
Cientos de familias decidieron quemar sus casas y cosechas para que nada le quedara al invasor. Prometieron regresar a ese lugar en donde habían nacido, crecido, luchado y amado pero que abandonaban con la ilusión de volver libres y dueños de un país que hasta entonces tambaleaba en sus primeros pasos.
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* Periodista. |
Se le llamó el éxodo jujeño y forma parte de la épica del pueblo argentino aunque rara vez es recordado de manera oficial.
Jujuy está en el cielo de la Argentina y su territorio integraba el Estado incaico, el tawantinsuyu.
Desde allí comenzó el sueño de inventar una nación independiente y de iguales, tal vez por eso, por semejante alumbramiento, el éxodo jujeño no pudo haberse producido en otra geografía.
Durante muchas décadas, Jujuy fue reducida desde los medios electrónicos de comunicación que imponen la visión de Buenos Aires sobre el interior, a un lugar de maravillas naturales naturalizando la pobreza impuesta a su pueblo.
Las jujeñas y jujeños que ofrendaron lo mejor de si mismos para la construcción de la Argentina, terminaron minimizados ante el paisaje que los rodeó desde siempre.
Por eso no es casual que cientos de pibas y pibes jujeños, en este crepuscular inicio del tercer milenio, tengan la marca del sistema en sus propios cuerpos.
Una marca de muerte a plazo fijo.
Plomo en la sangre de niñas y niños de Jujuy, aquella provincia que lo dio todo en pos de una nación libre y con justicia.
En Abra Pampa, ocho de cada diez chicas y chicos tienen plomo en su cuerpo, según informó un estudio de la Universidad de Jujuy.
El inicio de semejante contaminación está en la raíz misma de la infame década del noventa. La fundición Metal Huasi quebró y una quincena de obreros ingresaron al agujero negro de la desocupación.
Pero la herencia fue más pesada y prolongada. Alrededor de diez mil toneladas de escoria de plomo quedaron allí, en Abra Pampa.
El problema del plomo en la sangre es múltiple, desde daños cerebrales irreversibles a saturnismo crónico.
Yo no puedo aprender porque tengo plomo en la cabeza - fue la frase que pronunció una alumno a su maestro, según consignan las crónicas periodísticas.
Durante más de una quincena de años, los estados miraron para otro lado, mientras la escoria y el viento dibujaban cursos de pesadilla en el interior de las nenas y nenes en Abra Pampa.
Ahora el intendente del lugar sabe de qué se trata porque ha pedido el estudio de marras al denominado Grupo de Investigación Química Aplicada de la Universidad Nacional de Jujuy.
Habrá que ver si todavía hay tiempo para las pibas y pibes jujeños, para evitar que se produzca una segunda y fatal versión de otro éxodo que está muy lejos de prometer libertad e igualdad.
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