
Un alejado y profundo oeste, esta pequeña gran ciudad que, en sus 55 km2 destila energía comercial y cierta melancolía sobre aquel pasado industrial ya mencionado, garabatea aires propios, un ser que desde afuera no se percibe con claridad. Bueno. En Morón están los que están y los que no. Y no son, nunca se fueron. Gente, mucha. Colores y formas propias, distintivas. El tren.
Morón “es como un barrio grande”, nos dicen.
Aquí, en un vistazo: El reloj del edificio municipal está en hora. En la estación, la vorágine da cuenta que ahí pasan las cosas. Parece que la vida de esta ciudad se le va por las vías. De la serpiente de metal baja y suben o bajan más gente que en cualquier otra estación del recorrido que une Once con Moreno.
Morón y un río de gente que va y viene. Y zona de rock. Dicen. Espacios culturales propios. Dicen. La cumbia villera es periférica, el rock es Morón. Cultura propia. Hay que tener en cuenta que de allí salieron Los Piojos, Los ‘gloriosos’ Caballeros de la Quema, Divididos. Las luces del centro.
“Atendemos entre 3.000 y 5000 consultas mensuales que trabajamos en el primer nivel de atención de salud. A nuestro Centro vienen vecinos de los barrios Belgrano y San José. Esta zona de Morón sur se caracteriza por sus muchas casas de material y pequeños núcleos de villas, que ocupan una o dos manzanas. Son casas mucho más pobres que lo que parecen. Ahí viven aquellos que se han empobrecido con el cierre en la última década de las grandes empresas que había en Morón. Entonces viven en casas de material, sí, pero no pueden pagar impuestos ni servicios, además de que allí viven familias de familias, generando un cierto nivel de hacinamiento".
"En cuanto a la salud particularmente, creo que en Morón no hay tantos desnutridos como obesos, que en realidad son malnutridos. También están quienes padecen el síndrome metabólico, que involucra hipertensión, obesidad, diabetes porque llevan una dieta de hidratos de carbono y azúcares. La problemática de la obesidad es lo que más nos preocupa hoy".
Palabras de Irene Guardia. Irene es médica desde hace 23 años. Trabaja en el Centro de Salud de Morón Sur Dr. Monte, en el Barrio Belgrano de Morón Sur.
Castelar es la localidad más poblada de Morón. Calles tipo Barrio Norte y calles donde siempre parece haber siesta. Es punto de encuentro y encontronazos de cientos de jóvenes debido a las decenas de bares y espacios donde presenciar shows en vivo, cercanos a su propia estación ferroviaria. Clase media, instadla, tranquila, dejando que el tiempo haga lo suyo.
Al mismo tiempo una familia de cartoneros. Contraste.
Hacia el sur de Castelar, casi en la cornisa del partido, se encuentra el Centro Deportivo y Recreativo Gorki Grana. Hoy es un predio de seis hectáreas con varias canchas de distintas disciplinas y espacios recreativos, de acceso gratuito. Durante la última dictadura fue un Centro Clandestino de Detención. A partir del año 2000, ahí funciona la Casa de la Memoria y la Vida y la Dirección de Derechos Humanos. Fue el primer CCD que se convirtió en un lugar de “rescate de la memoria, de acción para modificar el presente y de proyección para construir un futuro distinto con el objetivo de crear vida donde existió muerte", según reza en las carteleras de sus instalaciones.
“En el los alrededores del Hospital, hay villas de emergencia que tienen un 45% de necesidades básicas insatisfechas, por lo que no cuentan con cloacas ni agua potable. En el Hospital Municipal de Morón se atiende la clase media, tirando a baja, que no tiene acceso a una obra social porque tampoco tiene trabajo formal. Asisten a este por su cercanía en la atención. También hay muchos pacientes que van al Posadas, pero suele ser casos excepcionales. Este es un hospital de agudos de complejidad 3, con terapia intensiva de adultos y neonatal, pero sin terapia pediátrica.” Esto nos cuenta Susana Otero, trabajadora de salud del Hospital de Morón.
Y están las compañeras y compañeros de ATE-CTA. Hablan que reciben pacientes de otros distritos. Y hablan de sus luchas. Han estado de paro. Movilizan. La salud es fundamental pero el pago a los trabajadores de la salud también es fundamental. Es como los maestros. Uno no puede andar pensando en que tiene que caminar 2º cuadras para ahorrar un boleto de colectivo. Pero esto es lo nuestro. Eso dicen. Esto - ponerle el hombro a los pacientes- es parte esencial de su vida.
El Posadas. Monstruo de salud.
Y a seguir la recorrida.
Meterse en la línea del Oeste. Haedo. Su estación conserva la antigua estructura, y muestra unos murales que dejaban registro de cómo era la vida en aquel entonces. Hasta que el 1º de noviembre de 2005, los pasajeros del Sarmiento, cansados del maltrato cotidiano tanto arriba como abajo de los trenes, originado por la suspensión del servicio sin previo aviso, quemaron los vagones y la estación.
Y están las imágenes de la decadencia ferroviaria cada vez que pasa un tren. Son de museo. Destartalados, vidrios rotos. Y cada vez que se abren las puertas, cada vagón expulsa desesperados viajeros, viajeros que ya sobre el terraplén, van pisando tierra propia. Tranquilizan el ánimo. Respiran aire propio.
Sin tanto brillo. Y bastante lejos de ahí, en el Barrio San José, que es un barrio humilde, pero como todos los barrios moronenses, con cloacas y asfalto, Fanny y Antonia nos hablan del Comedor Carlos Mugica. Allí almuerzan “unas 80, 85 personas, que a veces se vuelven más de cien”, dice Fanny. “Pasa que ya no comen acá sólo los pibes, sino que vienen los padres para llevarse la comida así comen en familia”, añade Antonia. Dirigido por Alberto Reingel, reciben donaciones de mercadería por parte del Municipio y achuras de un matadero.
“Con eso hacemos guiso, marineras o lo que se pueda”, dice también Antonia. Cuando se les pregunta sobre lo engañera que es la pinta del barrio, dejan entrever que se trata de unas manzanas que alguna vez le pertenecieron a la clase media y que con el cierre de las fábricas fue el mate quien se adueñó de las panzas locales.
Ante esa falta de posibilidades, que se ven circunscriptas a un trabajo sin porvenir como sería el de atender un local en el centro comercial y esa maldita desocupación que lastima tanto a adultos mayores como a jóvenes, muchos moronenses optan por mudarse a otras ciudades aledañas, donde los terrenos y los inmuebles son más accesibles.
Esa desolación, nos informan en SUTEBA local, también hizo que se levantaran cooperativas autogestionadas. Resistencia que se va convirtiendo en salida definitiva. Hay cada vez más emprendimientos productivos impulsados por desocupados. Sobre todo las mujeres. Ellas jamás se rinden.
Será por los hijos, dicen.
Y ahí, en el ombligo del conurbano bonaerense, la luna rebota en las miles de ventanas. De casitas que se van perdiendo pampa adentro.
Ahí lo dejamos. Morón, su casco histórico, su historia. La universidad, el derecho apostado a un futuro que se construye cada día. El 2001 va quedando atrás.
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