
Todo comenzó en Bernal, sur del Gran Buenos Aires, en la localidad de Quilmes. Allí El Bocha descubrió que, además del fútbol, otras pasiones comenzaban a calar su espíritu: la interpretación artística. En el Círculo Tradicionalista “El Rodeo” arrimaron las primeras danzas folklóricas, esos cimbrados tan comunes a fintas y gambetas del potrero.
Pero el encandilamiento real vino por otro lado, por la declamación, el recitado gauchesco. Allí, entonces, nació la vocación actoral. Era un pibe de seis años. Y el fútbol ya pasaba a ser apenas un pasatiempo. Las tablas del escenario tiraban fuerte.
Recuerda El Bocha aquellas primeras obras de teatro, como miembro estable del elenco infantil. Y los espectáculos de danza folklórica enhebrando un mismo andar. “En el círculo tradicionalista encontré a mis primeros maestros -cuenta El Bocha hoy, a los 58 años-. Verdaderos actores y directores de teatro, absolutamente vocacionales, intuitivos, con una gran capacidad docente. Ellos fueron los que cimentaron esto que soy”.
El que habla es Norberto Gonzalo, actor, sindicalista, hincha de Racing, secretario general de la Asociación Argentina de Actores y secretario de Cultura de la CTA. En otras palabras: el compañero Bocha.
Onganía y su golpe de Estado en 1966 significaron el despertar político del Bocha. “Yo viví y crecí en un barrio de laburantes, de familias peronistas; los pibes veníamos de ese riñón, todos pertenecíamos a las clases populares”. Alerta es la palabra que utiliza el compañero para describir un pulso de conciencia. “El golpe de Onganía -dice- fue como un alerta para toda nuestra generación. Un despertar político. Algunos muchachos del barrio, más grandes, laburantes, universitarios, hablaban de política, hablaban de otros temas. Y nosotros escuchábamos”.
En el terreno de la actuación el joven Norberto se acercaría a quien él considera su maestro en la profesión: Pedro Aleandro. “Un formador de actores impresionante”, define. Allí estuvo en los albores del Teatro Escuela Argentino, “la envidia de todos los estudiantes de la época”. Y allí lo encontró la madrugada del 24 de marzo de 1976, ensayando, aprendiendo.
Beto Brandoni, Víctor Laplace, Oscar Martínez, Manuel Callau, son algunos de los nombres que irrumpen cuando el Bocha cita a los noveles actores de aquella camada, los compañeros con quienes discutía de política en la Asociación de Estudiantes de Teatro. Eran discusiones fuertes, profundas, donde se debatían cuestiones estéticas e ideológicas. “Fue una experiencia alucinante. Todavía la recuerdo con mucha pasión. Aquellas discusiones me marcaron para toda la vida”. Así habla el Bocha.
La militancia orgánica estaba a un paso, pues. En la Asociación Argentina de Actores Norberto Gonzalo desarrollaría su trajinar político. Hasta el día de hoy, que lo encuentra al frente del sindicato desde 2004. Dice el protagonista: “Un orgullo, para mí y para todos los compañeros. La consolidación de un convencimiento político, una manera de entender la profesión y la militancia gremial”.
En las tablas grandes debutó con Hamlet, “ni más ni menos”, en el Teatro Nacional Cervantes, Rodolfo Bebán encabezando el elenco. Y en televisión llegaban las primeras participaciones, pequeñas, entusiastas, en El amor tiene cara de mujer, en Rolando Rivas, taxista. “El teatro es la cuna del actor, allí se forma. Y la televisión es una fuente laboral importante”. Dice el compañero.
En la Asociación Argentina de Actores el Bocha descubrió a sus otros maestros: los dirigentes históricos del gremio. El Negro Carella, Pepe Novoa, Onofre Lobero, Héctor Tealdi, Jorge Rivera López, Juan Carlos Gené, Pepe Soriano. “Dirigentes inolvidables, maravillosos, de los que nosotros aprendimos mucho. Ellos nos inspiraron, nos dieron una conciencia de clase que seguimos reivindicando. Esa fue la generación de dirigentes que nos enseñó que el actor es un trabajador, un laburante como todos, con sus derechos, su dignidad, su discusión paritaria, su estatuto”.
Y llegado el epílogo, hablamos de la CTA. “Yo siempre digo que los actores estamos en la CTA porque antes estuvimos en la CGT. Y está todo dicho. La CTA nos entusiasmó desde sus comienzos, desde el Grito de Burzaco. Siempre seguimos de cerca la acción política de Germán Abdala y Víctor De Gennaro. Nos sentíamos identificados con ese discurso y esa coherencia ideológica. La CGT ya no daba para más, no teníamos nada que hacer ahí. Entonces, en una asamblea histórica, masiva, los actores decidimos sumarnos a la CTA. Y la decisión fue unánime”.
Redacción
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