
Ahí, donde hay calles inundadas de eufemística bohemia y todavía se tira una parrillita en la vereda, la Agrupación Territorial Germán Abdala sentó sus bases. Dentro de ella, hay un grupo de muralistas que usó un paredón de la calle Suárez al 300 para expresarse. Se trata de los pibes de El Trizkelión. Un puñado de estudiantes de arte que buscan que la cultura abandone su clásico elitismo para ser usado como arma de cambio social.
“Un pueblo se apropia del arte cuando es protagonista”, dijeron cuando inauguraron sus primeros murales. Aquí explican de qué se trata. Todo sucede en La Boca, donde la pobreza de la Ciudad de Buenos Aires mantiene ese aire pintoresco. Cuadras que alguna vez albergaron una inmigración famélica por darse un destino, y que hoy atrae europeos con el 2x4, el empedrado de Caminito, y ese tango, donde Malena sigue cantando como ninguna. Los turis Y miran ese mundo que se les cruza como un sueño... para volver a sus pagos con la foto y sin saber de Juanito Laguna.
Bueno. Sólo ese antagonismo plasmado en un mismo barrio podría gestar un movimiento de muralistas como El Trizkelión. Ellos, que en tardes agotaban mates y allí, en esa geografía comenzaron a planear lo que luego serían murales.
“Nosotros usamos el arte como herramienta de difusión social”, dice Pablo Murías. Luego cuenta con demasiada timidez que el proyecto del grupo y la idea de hacer los murales se discutió en conjunto. “Primero hicimos el que se llama ‘Juicio y Castigo’, con el que pretendíamos cambiar la idea de lo que siempre se muestra que representó la dictadura. Las siluetas de los desaparecidos, el sufrimiento.
No.
Nosotros queríamos mostrar el juicio de la sociedad. Por eso están las Madres con la libra de la Justicia, la justicia del pueblo, arriba de un estrado y abajo responsables del golpe militar, como milicos, curas o empresarios. Hay también un tipo con una escopeta y otro que lo está frenando. Eso refleja el odio, pero no la venganza. Por eso se llama Juicio y castigo”, explica Pablo. Mural que, cuando fue terminado, el mismo día se inauguró y en la que Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, agregó un emblemático ““30.000 detenidos desaparecidos, presentes”.
Divididos por un portón de chapa, el otro paredón muestra las calles de La Boca, con el Puente Negro de fondo; niños que juegan a la pelota; una abuela leyendo; un cartonero que pasa. “Queríamos mostrar el trabajo y la educación en la Boca, lo importante que es para una persona mayor aprender a leer, tal como se viene trabajando en el barrio con el programa cubano ‘Yo sí puedo’. Entonces por eso pintamos una escena representativa donde está un grupo de personas construyendo una pared donde en vez de ladrillos hay libros”.
Esa idea de espantar los fantasmas de la ridícula idea que circunscribe al arte a exposiciones de elegante sport y bocaditos en canapés. Y algo que el grupo que integra Pablo tiene bien en claro. Desde la ATGA llevan adelante, además del programa “Yo sí puedo”, una cooperativa gráfica de trabajo y dictan cursos de serigrafía: “Buscamos enseñar oficios porque generan actividades para los pibes y les permite elegir un camino, que además tiene que ver con el desempeño en equipo.
A modo de anécdota Pablo cuenta que los vecinos se prendieron: “Hubo una integración entre la agrupación y la gente del barrio. Tuvimos un buen recibimiento cuando les comentábamos el proyecto del primer mural. Por eso hicimos un segundo mural, donde los que se estaban alfabetizando vinieron a pintar”. Y entre todos los pensaron, dieron forma a los bocetos. “Lo mostrábamos para ver qué les parecía, fuimos cambiándolo para que se pueda interpretar bien la idea que entre todos queríamos representar. Nos cruzábamos enfrente y lo mirábamos. Discutíamos que cambiar, la combinación de colores o la expresión de una cara”.
Cuando la realización, se acercaban entonces los más pibes del barrio, se acomodaban las tareas, para ver cómo mezclaban la pintura, tiraban las líneas, creaban la perspectiva, y demás aspectos técnicos. Antes, la gente de la Agrupación se había encargado de conseguir las pinturas, insumos y herramientas. Cuando llegó el momento de la inauguración, entre todos entregaron libros de Eloisa Cartonera, otro proyecto hermando en artístico, social y comunitario sin fines de lucro.
Como para concluir, Pablo reflexiona: “Crear espacios de inclusión en disciplinas artísticas o deportivas. Más que nada para los pibes. Y si no se hace desde el Estado, bueno, lo hacemos nosotros”. Mientras tanto enfrente a los
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