Jujuy: Carlos “Tortilla” Taita
Subversivo es saber leer
Viernes 14 de septiembre de 2007

Las brumas se recortan sobre los cerros a lo lejos, es domingo, es la mañana y hoy las nubes remolonean hasta un poco más tarde. Desde el patio se ve San Salvador de Jujuy y el café y, el trino de los pájaros acompañará toda la jornada. Primero habló Milagro. Los Tupac escuchan, ceban mate. Escuchan a “la Milagro”. Luego la ficha cayó sobre “Tortilla”.

“Tortilla” -Carlos Taita- tomará la palabra. Es el hijo -uno de ellos- del corazón grandote de esta mujer chiquita, Milagro Sala. Tortilla, muchachito de pómulos prominentes irá contando su infancia de niño de la calle.

De pronto, mientras la entrevista avanza la mañana jujeña pierde sus colores y Tortilla nos introduce en la vida de un niño y la oscuridad. La voz ronca marca retazos de vida de un chico de la calle, algo que por momentos asfixia con secuencias, imágenes de dolor y abandono. Bueno, este reportaje es el vano intento de plasmar lo que no o, el fallido intento de conmensurar el dolor ajeno.

"Tortilla", atrás, Milagro“Yo vivía en un barrio y uno entra a desconfiar de todos y yo veía que en el barrio, el más vivo, vive en la casa mejor. En el barrio, si yo dejaba una cosa, mis zapatillas, me estaba por cambiar y me descuidaba un ratito y ya las zapatillas ya no estaban. Uno se cría con esa desconfianza. Pero llegué a casa de Milagro. Y en la casa de la Milagro era distinto. Yo siempre tuve esa desconfianza, pensaba que en todos lados es lo mismo y me dí cuenta que ahí no era los mismo.

Era como una familia, no era lo mismo lo que yo vivía en el barrio y lo que vivía en la casa de la Milagro. Eran cosas distintas, y en esta casa más que amigos éramos una familia, nos cuidábamos entre todos y la Milagro me hablaba, me hablaba, me hacía entender que las cosas no eran como uno pensaba, que ya no estaba en el barrio, que no estaba en el mismo lugar de siempre.

Ella me enseñó a convivir, me enseñó que las cosas no se ganan saliendo a robar. Me enseñó también que las cosas robadas o las cosas que vienen de arriba, así tengás mucho, así se te vuelven a ir como si nada, por que la gente a la cual vos le has sacado una tele o un centro musical, llora y esa maldición con el tiempo te llega

Orgullo Tupac: pileta en cada barrio también. Me hizo entender que no sólo robando puedo vivir mejor, trabajando también las puedo tener y si las gano trabajando todos los días y puedo vivir bien. Antes no tenía una casa, ahora tengo casa, también está viviendo acá mi hermano, el menor.

Antes me dedicaba a vaguear en el barrio y luego pude armar una “Copa de Leche” en el barrio, por que los chango entraron a laburar en la Cooperativa y todos ellos están laburando. Cuando estaba viviendo en la casa de la Milagro, bajaba para el barrio, de vez en cuando los fines de semana y los changos me decían: Che, no seas gil, no seas refugiado, vamos a ganar, vamos a arrebatar un par de cosas. Y yo les decía, no. No quiero ir, vayan ustedes. Y ya te comenzaban a bardear y te decían: Vos sos un refugiado, te cagás a la yuta, te tiembla la pera...

Y yo les decía, si, está bien soy cagón, no me da el aguante -como la Milagro me decía que les dijera a los changos. Los changos se quedaban mirando y se iban nomás, se iban a robar y yo me quedaba un rato a jugar a la pelota y me volvía. En la casa de la Milagro, había un horario para volver a dormir, me sentía protegido. Por que cuando vos andás robando, vos podés ganar dos o tres veces y en una te toca perder y en esa perdés mal. Cuánto vas a parar adentro, un año, seis meses ... y por otro lado, ahí cuando vas a vender las cosas, el tipo te dice, pero si a vos no te costó nada y yo les decía: A mi sí me cuesta algo, me cuesta mi libertad, aunque sean robadas las cosas. Y me decían vendémelas barato, cinco pesos, tres pesos. Si a vos no te cuesta nada...

