar a un centro clandestino. Después organicé un viaje que ya tenía previsto con motivos profesionales y terminé proponiéndole a las autoridades de aquel momento, que me entreguen a mi hijo que yo lo llevaba a Europa y me dijeron: pero que no vuelva más.

Se exilió durante años. Su esposa y dos hijos todavía residen en España. Él vive acá junto a sus dos hijas. Continúa dibujando y haciendo presentaciones de El Eternauta en el 30 aniversario de su creación. Declara, mientras dibuja a Juan Salvo, que siempre es distinto: “No es que quiera, es que se va modificando según mi estado de ánimo”.

El mismo nombre

Francisco Solano López, tambien llamado El Mariscal, fue el caudillo paraguayo durante la Guerra del Paraguay. Solano López no es descendiente directo pero pertenece a la rama del hermano menor del mariscal y lleva su mismo nombre. “Cuando murió casi toda mi familia después de terminar la guerra, quedó mi bisabuela con sus tres hijos, sola, en Asunción, ciudad ocupada por las tropas vencedoras, entre brasileros y argentinos -explica Solano-. Un oficial argentino, unos dicen que fue Mitre, otros Roca, que era coronel, parece que se conmovió y le facilitó el ingreso a Buenos Aires. Después mi abuelo se casó con una chica argentina”.


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