Entrevista a Juan Sasturain
“Todos conocemos la cobardía”
Martes 9 de octubre de 2007, por Gisela Busaniche *

Es escritor, periodista de Página/12 y Director de la Revista Fierro. Fue docente, encuestador, trabajó en Clarín, La Opinión y Humor, entre otros medios gráficos. Pero en sus comienzos, cuando llegó a estudiar Letras a la Ciudad de Buenos Aires a principios de los años 60, sólo quería ser jugador de fútbol.

¿Por qué querías ser jugador de fútbol?

Yo creo que es una vocación generacional de todos los varones argentinos de aquella época. No es una vocación profesional, no era que yo pensaba que me iba a dedicarme al fútbol para salvarme. En aquella época todavía el fútbol no era un espectáculo mediático como es ahora. Tené en cuenta que eran los mediados del 50 y en el interior, nos criábamos jugando al fútbol en la calle, todo el día. Yo viví siempre en pueblos pequeños de la provincia de Buenos Aires.

Sasturain se probó en San Lorenzo, Independiente y Lanús, pero terminó jugando en el equipo de la Facultad mientras estudiaba Letras en la UBA. Nació en González Cháves, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, en 1945. Fue de casualidad, ya que su familia era de Lobería, pero se mudaba cada dos años siguiendo a su padre.

¿Te acostumbraste a mudarte?

Y sí, porque mi viejo trabajaba en el Banco Provincia. Mi papa es el típico empleado de una empresa del Estado en la época en que el Estado funcionaba. Él creía en su trabajo, sentía que estabas haciendo algo. Quería a la institución donde trabajaba. Se enamoró del Banco Provincia en los años 30 y se fue amargado porque no se pudo quedar más porque lo echaron.

¿Tu padre era peronista?

Sí. Creo que tenía una convicción socialista anterior, pero el 45 lo agarró a mi papá con 35 años.

¿Y vos te hiciste peronista?

Sí, y creo que muchísimo tuvo que ver la figura de mi papá en eso. En el 55 a mi viejo lo echaron a la mierda porque había sido presidente de una Unidad Básica. Y como mi viejo era un tipo consecuente, no aceptó ningún tipo de agachadas. Era un señor de convicciones. Y me di cuenta que en ese lugar fue muy importante para mi...el único peronista de la familia era mi viejo.

¿Y tú mama?

Mi vieja era de familia radical, eran todos contreras. Y era muy duro en aquella época la discusión política en el seno de la familia. En la clase media fue terrible y en mi familia fue durísimo. Ni se hablaban, ni se trataban por las diferencias políticas.

¿Y vos entendías?

Yo convivía con eso, con esa violencia que estaba ahí. Supongo que en otros sectores sociales, en la clase obrera, donde la elección del peronismo era mayoritaria, esos fenómenos no se producían. Pero en la clase media, los peronistas eran minorías.

Levanta los párpados, mira fijo detrás de los lentes y cuenta que “se hizo peronista por la misma razón que eran peronistas su papá y su generación”. Detalla que no había tenido contacto con la izquierda, sino que se había formado dentro del catolicismo. Y cuando se fue a los 18 años a estudiar, vivió la radicalización y la peronización del estudiantado, después de “La Noche de los Bastones Largos”.

“Me acuerdo en las asambleas cuando nombraban a Perón, todo se dividía. Y me tocó generacionalmente eso, como también me tocó pasar por las organizaciones más radicalizadas, pero eso no era para mi”.

¿Cuál era tu lugar en ese momento?

Yo laburé mucho en la docencia, en la lucha ideológica, en la pelea por la cultura popular. Pero en ninguna organización.

No me dio. Entré en los comienzos de la FAR y no duré. No era para mí. Incluso cuando los montos enfrentan a Perón, yo soy de los que se queda con Perón. Ni hablar del asesinato de Rucci ni todas las torpezas posteriores. Ni hablar. Pero claro, para los que nos quedamos, nuestra salida no era mucho más viable que la otra. Estábamos todos condenados a no tener salida. Seguimos tragando sapos, eh... me quede demasiado en el peronismo.

¿Cuándo te fuiste?

Me fuí cuando llegó Menem. Nunca fui partidista, no usé la palabra PJ, siempre fui movimientista. Pero bueno, cometimos errores, me tendría que haber ido a la mierda antes, cuando el movimiento ya no expresaba realmente las razones por las cuales estábamos ahí. No es que uno cambie sus ideales, sino que aquel lugar político donde vos te encolumnaste porque encarnaba ese pensamiento, dejó de hacerlo. No vamos a hablar de traición, porque estábamos ahí, pero algo funcionaba mal dentro del peronismo, entre nosotros, para que desde el corazón del peronismo y democráticamente, surgiera una figura como Menem y llevara adelante las políticas contra las que habíamos luchado toda nuestra vida. Algo evidentemente habíamos hecho mal para que eso sucediera.

