
El exterminio de los pueblos originarios continúa en varias provincias del país, pero especialmente en el Chaco, donde el Centro Nelson Mandela informó que ya son 19 los indigenas muertos como resultado de las condiciones de miseria extrema, que son obligados a padecer.
Valentina Oriburo, de 21 meses, falleció el pasado sábado 27, en el fatídico hospital de Juan José Castelli Castelli. Murió de tuberculosis, severamente desnutrida.
Sus padres, Zunilda Bulacio [19] y Romualdo Oriburo [22], llevaron a la niña para ser atendida en el Puesto Sanitario de Villa Río Bermejito. Esto se produjo el miércoles 24. Al día siguiente, por la gravedad del cuadro que rodeaba a Valentina, fue derivada al hospital de Castelli.
Hace aproximadamente un mes que el equipo de salud pública había diagnosticado que Valentina había enfermado de tuberculosis, y que comenzaba a adelgazar. Durante el mes de septiembre la niña perdió mil gramos, según señaló el Centro de Investigación Social Nelson Mandela.
A pesar de que la familia Oriburo vive en el casco urbano de Villa Río Bermejito, fracasó todo el sistema de salud pública porque finalmente Valentina terminó por sufrir una aguda desnutrición. Cuando ingresó al puesto sanitario apenas tenía fuerzas para moverse porque estaba muy debilitada, amarillenta, con un peso de 7,400 kg.
Claramente quedó de manifiesto que fracasó todo el sistema de salud pública, lo que desembocó en el fallecimiento de la niña. Según advierte la entidad defensora de los derechos humanos “el programa de lucha contra la tuberculosis, a cargo del Dr. Lotero, terminó por ser un verdadero desastre”.
Valentina fue una niñita toba. Sin saberlo, formó parte del trágico destino que rodea a las comunidades indígenas. Su fallecimiento es un típico caso de muerte evitable, que pone al descubierto la inhumanidad e ineficiencia completa del sistema de salud pública del Chaco.
Este caso ha sido altamente evitable. Con comida y profilaxis, la niña continuaría con vida.
El padre de Valentina realizó tratamiento contra la tuberculosis. Sin embargo, no se brindó a la niña el oportuno e indispensable tratamiento de profilaxis, para -de ese modo- evitar que se contagiara. Como no se le proporcionó asistencia profiláctica, y luego no se le brindó tratamiento para el enfermo de tuberculosis, se produjo el fallecimiento de Valentina. Cuando los padres de la niña la llevaron al puesto sanitario, la medicaron por la tos y el catarro que presentaba, no así por la tuberculosis.
Antes de que esto ocurriera, ya había enfermado la hermana de esta niña, de nombre Rosalía, quien actualmente tiene 3 años de edad. Cuando se enfermó de tuberculosis, estuvo al borde de la muerte.
Cuando Valentina ingresó al puesto sanitario de Villa Río Bermejito estaba en observación, aunque en verdad internado, Ismael Pérez, de 20 años de edad, del Paraje El Colchón, enfermo de tuberculosis y atacado por una desnutrición aguda. Permanecía en una de las salas del puesto sanitario, sin aislamiento. Este paciente era bacilífero, es decir que cursaba la etapa de contagio. No obstante ello, compartía la habitación con otros enfermos, hacinados. Allí también estaba una mamá, con su hijo recién nacido. Compartía la estadía un niño de 10 años, que se había accidentado. Así las cosas en este puesto sanitario, que funciona contradiciendo abiertamente las reglas mínimas de bioseguridad.
En la otra habitación se encontraba otra mamá, con su bebé, también de bajo peso, con catarro. Se trataba de Federica Riera, del Paraje La Sirena. Completando el tórpido escenario sanita-rio, en el espacio existente entre las dos habitaciones [pasillo], se encontraba alojada otra señora.
Son solamente 18 los pacientes que están bajo tratamiento por el programa de lucha contra la tuberculosis. Mientras tanto, existen decenas de enfermos de tuberculosis en la región que no están detectados, ni cuentan con diagnóstico. Sin embargo, el falso número de 18 pacientes ya refleja el extraordinario fracaso del programa de lucha contra la tuberculosis porque supera holgadamente el número de 5 pacientes que constituye el umbral que divide el manejo y el control o descontrol de la tuberculosis.
Es notable la extrema vulnerabilidad de las familias indígenas que viven en la Zona Sanitaria VI, especialmente aquéllas que habitan los parajes que dependen del municipio de Villa Río Bermejito. Repetidamente encontramos que no se brinda tratamiento ni profilaxis a las familias en las que ingresó la tuberculosis, de manera que las consecuencias potenciales y concre-tas de contagio y prevalencia epidemiológica se multiplican, de manera exponencial. Actualmente está garantizada la cadena de expansión de la tuberculosis, advierte el Centro de Investigación.
Frente a esta situación, creada específicamente a partir de pésimo funcionamiento y hasta del vaciamiento del programa de lucha contra la tuberculosis, no queda otro remedio que reempla-zar no solamente a quiénes dirigen el programa, sino que se debe modificar sustancialmente el funcionamiento estructural de todo el sistema de salud pública provincial.
De tanto comer engrudo, la dieta diaria de harina con la que sobreviven las familias indígenas, y por ausencia de tratamiento y de profilaxis, también enfermó de tuberculosis Wenceslada Sosa [40] y su hijo Emilson Pérez [2]. Este grupo, que vive en el barrio San Martín de Bermejito, es familiar de Ismael Pérez, que también está enfermo de tuberculosis.
Hace dos años le diagnosticaron tuberculosis a Wenceslada. Por falta de tratamiento de profilaxis, hace poco contagió Emilson. Actualmente están internados en el hospital pediátrico de Resistencia.
En el paraje Campo Azul vive Dominga Salazar [42]. Pesa 35,500 kg. Presenta tos y catarro. Sin diagnóstico a la fecha. Su hermana, Magdalena Salazar [34], es discapacitada. La trasladan en una carretilla. Así las cosas en el mundo aborigen.-
FUENTE. Centro de Estudios e Investigación Social Nelson Mandela
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