
Este año se ha caracterizado por un aumento permanente de la conflictividad laboral o, dicho de otra forma, de la lucha de los trabajadores. Este incremento se ha verificado en torno a dos elementos: la pelea salarial por una parte y contra la precariedad laboral por la otra.
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* Secretario de Organización de la CTA. |
El descenso de la desocupación produjo este fenómeno y superado el efecto paralizante del desempleo masivo, se hace visible como cuestión principal el atraso salarial post-devaluación y la baja calificación de los puestos de trabajo que se generaron en forma mayoritaria.
Los trabajadores mejor remunerados han pujado fuertemente para superar el techo salarial acordado entre los empresarios la CGT y el gobierno y en muchos casos lo han convertido en un piso de negociación.
A su vez, los trabajadores precarizados (tercerizados, contratistas, pseudos cooperativas o directamente en negro) han incrementado su protagonismo para entrar dentro de los convenios principales de actividad o ser registrados. Por primera vez en muchos años se han reconocido en la pelea y se han vivido experiencias de luchas solidarias que van superando la fragmentación de los ‘90.
A veces públicas y otras solapadas, todas estas peleas han recorrido el período en una acumulación creciente frente a la perspectiva del “se puede” y la organización fue creciendo en forma sostenida.
La CTA ha tenido un rol de creciente participación tanto a nivel local como a nivel nacional. Se ha logrado superar el aislamiento y llevar nuestra solidaridad en los casos que no representamos, participar en aquellos casos en que compartimos representación y conducir los conflictos en los que los trabajadores nos piden que los representemos.
En el mismo período se profundizó la presencia del Bloque Organizativo Gremial de la CTA en varias provincias y localidades del interior. Se prestó especial atención al desarrollo organizativo territorial de nuestra Central en la mayoría de las provincias, impulsando los ámbitos organizativos de Género, Juventud y Jubilados. También se abordó, conjuntamente con las distintas secretarías de la Central, la campaña “VOLVÉ A REPARTO”.
En lo referente a la actividad privada se alentó la consolidación de la Federaciones, destacando lo realizado por la FETERA y la FETIA, que desarrollaron una labor en unidad de clase, independiente de su relación laboral, participando en numerosas instancias como la “Comisión Modelo Productivo y Distribución de la Riqueza” en sectoriales y también en foros sociales, tomando como ejes una justa distribución de la riqueza, la actualización del salario mínimo vital y móvil, las políticas de asignaciones universales para todos los menores de 18 años y mayores de 65 años, y el 82% móvil para los jubilados.
La baja de la tasa de desocupación, con la consecuente reducción del excedente en la mano de obra nos pone frente a un nuevo escenario en que la lucha por la recomposición del ingreso por parte de los trabajadores ocupará un lugar central en la nueva dinámica social.
Esto tendrá como estímulo adicional la carrera por mantener el poder adquisitivo de los salarios frente al aumento de los productos del consumo popular. Tengamos en cuenta que el crecimiento de la productividad supera al del salario, y esto significa que la distribución del ingreso sigue respondiendo a la matriz heredada de la década del ’90.
Frente a ello, entendemos que los principales ejes de nuestra acción para la próxima etapa deberán pasar por un crecimiento mayor y permanente en la representación de los trabajadores del sector privado. Para ello, es fundamental la lucha por la libertad y la democracia sindical, sin caer en la receta única.
Por ende, nuestra acción deberá apuntar, cuando ello sea necesario, a impulsar nuevas organizaciones sindicales; en otras situaciones, a recuperar las organizaciones sindicales existentes; y en muchos otros casos, a preservar los espacios conquistados que son objeto de presión y de acoso por parte del sindicalismo burocrático y empresarial
Teniendo en cuenta que vivimos una etapa de inflación contenida, especialmente en el consumo popular prevemos que en los próximos meses habrá un sensible incremento del costo de vida probablemente acompañado de ajustes tarifarios por lo que la lucha por mejoras salariales va a ser sin dudas más fuerte que en la etapa actual.
El 2008 entonces augura un fuerte aumento de los reclamos acompañado de un endurecimiento de los sectores patronales que no querrán ver disminuir sus enormes ganancias.
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