No perdía nada, pero iba a parar preso. A diferencia, en la casa de la Milagro me mantenía con la cabeza ocupada en otra cosa y ya no iba a boludear al barrio, ya no estaba al pedo todo el día parado en la esquina con los vagos y a la noche, a las ocho, nueve salía apurado a robar con los vagos. Con la Milagro teníamos un objetivo, nos mandaba al colegio, terminé el secundario y así como yo había un par de chicos más que vivían en esa casa, con reglas y tareas para hacer y ya tu cabeza se mantenía ocupada, no como antes que estaba en la esquina viendo quién pasaba o carburando qué iba a hacer a la noche, por que cuando yo hacía plata, en el barrio, con un par de laburos y ponele estaba bien una semana, salía a bailar, hacía asados, todo... y vos ves quela plata te la gastás y al otro día no tenés una; entonces ves que tenés que salir de nuevo a ganar, como dicen en el barrio. Me dí cuenta que en el barrio cuando robás bien la pasás bien, pero cuando te toca perder y estás detrás de las rejas y ¿quién te va a ver? Ni los perros...Ahí te das cuenta quiénes son amigos y quiénes no son amigos.

¿Tus padres dónde se quedan en el barrio?

No, no soy de Buenos Aires, nací en Campana. Mi viejo todavía está allá, mi vieja falleció, después tengo unos hermanos que también viven ahí.

¿Cómo llegaste a Jujuy?

Me vine a los once años, por ahí, sólo. Tengo una madrastra y ella me mezquinaba todo a mí, por que no era hijo de ella, me mezquinaba hasta el agua que tomaba. Mi viejo por ahí me quería comprar una zapatilla y ella ya comenzaba a chivatear, decía: No, por qué le vas a comprar a este vago de mierda, que salga a trabajar, si quiere. Y yo era pendejo y así dejé de estudiar y con mi hermano mayor me fui a la casa de mi abuela y me daba de todo, me malcriaba, pero me dí cuenta, tenía diez años y ya no quería, era muy buena y me daba mucho. Mi hermano se vino para acá a Jujuy, justo para la época de las carrozas del día del estudiante y me gustó, me quedé en un barrio. Me quedo solo, por que mi hermano se vuelve a ir, me quedo con un par de amigos, por que me gustaba el tema de las carrozas. El tema de las carrozas, acá en Jujuy, es muy grande, provincial. Carrozas grandes, de todas las escuelas. Me quedé en un barrio y ya en la calle comencé a conocer amistades.

Bueno. No paraba en los juegos y conozco un amigo y él me lleva a vivir a su casa y de ahí ya conocía una villa que se llama San Jorge y paraba ahí. Después, también, me dí cuenta de que no podía vivir ni dormir bien, por que a las tres de la mañana, por ejemplo, hacían allanamientos. Por que ese barrio se caracteriza por eso, toda la vida ha sido así y hasta ahora sigue así. No digo que todos mis amigos están laburando, pero la mitad de ellos sí. La otra mitad han elegido seguir en ese camino, un par de ellos están presos, están en la Granja, otro está en el penal y a ellos les gusta la vida fácil.

Después hay un par de vagos que se han ahorcado por que no han querido seguir arreglando con la policía, no han querido seguir laburando con ellos, y han aparecido ahorcados- A mi se me hace que la policía los ha ahorcado y yo después que ha pasado eso no podía dormir y venía a dormir a otro barrio y ahí había una señora, con una familia grande, como ocho hijos y su marido era borracho, y yo era una boca más, ¿me entendés? Y ella no trabajaba, ya no podía aguantarme más, podía unos días.

