
Aceptar la decisión de un colectivo y asumir la lucha gremial no es un lecho de rosas. Sobran ejemplos. Uno de ellos lo constituye la historia de un trabajador de la multinacional automotriz Ford, perseguido y despedido por defenser derechos adquiridos. Se trata de Guillermo Carrera, dirigente de la CTA Tigre.
Guillermo Carrera (41) comenzó a militar a los 18 años en una agrupación de apoyo a los Pueblos Originarios. Fue peón de cuadrilla en el ferrocarril y en los ratos libres estudiaba antropología. Formó una familia, dejó de ser ferroviario y por 13 años fue obrero de la fábrica Ford. Pasó poco tiempo para que su perfil militante aflorara. Como delegado del Smata, “empecé a discutir derechos y en el ‘97 entré a la CTA con la Federación de Trabajadores de la Industria y Afines (FETIA)”.
Cuando una empresa decide despedir a un delegado porque “molesta”, empieza a preparar el terreno. Acusaciones de distinto tipo como: poca contracción al trabajo (vago), carpetero (se enferma y saca carpeta médica), muy conflictivo (se pelea con los encargados) preceden a las presiones directas. Guillermo es el primer delegado al que pidieron el desafuero gremial en la fábrica Fod. La justicia desestimó el pedido. Pero era cuestión de tiempo. Cuando se terminó el mandato, durante más de tres meses estuvo sin tarea asignada. El delegado elegido lo sostuvo hasta donde pudo.
En 2004, cuando se presentaba una nueva oportunidad para recuperar el espacio de delegado que le habían birlado mediante la incorporación de 40 empleados más en su sector y la reducción de cupos, la elección se suspendió por decisión sindical -empresarial dejando sin fueros a los postulantes a delegados.
Una semana antes la empresa había organizado una reunión con el tema de la salud laboral a la que asistieron unos 200 operarios. “Les dimos vuelta la estrategia y muchos compañeros se animaran a hablar de la problemática”, afirma.
En 2006, fue elegido secretario Gremial del distrito CTA de Tigre. Desde un espacio metal mecánico del MERCOSUR que funciona en internet, publicaron notas felicitando al Smata por la inclusión de los trabajadores de limpieza en la empresa. La idea era forzar la inclusión de todos. Esto no le cayó bien a la cúpula sindical. De hecho, ya habían negociado con la empresa que era un tema terminado. Antes, ya lo habían llevado a cabo con los empleados de los comedores.
Fue entonces que el Smata se acordó que en el convenio vigente ultra activo estaban considerados en las categorías 1, 2 y 3 que dejó se aplicarse durante el menemismo. “La estrategia que iban desarrollando era la misma que habían hecho con los compañeros del comedor. La mitad iba a quedar afuera y con cambio de prestador iban zarandeando compañeros. La mitad pasaba a estar bajo convenio y la otra quedaba afuera”, asevera Guillermo.
Estas denuncias si bien no lograron el objetivo de máxima por lo menos evitaron que las mujeres, cuyos sueldos eran tres veces más bajos que los de los hombres, quedaran afuera. La empresa empezó a recibir adhesiones y presiones internacionales por cuestiones de género. La política definida por Fetya- CTA empezaba a notarse. La suma de acciones culminó con el despido.
Por su actividad gremial no sólo perdió el empleo. La burocracia sindical -del Smata- bloqueó toda posibilidad de contacto con los compañeros. Incluso prohibieron la realización de colectas y “se me hizo complicado ir a las puertas de la fábrica”. Justo cuando desde la central se iba a realizar una movida nacional por su reincorporación, ocurrió el asesinato de Carlos Fuentealba.
“Agoté las instancias administrativas para tratar de revertir la situación a través de acciones políticas y sindicales y ahora estamos en juicio”, comenta. Su vida cambió de manera rotunda. Estaba acostumbrado a un trabajo estable y con un ingreso significativo respecto a otros sectores. “Fue un impacto en mi vida desde varios lugares”, comenta.
Pero los escollos no le impiden seguir luchando desde otro lugar: la salud laboral. Algo que conoce muy bien. Antes, desde su puesto de trabajo, individual y colectivamente “hicimos la experiencia de bajar la productividad horaria peleando condiciones de trabajo. Y ahí descubro una herramienta sindical muy fuerte, me fui metiendo y crecí desde ese lugar”, explica. Mientras espera su reinserción laboral aporta la experiencia adquirida en el departamento de Salud Laboral de la CTA nacional. “Estoy tratando de volver a encontrar un lugar y recuperar una trinchera”, asegura.
Equipo de Comunicación de la CTA Córdoba.
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