Un nuevo ordenamiento sindical en América
Jueves 1ro de noviembre de 2007, por Adolfo Aguirre *

En la década pasada el principal punto de resistencia al neoliberalismo fue América Latina. En 1994 resonó el llamamiento zapatista cuando el NAFTA entró en vigor. Desde entonces, el continente, presenció una serie de victorias y el resurgimiento de movimientos políticos liderados muchas veces por trabajadores, campesinos y pueblos originarios.



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Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA

Once presidentes latinoamericanos fueron derrocados antes del final de su mandato en los últimos 15 años, no por el proceso tradicional Golpe Militar apoyado por los Estados Unidos, sino por la acción de movimientos populares contra las políticas neoliberales de sus gobiernos.

Una causa de esta ola de rebeliones, de la que fuimos protagonistas, es la reestructuración económica sufrida por el continente a partir de la década de 1980. América Latina fue el laboratorio preferido de la experimentación neoliberal. Pinochet aplicó en Chile las fórmulas de la escuela de Chicago, años antes que fueran adaptadas como bandera global por Reagan y Thatcher. El modelo neoliberal fue enseguida adoptado por fuerzas como el PRI en México, el Justicialismo en la Argentina, la alianza Socialismo-Demócrata Cristiana en Chile, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Fernando H. Cardozo en Brasil y Blancos y Colorados en Uruguay.

El continente se volvió modelo de la aplicación del Consenso de Washington, con un desarrollo comandado por el capital extranjero privatizando industrias y recursos naturales, diseñando la estrategia del desempleo y la desigualdad social.

Así los trabajadores transitamos varios años de resistencia y el modelo tuvo sus crisis, en 1994 en México, en 1999 en Brasil y en 2001 en Argentina. Podríamos decir que en América Latina el modelo neoliberal se encontró con la antigua tradición de movimientos de masas y revueltas políticas en distintos tiempos y lugares de la geografía resaltando el Caracazo de 1989.

Hoy estamos aún en movimiento, en un ciclo de casi 30 años, con el fin de las dictaduras en las década del ’80, seguido por una victoria de Estados Unidos en la guerra fría, en una expansión sin precedentes de las democracias representativas en el continente, en un ciclo marcado tanto por la práctica institucional como por la resistencia social, dentro del marco de la hegemonía liberal global. En algunos aspectos, la unidad sindical en América marcará un punto de continuidad importante en este proceso.

En América hay 75 organizaciones afiliadas a la Confederación Sindical Internacional (CSI) representando 29 millones de afiliados. Durante el transcurso de este año hubo debates y acuerdos entre ORIT, CLAT e independientes para decidir los pasos de la Unidad en nuestro continente.

El Congreso fundacional se realizará en Panamá, en marzo de 2008 con la participación de 500 delegados.

Desde el grito de Burzaco reconocimos en la Revolución Cubana un faro que nos iluminó y nos dio fuerza y reconocimiento a nuestra experiencia política autónoma. Por ello, no es de extrañar que desde aquel documento fundacional denunciáramos la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba y nos pronunciáramos determinantemente en contra del bloqueo.

A tres años del grito de Burzaco, la OIT reconoce a la CTA y desde aquellos tiempos construimos alternativas políticas en el país, en el continente y en el mundo. En 1998, las Centrales Sindicales hermanas, nos reconocen y nos incorporamos a la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur. En 1999, realizamos el primer Encuentro Nacional por un Nuevo Pensamiento con la participación del referente de la CUT de Brasil, y fundador del PT, Luís Ignacio Lula Da Silva. En 2001, nos encontramos en Porto Alegre miles de compañeros y compañeras de movimientos sociales de todo el mundo en el Primer Foro Social Mundial "Otro Mundo es Posible" del cual participamos todos los años.

Se debe destacar el acto en el Congreso encabezado por Víctor De Gennaro (CTA) y Joao Felicio (CUT Brasil) contra el ALCA, cuando miles de trabajadores brasileños, uruguayos y argentinos marchamos hasta el hotel Sheraton donde estaban reunidos los representantes de los gobiernos de países que impulsaban el ALCA. También subrayar el reconocimiento y acompañamiento permanente cuando fuimos a declarar ante el juez Garzón en Madrid por parte de todas las centrales: UGT (Unión General de Trabajadores de España), CCOO (Comisiones Obreras de España), USO (Unión Sindical Obrera) y la CIGA (Central Internacional Gallega).

De esta manera, la CTA constituye una política que hemos ido construyendo con varias herramientas desde nuestra visión de clase. Desde la política internacional de la Central, ratificamos nuestra línea histórica de compromiso, solidaridad y relación con las Centrales hermanas que se mantienen en la FSM como la CTC de Cuba, la CGTP de Perú y otras como el PIT-CNT de Uruguay, la CGT de Portugal y la Central Gallega.

Podemos decir que hay que seguir apostando a la unidad necesaria, estratégica. Que la fundación de la CSI es un paso imperfecto, pero importante en este tiempo de globalización capitalista. Que es un impulso hacia el fortalecimiento de un nuevo internacionalismo que se debate, y que se desarrolla con contradicciones y con nuestro protagonismo.

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