
Mirta tiene el pelo lacio que le cae sobre un costado del rostro, unos ojos mansos y un rostro que cuenta de una vida que no fue fácil. Pero se ilumina y hasta recupera los mohines de niña pícara cuando dice que a ella le encanta estar en la máquina de coser, baja la mirada como pidiendo disculpas por tanto placer en el crear prendas.
¿Mirta cuál es tu cargo en la fábrica textil?
Soy la encargada de la fábrica. ¿Cuánto tiempo hace que estoy trabajando? En la CTA van hacer nueve años. La fábrica se inauguró - en realidad no se inauguró todavía - pero ya estamos trabajando. Empezamos a trabajar en el mes de marzo de este año.
¿Cuántas personas están trabajando, actualmente, en la fábrica?
Ciento treinta y un personas, con tres presidentes de cooperativas. Los trabajadores se dividen en dos turnos, de ocho horas de trabajo. Comienzan la jornada a las seis treinta de la mañana y salen a las catorce treinta. El siguiente turno entra a las catorce horas y salen a las veintidós horas.
¿La fábrica está actualmente trabajando a pleno de su capacidad?
Sí, no quedan más máquinas disponibles. Tenemos más de ochenta máquinas, contando con las planchadoras a vapor, tenemos estampadoras, máquinas de cuero, overlock de cinco hilos, de tres hilos, rectas, máquinas zigzag que las usamos para bordar, tenemos dos máquinas bordadoras, aparte de las zigzag. Tenemos dos telares para fabricar trapos de piso, cuatro máquinas industriales, dos circulares, “cintureras”, para hacer la ropa de jeans, atracadoras, “collaretas”, “corta collaretas”. Todas las máquinas se están usando, absolutamente todas.
¿Cómo ha sido la capacitación para los trabajadores?
Milagro siempre dice primero los nuestros, por que son los que empezaron con la “Copa de leche”. Yo también comencé con mi “Copa de leche”, primero y principal soy delegada de una “Copa de leche”. De allí seguí a presidenta de cooperativa, encargada de obra y ahora encargada de fábrica. En cuanto a la capacitación, las chicas de la Sede, que trabajan en la CTA, tienen un taller de costura. En ese taller se capacitó. Una vez que ya estuvo la teoría, fueron seis meses de capacitación. Instalamos las máquinas en la Cooperativa y vinieron a capacitarse aquí en la práctica. Se capacitaron durante los meses de enero y febrero y en marzo comenzamos a cortar delantales de las escuelas. Desde allí arrancamos y hasta ahora no paramos.
Has comentado que hace nueve años que estás en la CTA, ¿vos comienzas allí y directamente pasas a la Tupac, cómo se da este tránsito?
La CTA es la Tupac - afirma categórica - . Porqué es la CTA - y explica - por que acá la CTA comenzó primero, luego se creó la Tupac. Nosotros empezamos con la CTA por que era la que existía al inicio, luego seguimos con la Tupac.
¿Antes de estar aquí, qué hacías, cuál era tu ocupación?
Trabajaba con costura por que me gusta mucho todo lo que sea coser, soy feliz estando sentada en una máquina de coser. Trabajo desde los quince años, viví muchos años en Buenos Aires y trabajé siempre en talleres textiles, fábricas. En Buenos Aires trabajé en talleres y hacíamos la ropa, hacía lencería. El taller que más me pagaba allí me iba, empecé sin saber, yo sabía nada más que en mi máquina de pedal. Hasta que un día entré y me arriesgué a saber qué era una máquina industrial. Primero era aprendiz y luego fui oficial, ya podía ganar un poco más y dónde me pagaban más allá iba.
Una vida difícil
Nosotros, mi papá y mamá somos de acá, de Jujuy. Por a falta de un trabajo seguro mi papá se va a Buenos Aires cuando yo tenía cinco años. Después mi papá consigue trabajo y nosotras también nos vamos para allá.
Cuando nos vamos a Buenos Aires, mi padres y yo vivíamos en la casa de un familiar y era como que ya no podíamos seguir allí, quedaba en Virreyes, en el partido de San Fernando. Mi papá trabajaba en la Confitería El Molino, trabajó muchos años allí, como repostero. Luego seguían los problemas en la casa de mi tía y decidieron mandarme nuevamente a Jujuy con mi abuelita, yo con siete años. Luego, a los once años míos ellos compran un terreno con una casita y me mandan a buscar, que vuelva con ellos... y bueno me fui y desde esa edad hasta los veintisiete años viví en Buenos Aires.
Empecé a trabajar a los quince años. Primero trabajé en una tapicería, hacíamos reposeras. Si, claro en la máquina de pedal. Me gustaba mucho. Fue así, yo trabajaba en los talleres y la platita que yo ganaba era una quincena para mi casa y la otra quincena me compré una máquina, una overlock, por que yo tenía que tener mi máquina. De ahí, mi papá vio que nosotras con mi mamá, ¬-porque mi mamá comenzó a trabajar conmigo-, veía que nosotras lluvia, no lluvia; frío, no frío teníamos que ir a trabajar todos los días, entonces mi papá dijo, no yo les voy a sacar dos máquinas para que ustedes tengan y puedan coser en la casa. Y bueno, efectivamente, mi papá se metió en una cuenta para poder sacarnos dos máquinas rectas y así... Luego tuvimos otra máquina, otra más, otra más y después teníamos chicas que trabajaban con nosotras.
