
Desde hace un año desaparece cada día Jorge Julio López. El hecho conmueve, no solo por el dolor que produce su ausencia, sino también porque apunta al corazón del Nunca Más y golpea en el lugar más sensible de la lucha contra la impunidad.
![]() * Secretario de Derechos Humanos de la CTA Nacional. |
Al denunciarse su desaparición, se perdieron tiempo y pistas fundamentales debido a que en lugar de abocarse a su búsqueda se ensayaron discursos y excusas casi del mismo tenor que en la década del 70: se dudo de su desaparición, se esbozo un “por algo será” cuando se planteó que había que investigar sus supuestas relaciones; e incluso, desde despachos oficiales, pretendieron señalar los reclamos y movilizaciones por su aparición con vida, como manifestaciones opositoras.
Nada de lo que se haga es suficiente, mientras nuestro compañero esté desaparecido. No alcanza con expresarse solo cuando se cumplen aniversarios. Debemos evitar que a sus dos desapariciones se sume una tercera expresada en la invisibilizacion cotidiana de un desaparecido en democracia.
La desaparición del compañero, nos interpela cada día, nos derrumba supuestas certezas y pone al descubierto las falencias denunciadas desde el inicio mismo de la etapa democrática en cuanto a la desarticulación del aparato represivo que tiene su expresión mas acabada en la bonaerense, integrada todavía por cuadros que ven en Etchecolatz y compañía, a sus jefes históricos.
Es indispensable, que la investigación no esté en manos del aparato sospechado, casi con certeza, de su desaparición. Es fundamental que no se alojen en el mismo lugar los genocidas detenidos para no facilitar el accionar conspirativo de los que se mueven con la única obsesión de volver al pasado y evitar las condenas.
Es clave, para que haya justicia, que termine la “ronda” de testigos que declaran una y otra vez en los diferentes juicios exponiéndolos no solo a revivir permanentemente su calvario sino a comprometer directamente su seguridad. El fallo histórico que condena al represor Etchecolatz (y no “ex represor” como se refieren a él algunos medios, haciendo una suerte de indulto lingüístico) en el marco de un genocidio no deja dudas que deben tomarse todas las medidas que sean necesarias para acelerar los procesos que finalmente lleven a hacer justicia antes que la muerte biológica de los genocidas llegue primero que las condenas.
APARICIÓN CON VIDA DE JULIO LÓPEZ. Nadie puede permanecer en la actitud pasiva de desearlo ni en la tibieza de reclamarlo, nuestra obligación de militantes es exigirlo.
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