Barrio Tupaccansaba, yo no era hijo de nadie y las mismas hijas de ellas... no querían traer un problema más. Lo único que hacía, después, era ir a dormir nada más. Ahí en el barrio de ella conozco al hijo de la Milagro, él me decía, voy a hablar con mí vieja para que vos labures y por dentro decía:

Laburar, ¿yo? No me gustaba trabajar. Los giles laburan, pensaba. Bueno. Si uno no pone la parte de uno, así te pueden hablar diez mil veces, pero si uno no pone la parte de uno, yo creo que no se cambia.

Pero hay un momento, ¿vos cuándo decides cambiar de vida?

Cuando llego a la casa de la Milagro, llega un momento en que vos estás preso y hasta cierto día comés bien y después se termina la plata y tenés que de nuevo salir a robar y cuando estás preso no te va a ver nadie. Los que dicen ser tus amigos, amigos de boca, pero ahí estás solo, te ves solo y no te va ver nadie; pero cuando estás afuera y tenés plata están todos con vos, cual mejor amigo que el otro. Cuando entro a la casa de la Milagro, Sergio, el hijo de ella me hacer hablar con ella y me hace que me vaya a vivir a su casa. Yo siempre iba a las marchas, así ¿viste? Y decía: Ya voy a ir, ya voy a ir, pero nunca iba.

Un día va la Milagro y me lleva a su casa y Sergio me la presenta, comienza a hablar y hablar y los primeros días no me acostumbraba. Más o menos dos o tres semanas llevaba viviendo y ella me da una pieza al fondo y ahí yo vivo, con un par de chicos más que vivían ahí y ya no me acostumbraba y, seguía bajando para el barrio todos los días. Todos los días, así viste, no me acostumbraba comía, dormía, pero veía que ya eran las tres, las cuatro ya me iba de nuevo para el barrio, no me acostumbraba, por que yo estaba con los changos de ahí abajo, jugaba a la pelota o estaba en la esquina meta boludear y ya cuando la Milagro me comenzó a hablar, hablar.

La Milagro dice, yo escuchaba que ella decía que con una persona nunca hay que cansarse de hablar y es verdad, tiene razón la Flaca y después ya me dí cuenta que estaba ahí, comía, dormía y después ella me comenzó a mandar al colegio, iba al colegio y así fui cambiando la idea, me fui sacando la esa idea de que yo era más pícaro que cualquiera, o que yo era más vivo. Fui cambiando cuando ya fui a la escuela, ya estaba entretenido, ahora ya terminé la secundaria y estoy mejor. - ¿Qué pasa ahora, cuándo volvés al barrio?

Ahora cuando voy al barrio los saludo a los changos y la mitad de ellos están trabajando en la Cooperativa, están mejor, tienen su sueldo. Hablando se logró que todos los changos entren a las Cooperativas, vengan a la “Copa de leche” y todo... A su vez ellos están cumpliendo una función dentro del barrio, por ejemplo ellos dan la “Copa de leche” a los chicos. Yo soy peluquero, el que sabe algo da lo que sabe hacer, corte de pelo a los chicos y hay algunos changos que han terminado su secundaria y se han dedicado a seguir robando, pero esos changos ahora están laburando en la “Copa de leche” y esos changos le dan clases de apoyo a los chicos y los otros que no han terminado la primaria ni la secundaria, han hecho, por ejemplo hasta tercer grado, ellos colaboran en la “Copa”; uno prende el fuego, otros van a traer leña y así viste.

Pero a su vez, ellos están trabajando en la Cooperativa, o sea que si ellos trabajan en la Cooperativa no pueden dejar a menos, a un lado la “Copa de leche”, por que los chicos ya están acostumbrados y si se cierra un día la “Copa de leche”, ya los chicos ¿qué hacen? ¿me entendés?