Hace una pausa y reflexiona.
Después, allá en Buenos Aires es tan peligroso, siempre fue peligroso. Entonces mi papá no me dejaba salir a ningún lado, decía que no, que tengo miedo que te pase algo... y yo siempre en la casa. Tenía veintisiete años ya. Bueno, les dije a mis papás que yo quería volver a vivir acá, en Jujuy, que no quería estar ahí, me quería venir. Bueno efectivamente, a los veintisiete años, yo me voy y mi mamá sintió mucho por que se quedaba sola y ella seguía con el taller. Bueno yo me vine y después que se terminó el trabajo y llegó el tiempo en que todo era muy caro, entró la exportación y ya la gente. Viste... Entonces no produjeron más en la fábrica y se cortó el trabajo.
Entonces mi mamá, dice: Bueno, si vos necesitás yo te mando dos máquinas. Me mandó dos máquinas. Teniendo dos máquinas, llegué acá y conseguí trabajo.
Donde se tuerce el destino
Una amiga artesana me decía: ¿No querés entrar a la CTA?. Yo le decía: No, es que no tengo tiempo. No. Pero me insistió tanto que dije: Bueno, voy a ir. Y fui, por que recién estaba comenzando, éramos siete personas. Fui a ver qué pasaba, cómo venía la mano, y me gustó las cosas que hacían, eso de ayudar a los niños, que eso es lo primordial acá y en ese tiempo te daban dos o tres “Planes” y había repartirlos, se repartían la plata de los “Planes”, nos daban “Bolsones” y había que repartirse el bolsón entre tres o cuatro personas y pasó y cada vez más, mejor. Entré como delegada de mi “Copa de leche”, que hasta ahora la mantengo, se llama “Gauchito Gil” y yo digo: Capaz que si algún día dejo, un decir, si dejo esto no voy a dejar de ser delegada.
Seguir con mi “Copa de leche”, pero no dejar eso, por los chicos. Por que hay muchos chicos que vos sabés que le hacés la leche y ellos están felices. Ellos si vos llegas a decir que no vas a hacer la “Copa”. ¿Sabés? los tenés ahí, a todos en la puerta y no se te van hasta que no terminan la olla, por ejemplo, hacés una olla de amchi (El Amchi. Es un postre frío característico del NOA se realiza con azúcar, sémola, leche, orejones). arroz con leche, de mazamorra o ensalada de fruta en el verano. No se te van hasta que no ven la olla, el fin. Así son. Había un tiempo en que estaba tan fea la situación, que era muy caro para alquilar acá. Me fui a alquilar a Palpalá, otra localidad de aquí cerca. Ahí había muchos chicos humildes, pero muchos - y remarca muchos - chicos humildes y ahí daba la “Copa de leche”, vos vieras cómo venían niños y que se llevaban en su jarrito, terminaban de tomar ellos y se llevaban igual.
Otra cosa:, mi mamá me mandó una máquina. O sea yo tenía dos rectas y una overlock y una maquinita de mesa. Con esas máquinas trabajé haciendo prendas. Pero acá me dieron la vivienda, yo luché desde un principio para tener mi vivienda. Me dieron mi vivienda, y cuando vino el Presidente, Milagro me pidió que yo suba a recibir la carpeta de viviendas, subí, me dieron la carpeta.
Tan lindo, tan emocionada, y bueno, tengo mi vivienda. Pero no quiero dejar, por que mi marido artesano, yo con mi taller por que mi mamá me mandó todas las máquinas. Tengo mis máquinas y mi marido tiene su taller.
¿Dejarías esta textil?
No, no me iría de aquí, pero no quiero vender mis máquinas. Bueno. Así es -era- mi vida: mis papás allá y yo aquí. Mi mamá tiene osteoporosis y mi papá es muy depresivo. Ya son grandes y yo digo, qué voy a hacer. Ellos quieren vender la casa para poder volver a Jujuy. Mi hermano vive acá en Alto Comedero , yo también vivo acá y hablando de que ellos también se quisieran venir, pero hasta que vendan la casa si es que la venden, qué van hacer...
Entonces decíamos, bueno, alquilar aunque sea acá y yo me atreví a hablar con Milagro y pedirle una casa para mis padres. Y Milagro me dijo que sí. Les dio la casa, hace una semana que ya están instalados acá, aunque no pudieron vender su casa. Ahora están dejando un cuidador hasta que se pueda vender y mi papá quedó allá en Buenos Aires, en diciembre se viene se haya vendido o no la casita.
Esto dijo, dice Mirta entre sonrisas tímidas:
Y bueno, contenta. Es la vida.
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