Crónica de viaje
Corrientes: Tierra de Agua
Jueves 1ro de noviembre de 2007, por Martín Fedele *

Agua. Agua y más agua. Agua dulce, suntuosa. En lagunas y esteros y ríos y arroyos. Y abajo, profundo, en cavernosa esponja, el acuífero. Agua silvestre, combustible de la vida; con furia y sin freno, dicen, lavando recuerdos. Cantan. Agua.

Corrientes, provincia hecha de agua, aljibe del planeta. Cultura hídrica en peligro de extinción. Humedal rico y distendido, único en su especie, vigilado bien de cerca por el Banco Mundial, el Pentágono, la CIA. Corrientes, porá, en la mesopotamia argentina, sabrosa y pretendida, hostigada por dientes voraces. Cisterna natural; reserva de la especie. Territorio encantado en agua fresca. Agua inocente, incalculable, amañada en el tiempo. Agua litoraleña. Guaraní.
Agua. Agua blanda.

La pasta asoma

Quizás por tratarse de una crónica costera, en esta historia entra a tallar Juan Carlos Onetti. El escritor conoce el mundo social del río Uruguay como sólo lo conocen los correntinos orientales, bandeiros, legítimos “vaqueros” del Iberá, duros y auténticos, sin las vulgares liturgias del western. Cimarrones de los esteros. Pocas pulgas, inclementes. Dijo Onetti: “La gente del pueblo, la que es pueblo de manera legítima, los pobres, hijos de pobres, nietos de pobres, tienen siempre algo esencial incontaminado, algo hecho de pureza, infantil, candoroso, recio, leal, con lo que siempre es posible contar en las circunstancias graves de la vida”.

A la altura de Corrientes, en ambas márgenes del río Uruguay, los pobres sospechan que allí también las famosas “papeleras” clavarán su pústula de humo y hedor pestilente. Son las plantas productoras de pasta de celulosa, materia prima en la Industria del Papel. Son las pasteras. Son gringas. Y van penetrando en la región. Onetti escucha y huele. Y dice: “Hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos”.

Santo Tomé

En Santo Tomé sospechan que más tarde o más temprano las chimeneas romperán el horizonte. Y si no es allí, será enfrente, al otro lado del río, en São Borja, Brasil. O en cualquier otro pueblo o ciudad. O en cualquier otro país. Al fin y al cabo, lo importante es el agua y la tierra y los pinos y los sueldos miserables; el negocio de la pasta: 100 mil hectáreas ya listas para comenzar la faena. Y el río manso. La certeza baila en vilo, entonces. Allí saben que no hay trabajo. También saben que los jóvenes esperan.

Pablino Legal, enfermero, militante social, referente de la CTA en el Barrio Centenario, sabe bien de lo que está hablando. Y cuenta: “Aquí es muy muy difícil hablar en contra de las pasteras, denunciarlas. Porque acá no hay trabajo, nada. Y los jóvenes ven las papeleras como un lugar dónde conseguirlo. No importa si contaminan o destrozan los recursos naturales. Eso no importa. Muchos jóvenes han dicho que si la papelera se instala en São Borja, ellos son capaces de cruzar nadando el río para conseguir trabajo”.

Eso lo dice Paulino en el Barrio Centenario. Entre cuadras y cuadras donde pechean el dengue.

Libres

La siesta, calurosa. Feroz. Y algunos ruidos recién despiertos llegan desde lejos. Paso de los Libres, dice el cartel de bienvenida. “¿Libres de qué?”, cae la pregunta. “Libres de aftosa”, chistosea un compañero. Todos sonríen sus sonrisas. Aunque la respuesta formal, aburrida, dice “libres” de Rosas, Juan Manuel; un homenaje del gobernador Madariaga a su ejército unitario.

Paso de los Libres, pues, enclavada en el vértice de un territorio que supo ser bastión de los Jesuitas, amalgama de indios sabios y cristianos cultos, administradores. Donde prendió fuerte la masonería. Pagos que vieron nacer a José de San Martín y Andrés Guacurarí; aldeas que lactaron las huestes de Artigas. Líderes. Pensadores. Temerarios guerreros de la independencia criolla.

