
En uno de los momentos más emotivos del Octavo Congreso de la Central de Trabajadores de la Argentina se homenajeó a los testigos de los juicios contra los genocidas. Se reconoció entre otros a Susana Reyes, Adriana Calvo, Ana María Careaga, Andrea Bello, Jorge Miranda, Ruben Shell, Tita Sacolasky, Enrique Fukman, Susana Caride, Gladis Cuervo, Jorge Rosemberg, Alberto Marciano y Margarita Cruz.
En la apertura del acto, el secretario adjunto de la Central de Trabajadores de la Argentina de Capital, Manuel Alzina, solicitó que el Congreso repudiara públicamente la represión que en la víspera sufrieron los trabajadores del Casino Flotante. El dirigente de la CTA afirmó que varios delegados que habían ido a solidarizarse con los manifestantes fueron duramente golpeados. Dijo que el gerente del Casino, era quien estaba en todo momento al frente de las tropas de la Prefectura.
Ricardo Peidro afirmó que la reivindicación de los desaparecidos pasa por el castigo de todos los culpables, pero también, por la defensa de su proyecto. “Su lucha por un país mas justo, es nuestra lucha”, enfatizó.
Destacó el valor de los testigos y reflexionó que se trata de “militantes, perseguidos, compañeros que sufrieron el exilio y que, ahora además deben correr el riesgo de declarar”. En este sentido, recordó que el Congreso está presidido simbólicamente por Julio López, desaparecido por segunda vez, por declarar contra el genocida Etchecolatz. Peidró afirmó que “no se puede hablar de defensa de los derechos humanos cuando se criminaliza la pobreza y son detenidos los dirigentes sociales que levantan las mismas banderas que los desaparecidos.
Carlos Lorsipaniski, uno de los testigos homenajeados reconoció que tiene protección de la policía, pero “la mejor manera de darme seguridad es replegarme en la organización barrial, en el cariño del barrio”. “Los vecinos me cuidan, y ellos saben a quien ir a pedirle cuentas si algo me pasa”, advierte.
Testigo del caso Etchecolatz, destacó el trabajo del Centro de Protección a la Víctima, y recomendó a los testigos, recostarse en este tipo de instituciones.
Enrique Fukman, quien estuvo secuestrado en la Esma advirtió que “están dividiendo las megacausas en mil pequeños juicios para hacer imposible que se haga justicia. El aparato continúa funcionando y la mayoría de los represores muera de viejos. Lo demostró el caso López. Metemos presos a los genocidas o continúa la impunidad, se deja abierta la posibilidad de nuevas desapariciones. “Dividir la megacausa Esma, en mil pequeños procesos, hace que se pierda la dimensión histórica del genocidio”.
Ambos testigos recordaron que cuando desaparecieron a Julio López, “el gobernador Felipe Solá nos respondió que había sólo 70 policías en actividad implicados en violaciones a los derechos humanos. Después por vía judicial: ¡se estableció que eran 9.000!. Se trata de tener la voluntad política de terminar con los nidos donde se esconden los represores.
“Todos sabemos que en la Marina se verificó un pacto de sangre. Por lo menos una vez, todos tenían que intervenir en los crímenes. Si aún hoy, esos oficiales permanecen en actividad, el mensaje de impunidad esta clarísimo”.
Alberto Marciano y Eva Orifici dijeron “paralelamente al secuestro de López, recibimos amenazas, por lo que nos acogemos a la figura de testigo protegido”. Ahora hemos pasado al “régimen de monitoreo”.Nos pasó reconocer un centro clandestino y encontrar que nos han robado todo al volver a casa, sufrimos seguimientos todo el tiempo. Esta situación es cotidiana. En este marco, lo único que nos da seguridad es la red de protección que armamos con compañeros y amigos. Ellos nos rodean y son los que controlan todo el tiempo nuestra seguridad. El aparato represivo está activo. No queda otra que defendernos desde la organización popular.
“Se han dado cosas importante en materia de derechos humanos pero hay que avanzar en la investigación de las amenazas a los testigos, terminar con las agencias de seguridad que son nidos de represores, y los coches blancos que andan por toda la provincia, como si fueran parte del paisaje”.
Peidro cerró el homenaje a los testigos, recordando un pensamiento de John William Cooke: “Cuando culmine el proceso revolucionario argentino se iluminará el aporte de cada episodio y ningún esfuerzo será en vano, ningún sacrificio estéril y el éxito final redimirá todas las frustraciones.
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