Eso es jugar con la necesidad de ellos y los chicos van, digamos, a la seis ellos ya saben, o a las cuatro ellos ya van con su jarro, su vaso, como en esa parte hay muchas familias carenciadas, muchas gentes que no trabajan y lo único que tienen apenas es para comer y alguna veces, otras se cagan de hambre y salen a pedir por ahí, y hay muchos lugares donde te cierran la puerta y ellos, cada familia del barrio tiene seis o siete hijos y vos viste que la gente de ahí no tienen más que lo que tienen puesto. Con decirte que hay gente que no conoce lo que es la tele, viven así nomás, tienen la camita y tienen los bloques puestos nomás.

La última pregunta, ¿qué es la Tupac para vos?

Para mí la Tupac es algo que te lleva a construir, a reconstruir la familia y a su vez te genera puestos de trabajo y a su vez no sólo son puestos de trabajo sino también trabaja con la gente que menos tiene, digamos, con la gente que por los delitos que han hecho y le cierran la puerta y te dicen: Vos tenés antecedentes. No te reciben en ningún lado. Y ¿Qué hace la Tupac? Yo veo que no te cierra la puerta, no te dice no, vos tenés antecedentes no podés entrar acá o no podés armar una “Copa de leche” en el barrio mientras los pibes se están cagando de hambre y veo que la CTA te da esa posibilidad, vos podés volver a estudiar, podés tener un trabajo, una casa digna, para el día de mañana poder decir: mirá, hijo mirá terminé la secundaria y te puedo enseñar a vos, a vos que sos mi hijo.

Yo ahora estoy bien y tengo la posibilidad y tengo que hablarte a vos para que puedas trabajar, ya sea en la “Copa de leche” o en un Centro Comunitario para que vos podás llegar a tener una vivienda, podás estar mejor. Esto es como una cadena, yo estoy bien y la Milagro siempre me ha enseñado que si ella me ayuda a mí yo tengo que ayudar a otro. Aunque, yo haya tenido diferencias con vos, pero si vos sos mi vecino de enfrente y estás cagado, lo mismo que yo y yo te tengo que ayudar a vos. Así me ha enseñado la Milagro que esto es como una cadena y por esos yo a los changos les hablo y les digo que no, esto es así, changos, no se equivoquen, por que ustedes saben, como dice la Milagro, qué pasa, cómo terminás, sino terminás en la cárcel, terminás con un plomo en la cabeza.

Desde que llegas de Buenos Aires, hasta que te encuentras con Milagro, ¿Cuánto tiempo pasa?

Cinco años más o menos, haciendo de todo, robando, drogándome, chupaba estaba ahí. Uh!. Comía asado, después al otro día estaba preso, estaba un par de meses adentro y así como no tenía familiares ni nada, nadie me iba a ver, nadie me movía los papeles afuera, no tenía abogado, no tenía nada. Vivía al día, vivía al día. Me la tenía que bancar, por que yo sabía que me había mandado esa y me la tenía que bancar y había un tiempo, antes de que yo viviera en casa de la Milagro, me acuerdo que yo a veces quería ir al centro y apenas me veían por ahí ya. Qué hacían, pum: patrullero. (Hace el gesto del policía reportándose por la radio)

Aquí, un sospechoso, cómo está vestido; vestido así y así... Me revisaban todo, no me pillaban con nada y me llevaban preso. Averiguación de antecedentes, sino me encontraban nada, y como no me habían pillado haciendo algo, qué me metían, me metían vagancia. Acá la vagancia, primero pagás, después la segunda ya no pagás y así te van tirando más días, más días y era feo...

Y cuando comencé a estar con la Milagro, en la casa y comencé a trabajar, me dí cuenta que ya no era lo mismo que yo podía estar en una casa de comercio, o podía mirar una vidriera y yo veía que era otra cosa, estaba con la Milagro y ya la policía no me jodía tanto por que la policía sabía que yo estaba trabajando. Decían, como me veían con la Milagro, la cana ya no me levantaba de cualquier lado, por que yo no podía entrar antes al centro, yo estaba a un par de cuadras ingresando al centro y aparecía la cana y me cargaba.