No, karaí, nada de eso es casualidad. Como tampoco es fruto del azar que allí mató y torturó el Centro Clandestino de Detención “La Polaca”. Sólo un cómplice mal intencionado podría negar a marcadores y delatores. No, sapucay, nada de eso es casualidad. A la vera del río Uruguay, pueblos con historia, curtidos en la batalla, demasiadas para contarlas. Refriegas con los nativos. El imperialismo lusitano. Y la infamia de la Tripla Alianza. Y las trifulcas intestinas. Mucho fuego. Mucha sangre.

Como estertor de aquellos combates, cruentos, por estos pagos todavía pisan bravas las fuerzas del orden y la seguridad. El Ejército. Prefectura y Gendarmería. Policía Federal y Provincial. Y los servicios de Inteligencia. Abrumadores. Cuarteles y más cuarteles. Y oficinas cerradas. Artillería de todo calibre y calaña. No, karumbé, nada de eso es casualidad. Y tampoco será fatal, hoy, maliciosamente, que “empleo” y “salario” parezcan dos palabras caídas en desgracia. Como si nunca hubieran existido del todo. Como desaparecidas.
Aunque sería sencillo encontrarlas: en Paso de los Libres todos saben algo de todos.

Yacyretá

En Ituzaingó. Y la tormenta, brillante, el espectáculo animal de truenos y refusilos. Lluvia. Como gritos. Allí tremendéa, faraónica, la represa hidroeléctrica Yacyretá. Y dice mucho sobre los hombres y mujeres que allí trabajan. Lluvia. El acuífero en su reflujo de carga y descarga.

En el local de la Asociación del Personal Argentino de Yacyretá (APAY) nos reciben los compañeros del gremio. Allí sí es posible hablar cosas de trabajadores que trabajan, cosas del oficio, razones de todos los días, salarios, aguinaldos, obra social. Los compañeros son concientes del entorno provincial: se sienten trabajadores privilegiados. Ellos saben que están bien pagos, y en blanco.

Esta realidad (casi irreal) no les impide agotar la lucha gremial. Lejos de eso. Sus ofensivas son otras. Ellos están peleando en terrenos de la libertad sindical. La tan aludida democracia que pregona el Derecho. Están queriendo alcanzar aquello que en los países “democráticos” constituye en simple trámite: la personería gremial. Eso que, en Argentina, se parece bastante a una epopeya.
El compañero José Correa recuerda con semblante fresco los días que salieron a pelear la pelea de las urnas, cuando los afiliados de APAY definieron el camino de la libertad sindical, y apoyaron a los compañeros, técnicos, administrativos, profesionales, trabajadores de la energía, decididos a no caer en la trampa de los tramposos.

Despachos ministeriales, juzgados, reuniones en la CTA Nacional. Compañeros y abogados. Y ahora, al borde de la firma, los días de lucha parecen más nítidos, claros. “El Ministro tiene en su oficina todo lo que nos pidió”, advierte Correa, “ahora falta que agarre la lapicera y nos de la personería gremial”.

Los trabajadores ya votaron.

Ciudad Capital

Y al otro lado del Iberá, y entre las piedras, el río Paraná. Torrentoso. Atroz. Teta del Amazonas. Y en el recodo, la Ciudad Capital de Corrientes. Hermosa y mojada. Lapacho en flor. Ruidos. Ruidos de lijas rasgando paredes y escaleras arrastradas. Ruido a tachos de pintura. Olor a pintura. Son los compañeros y compañeras aprontando la nueva sede de la CTA correntina. Allí está el compañero Darío Rambau; apiña brochas y fratachos. Y reclama un mate.

Hablan de agite comunitario, hablan de cultura. Un lugar para la capacitación y la formación. Hablan de Cultura. Dicen de la salud y los proyectos de trabajo. Pero por sobre todo hablan de Cultura. En una ciudad anterior al virreinato del Río de la Plata; fundada en el año 1588, ahí nomás de la histérica Buenos Aires. Casi juntas. Hermanas. Las dos portuarias, las dos contrabandistas.