Sasturain se fue del peronismo en 1989, cuando se declaró el indulto. Lo escribió en un artículo. Y lo expresó en su libro Cartas al Sargento Kirk. “Son poemas escritos entre 1979 y 1989, ahí está lo que pensaba, lo que sentía”.

¿Es más fácil escribir que hablar?

En mi caso sí. Como nunca tuve huevo para ser un militante, siempre fui jetón pero no militante, entonces, la palabra me sirvió. Pero no reniego de eso, solo describo una situación.

Su libro “Perramus” es un ejemplo de cómo la palabra habla de la realidad.

Está escrito en el 82, 83. Fue un ejercicio de inspiración, de reflexión sobre lo que había pasado y pasaba todavía.

No era un héroe, era un antihéroe...

Es alguien al que le pasó lo que le pasó a mucha gente. No es un traidor, fue un cobarde y es algo de lo que todos podemos hablar porque conocemos de eso, sabemos que es la cobardía. Y bueno...Perramus tiene ese personaje, del cual nunca conoceremos su nombre porque inicio el olvido y le fue concebido. Y tendrá la segunda oportunidad que todos deseamos haber tenido cuando no estuvimos a la altura de las circunstancias, no?

Perramus surge cuando Alberto Breccia, en aquel momento el padre de su novia, le propone que escriba alguna historieta para que trabajen juntos. Sasturaín tenía 30 y pico de años, había escrito Manual de Perdedores pero todavía no se había publicado. Y se animó a la historieta, un género con el cual había crecido.

¿Cuáles fueron tus influencias literarias?

Como lector infantil, la lectura de aventuras. Leía historieta, leía a Oestherheld, todas sus historietas. También novelas policiales, y básicamente soy un borgiano. Me parece que tenemos un patrimonio infinito con el autor que nos tocó en suerte. Creo que Borges es la lectura que revela la existencia misma de la literatura. Los relatos me llegaron con las historietas, las novelas, pero la forma, es Borges. Y así me pasó con la poesía cuando descubrí a Gelman.

¿Y por qué tu preferencia por el policial negro?

Eso es generacional. Fijate que el negro Soriano, Piglia, Dal Masetto, hasta Saccomano, que es el más chico, todos tiene influencia. Esa literatura fue releída ideológicamente en los años 60. Y nos enamoramos de esos detectives por un montón de razones. Primero porque estaban maravillosamente bien escritos. Era literatura de género, era popular, tenía valor testimonial y trabajo sobre géneros populares. Entonces, fijate que la influencia está en las primeras obras de muchos de nosotros, muchos autores argentinos. ¿Qué había hecho Oestherheld? Trasladar la aventura a nuestro contexto. Es una forma también de la lucha anticolonial.

Porque una de las formas de liberarse es liberar el imaginario. Ser capaz de crear tus propios mitos, tus propios héroes, aventurar sobre tus propias esperanzas. ¿Por qué estamos más cerca nosotros de la cultura yankee? Porque somos parecidos, ellos hicieron lo que nosotros no pudimos hacer. Una sociedad de inmigrantes que se pensó a sí misma, una sociedad poderosísima que desarrolló toda su fuerza para bien o para mal.

Ver para Leer

A los 62 años, Sasturain incursiona en la Televisión, un género que conoce de cerca porque su mujer es guionista de Mujeres Asesinas. “Te cuento que le tenía mucho miedo a la payasada. Yo no podía componer el personaje, yo quería hacer de mi mismo. Entonces, había que aceptar que estoy componiendo un personaje. Ahora sé que ese no soy yo, es una mezcla”.

¿Y te cuesta?

Me cuesta, pero lo disfruto muchísimo. Aprendo mucho. Ahí aprendes a laburar en equipo. Habitualmente nosotros que escribimos mucho no estamos acostumbrados a trabajar en equipo. Está bien que hago revistas pero es distinto. Es distinto eso.

¿Y lo vivís con contradicciones?

La verdad es que me agarró grande, entonces me lo tomo mucho más relajado. Si sale bien, sale bien, si sale mal, tampoco es tan grave. Si les gusta, está bien, y si no les gusta, también está bien. Yo creo que el programa cumple una función. Está pensado para alguien que no sabe nada. Y yo les llevo autores, que son elegidos en equipo. Al fin y al cabo, lo que vale es el gusto de leer. Hoy en día, dicen: “los chicos no leen, hay que leer”. No hay que leer, hay que leer si te gusta, si te da placer. No hay que obligar a los chicos, hay que invitarlos.

Yo no leí todo, todavía me queda mucho por leer, siempre que me dé placer. Sé que a Dostoievski lo leí apenitas y sé que todavía tengo la oportunidad de leerlo entero. ¡Está buenisimo eso!


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