
El sistema quiere que las pibas y pibes estén muy lejos de la política, de los sueños colectivos inconclusos. Por eso los prefiere delincuentes antes que revolucionarios o militantes. No quiere, el sistema, volver a correr riesgos. De allí que los encierre y diga que se trata de un ejercicio de rehabilitación.
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* Periodista. |
Pero, en realidad, los condena o, mejor dicho, refuerza la sentencia que vienen arrastrando desde poco después de nacer.
Los llama “menores en conflicto con la ley”.
Como si la ley fuera de aplicación pareja para todos.
Y de vez en cuando surgen las noticias que traen aromas a solución final.
Fue en una madrugada, en el llamado Instituto Roca de Tucumán, cuando cuatro pibes terminaron quemados.
Ellos eran “El bolivianito”, de dieciséis años; “Toti”, también de dieciséis; M. D. G, de quince y L. N. P., de diecisiete. No hubo apuro para solicitar ayuda a la justicia. Las autoridades del Roca se tomaron su tiempo, más de cinco horas. Total, impone el sistema, se trata de pibes ya condenados.
Tampoco era verdad que los chicos estaban en buen estado de salud porque “diez horas después de haberse producido el incendio, no habían recibido la atención médica correspondiente. Carlos Acevedo (responsable del instituto) incluso aseguró que el fuego no había afectado directamente a los menores, sino que estos se habían quemado al tomar contacto con la gomaespuma quemada de los colchones”, indican los medios periodísticos tucumanos.
Para los familiares se trató de la consecuencia de haber prendido fuego a los colchones; para el director del lugar, el tal Acevedo, fue un accidente.
En eso también el sistema es coherente a la hora de simular sus armas, siempre habla de accidentes.
Las noticias anteriores dieron cuenta que en el Roca hubo casos de medicación “indiscriminada con psicotrópicos”, denuncias de maltrato físico y hasta muertes dudosas a causas de procesos infecciosos.
Noemí, la mamá del pibe de quince años, dijo que fue “El Bolivianito” quien inició el siniestro: “Mi hijo me contó que estaba como loco. Es increíble que ese chico, que tiene muchísimos antecedentes, comparta la celda con otros que fueron detenidos por primera vez”, dijo la señora.
He aquí también otra victoria cotidiana y perversa del sistema, hacer enfrentar a las víctimas entre si.
Más allá del fuego de aquella madrugada, es necesario tomar conciencia que algunos están disfrutando mientras hacen arder en las llamas de la injusticia y la exclusión a miles y miles de pibas y pibes.
Habrá que parar ese infierno que viene de arriba para que otros calores humanos sean posibles en la tierra estragada, para que no haya más “misterios” en “celdas” como las que se multiplican en el Roca y muchos más.
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