La tierra y la dignidad
Jueves 4 de octubre de 2007, por Carlos Del Frade *

Desde que comenzó el tercer milenio, decenas de pueblos argentinos celebran sus centenarios. Se trata de fiestas monumentales en donde las llamadas fuerzas vivas de ciudades y comunas de la geografía del país del sur aparentan el triunfo del progreso y el recuerdo de sus fundadores.



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Periodista.

Una historia que, en la mayoría de los casos, oculta el genocidio a los pueblos originarios, por una parte, y la corrupción como principal herramienta a la hora de concentrar tierras en pocas manos desde el Estado nacional.

Fundadores y colonizadores, en realidad, son adjetivos que encubren a terratenientes y explotadores descarados y cuyos bienes se transmitieron de generación en generación en detrimento de la vida de las mayorías del interior.

Por eso Julio Argentino Roca tiene el mayor monumento entre las estatuas que recuerdan a los supuestos próceres del país.

Un símbolo que llega hasta el tercer milenio.

Por eso no es casual que desde las raíces mismas de ese campo privatizado, aparezcan las voces de la rebeldía.

Los integrantes del Movimiento Campesino Indígena, por ejemplo, se movilizaron en Capital Federal para denunciar a las multinacionales Monsanto y Barrick Gold -entre otras- por ser responsables de la continuidad del saqueo de los bienes naturales y también de la creciente contaminación en varios puntos del mapa argentino.

Según los datos oficiales, ocho de cada diez productores rurales tienen apenas el trece por ciento de la tierra, al mismo tiempo que el cuatro por ciento de los propietarios concentran el sesenta y cinco por ciento de las explotaciones agropecuarias.

Una vez más las vaquitas son ajenas y las penas son de las mayorías.

Para el Movimiento, en coincidencia con las cifras de la Federación Agraria Argentina, más de doscientas mil familias "fueron expulsadas del campo hacia barrios empobrecidos de las grandes ciudades".

Un éxodo no querido que alumbra un campo sin familias a imagen y semejanza de los intereses de las multinacionales de la soja y los explotadores de minas a cielo abierto.

Continuidad manifiesta de la matriz de dependencia de los años noventa más allá del discurso con pose de progresista que sigue exhibiendo el actual gobierno nacional.

En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, "el proceso de concentración de tierras se tradujo en la desaparición de un 33 por ciento de los productores en la última década. Sin embargo, los pequeños y medianos productores están más amenazados por el avance del sistema de arrendamiento utilizado por los grandes grupos empresarios que por la venta indiscriminada de los campos", apuntan las organizaciones que siguen peleando para lograr la democratización de la tierra y los recursos naturales.

Una pelea que sigue porque la dignidad, a pesar de todos los pesares, es invencible.

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