Milagro se indigna e interviene:

Ha pasado el tempo. El sol duro del mediodía golpea sobre la terraza. Milagro se indigna, retoma la palabra:

Y así como él, a muchos les pasaba así, los perseguían. No pueden estar cerca. Y nosotros decimos por qué no pueden entrar los chicos al centro si son ciudadanos jujeños. Está bien, si tenés chancletas, pantalón corto pero qué podemos hacer sino tienen qué ponerse. Eso es muy discriminatorio. Cuando un pibe con plata se droga, dicen es por que le falta cariño o va al psicólogo. Pero cuando un pibe nuestro, de los barrios se droga, dicen es un delincuente, un gato. La vez pasada, me acuerdo un changuito me decía, de que yo no entendía por qué él se drogaba y yo lo miraba, lo miraba... Y le digo por qué te drogas, me dijo:

Vos sos un hijo de puta, por que no entendés por qué yo me drogo. Nosotros somos ocho hermanos en la casa, mi mamá trabaja de muchacha y no le alcanza la plata y a veces hay para comer, pero a veces no, y cuando hay para comer alcanza para mis hermanos menores, entonces yo no quiero sentir hambre, entonces me voy a la “Tortuguita” a la Plaza Tortuguita, como le dicen el Barrio Alto Comedero y ahí me drogo y me olvido que tengo hambre y vos lo escuchás a ese pibe.

Y, decís: tiene razón, o al otro que te dice si el juez me mandan que vaya al psicólogo y está bien, voy al psicólogo. Entrás a la oficina del psicólogo, consultorio del psicólogo, o cómo carajo se dice. Y está ahí la foto del hijo del psicólogo, un ambiente bonito bien pintadas las paredes, me siento en una silla hermosa, el psicólogo me habla que no me tengo que drogar y hasta ahí está todo bien. Ahora termina la sesión y yo salgo de la puerta para afuera y me encuentro con que sigo viviendo...-

La misma historia, concluye la frase Tortilla, que hasta ahora asentía todas y cada una de las cuestiones que ha venido contando Milagro, y que busca cerrar las ideas anteriores:

Otra vez Milagro en voz pueblo:

La cana me sigue persiguiendo, mi familia no consigue trabajo, yo me sigo cagando de hambre. Todo es lo mismo. Qué me puede mandar el Juzgado a hablar con un psicólogo, si yo lo que necesito es le den laburo a mis viejos, me den laburo a mí. Entonces entendés cuando te dicen por eso robo, por eso me drogo.

No justificamos al que roba, nosotros aspiramos a que ningún pibe siga robando, pero también si vos te ponés a hablar con el que roba te da bronca y decís puta... y nosotros hemos experimentado con muchos chicos que antes robaban y se drogaban, ahora están trabajando y que han dejado de robar y drogarse, y ahora trabajan y ya no son un paria, un insecto para la sociedad. No al contrario son chicos que caminan el centro, se van a comprar cosas, tienen su motito, tienen sus casas, tienen sus cositas y que la vida ha comenzado ha sonreír y eso se hace con muy poca plata, casi no significa nada, para el Estado combatir la pobreza.

Siempre rompo las bolas que tienen que prepararse, educarse, para que el día de mañana ellos estén en las mismas condiciones que los grandes empresarios, con el sector político y discutirle par a par. Enseñarle que los negros, los pobres, los villeros pueden entrar a disputar lo que significa la economía nacional, provincial. Y sin un arma en la mano.

Alguien aporta: - Es subversivo eso. Milagro asiente y dice:

Y mucho. Esa es la verdadera revolución de conciencia, eso no lo podés matar Vos podés matar al que porta una arma, lo podés meter en cana, pero lo que vos le enseñás no es fácil de matar. Es difícil, eso cuesta. Nosotros decimos, no armamos pelotones de desocupados, formamos conciencias es lo más importante para nosotros. Así es.

Por India Rodríguez

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