Hoy la provincia de Corrientes arrastra el triste privilegio de encabezar los registros nacionales de analfabetismo, desnutrición y pobreza. Una provincia afincada en el caudillaje, como casi todas, pero “a la correntina” como ninguna. Una provincia casi naturalmente conservadora, colonial. Militarizada desde siempre. Un lugar para la fe, en la canónica del Itatí o en el gauchito marginal de los esteros.

Corrientes, guaraní, aljibe del planeta.

El Puerto Madero correntino

Son 190 trabajadores de la Dirección Nacional de Vías Navegables. En el Distrito Paraná Superior, en la capital de Corrientes. Y son más de 400 jóvenes estudiantes de la escuela técnica que allí funciona. Son los laburantes del astillero, herreros, carpinteros, soldadores, mecánicos, electricistas. Y son los trabajadores navales, especializados en dragado y valisamiento del río.

Llevan más de un año y medio en lucha, lidiando primero con el Intendente y ahora con el Gobernador. La corporación Puerto Madero S. A. está detrás de los mandatarios. Tienen un proyecto para la “refuncionalización” de la costanera correntina. Y entonces, todo aquello que huela a verdadero puerto, molesta en los planes “urbanísticos” de la corporación. El astillero, la escuela, ocupan un valioso espacio. Ellos están saboreando un negocio inmobiliario. Otro más.

Los trabajadores hablan de patrimonio nacional, denuncian el vaciamiento de la Dirección. Dicen que la fórmula se repite: primero el vaciamiento; después la invisibilización; y finalmente el negocio. Los trabajadores enumeran funciones y acciones que allí realizan. Reivindican el rol del transporte naval, la estrategia del río.

Está lloviznando. Y los estudiantes anhelan seguir estudiando.

Cabreros con el Intendente

La CTA Paso de los Libres está al frente del conflicto gremial que enfrenta a los empleados municipales con el Intendente. Reclaman una recomposición salarial desde hace más de dos años. El mes pasado el Concejo Deliberante aprobó aumentos escalonados, pero el Intendente Eduardo Vischi vetó la medida. El joven “Peteco” parece decidido a sostener sueldos de hambre.

El compañero Rubén Ojeda, secretario general de la CTA local, nos cuenta: “Esto es una dictadura. Reclamamos lo que es nuestro, y el Intendente responde con persecuciones, amenazas de despidos, sumarios. En toda la Argentina los trabajadores han recibido mejoras salariales, mucho o poco, todos han recibido algo; pero acá, no, nada. En Paso de los Libres eso está prohibido por el Intendente”.

El enfrentamiento con el mandatario no se limita a la reivindicación salarial. También lo tienen acorralado con la causa judicial que investiga a una “cooperativa trucha” apañada por el municipio: la Cooperativa de Trabajo San José... o como malversar fondos públicos. El Dr. Juan Carlos Coulieri, abogado, patrocina la causa. Y dice: “Este es un claro caso de estafa y fraude laboral. La supuesta cooperativa de trabajo siempre fue un invento, una maniobra para negrear a los trabajadores y evadir los controles fiscales. Un evidente fraude disfrazado de cooperativa”.

Malvinas

Orlando Pascua es el secretario Adjunto de la CTA Corrientes. En abril de 1982, como tantos otros colimbas correntinos, fue llevado a la Guerra de Malvinas. Un Infante de Marina más; amañado en Saper Hill. Frío, hambre, bombardeos, compañeros despedazados en combate, nieve. Anécdotas de dolor y sufrimiento, pero también de valor y camaradería. La radio portátil y los cigarrillos. El inseparable fusil. Y la muerte por todos lados: en las trincheras, en el mar, en el cielo... Patanes en la avanzada final.

Hoy, emocionado en los recuerdos, Orlando dice: “Después de estar tan cerca de la muerte decidí ser un militante de la vida. Por eso estoy en la CTA”. Y dice más: “La causa Malvinas no es ni de los milicos ni de la derecha. Malvinas es una bandera del campo popular”.


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Redacción

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