
La vida del cartonero es muy dura y muy poca la paga que recibe en relación a la riqueza que genera -dice Oscar Montiel, representante de la Coordinadora de Cartoneros y Recicladores MOCAR de La Matanza, un partido de la provincia de Buenos Aires, el primer Estado argentino, en donde más de 50 mil personas sobreviven gracias al cirujeo.
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* Periodista. |
Vivir de la basura es una de las más fantásticas demostraciones de la resistencia de la dignidad y los valores humanos en contra del mandato del sistema que exige delinquir cuando el saqueo viene de arriba hacia abajo.
Casi todos los grandes medios de comunicación suelen repetir como si fuera una ley de la física que los más desesperados “no tienen otra” que caer en el delito.
Monumental mentira que queda expuesta en su fragilidad y perversidad cuando asoman testimonios y cifras de luchas colectivas como los recolectores de La Matanza.
Ellos son capaces de juntar cincuenta kilogramos de basura por día, materia prima que luego multiplica dinero que, en la mayoría de los casos, no va para ellos, sino para los que se abusan de las necesidades de los cartoneros.
Dicen los renovados cirujas del tercer milenio que aquello que juntan en las calles se multiplica por seis al final de la cadena de comercialización. Alrededor de quinientos millones de pesos anuales es la facturación de los otros. No lo que llega a ellos, a cada uno de los guerreros del cartoneo de La Matanza.
Denuncian la explotación y siguen porque saben que no tienen el privilegio del descanso. Cada hora de cada día es una pelea permanente. Sus hijos necesitan de semejante dignidad callejera, anónima pero palpable y real.
"En esta cadena informal existen actores que se llevan el bocado del león relegando al que realmente es la fuerza productiva, el cartonero", agrega Montiel.
“El plástico común, por ejemplo”, “es vendido por el cartonero a 50 centavos el kilo. El eslabón que continúa en esta cadena cobra 1,20 pesos por el ‘cargo’ de acopiarlo. Quien lo recibe lo revende a dos pesos al que lo muele; éste, finalmente, lo comercializa desde 3 pesos a las industrias. Si las matemáticas no fallan, el valor se ha sextuplicado. La diferencia es abismal: mientras la industria del papel, cartón y derivados celulósicos embolsa unos 40 mil pesos por mes, los cartoneros se quedan con entre 600 y 700 pesos mensuales. Se calcula que quienes ‘cartonean’ ganan un promedio de 3,12 pesos por hora.
‘Nuestra mano de obra está muy desvalorizada’, se queja el dirigente”, apuntan los investigadores de la Universidad Nacional de La Matanza que decidieron mostrar la vida, el negocio y la pelea de los cartoneros seguramente seducidos por tanta valentía cotidiana.
"Siempre ’hay tongo’ con el pesaje", denuncia Gustavo "Fleco" Salas, un cartonero de Lomas del Mirador que acusa 80 kilos de peso pero que, si subiría a una balanza de acopio, "no superaría los 25", apunta. "En el galpón, un kilo pesa 700 gramos, todos te duermen", denuncia.
Pero a pesar de tanta explotación, los cartoneros de La Matanza insisten en su obstinada pelea por darle una vida a sus amores.
Son la expresión más palpable de la increíble tenacidad de la voluntad de creer que suele habitar en el país de los argentinos.
En familia, con sus carros, los cirujas de La Matanza avanzan hacia un lugar nuevo, distinto, mejor... para todos, no solamente para unos pocos.
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