Sujetos de poder
Jueves 13 de diciembre de 2007, por Hugo Blasco *

Las políticas neoliberales que se aplicaron a partir de la última etapa del gobierno de Isabel Perón, básicamente con Celestino Rodrigo, y luego ya en dictadura, con Martínez de Hoz y los distintos ministros que lo sucedieron, tuvieron su punto culminante con la destrucción del aparato estatal creado por el peronismo en décadas anteriores durante la etapa constitucional.



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Secretario Gremial de la CTA Buenos Aires, secretario General de la Asociación Judicial Bonaerense.

En ese sentido, las políticas se profundizaron con un importante consenso político. La creencia en el discurso del menemismo fue el emblema de los primeros años 90. Los resultados fueron una brutal transferencia de riquezas de manos de los trabajadores a manos de los grupos económicos concentrados y definitivamente trasnacionalizados. Un daño muy fuerte en el tejido social y la pérdida de un proyecto articulado de país.

En la provincia de Buenos Aires, como siempre se trató de la locomotora del país, las consecuencias fueron terribles. Bastaba recorrer el Gran Buenos Aires para ver la gran cantidad de talleres cerrados y fábricas abandonadas, además de la marginalidad, la pobreza y la desesperación de millones de personas y el deterioro que se vivió en la salud y la educación de nuestro pueblo. Pero también es cierto que una parte importante de los trabajadores empezaron un proceso de resistencia que cada día fue sumando más y más laburantes. Como lo hicieron en la dictadura, lo hicieron con las prácticas neoliberales.

Hubo una resistencia desarticulada, sectorial, pero que poco a poco fue corporizándose a través de la coordinación de otros sectores que incorporamos al trabajador desocupado como actor social importante. En esto, la Central tuvo la voluntad y la capacidad de comenzar a organizarlos.

Podemos registrar casos de una envergadura política y social enorme, como la lucha en el Astillero Río Santiago, la lucha contra la entrega de los servicios públicos como el agua, la electricidad y el gas a manos de grupos como Camuzzi o Enron, la defensa del Instituto de Previsión Social y el IOMA entre otros, hasta la desembocadura en una etapa final de retroceso de las políticas neoliberales como fue el Piquetazo de La Matanza.

También se dieron hechos importantísimos como la Marcha Federal, la Carpa Blanca de los docentes e infinidad de actos de resistencia popular como puebladas y tomas de fábricas o conflictos gremiales y no gremiales que fueron muy importantes a lo largo de toda la década.

La Central creada como Congreso y luego como Central de Trabajadores trajo la herramienta necesaria para la unidad de la clase en su diversidad actual y como alternativa para romper con los viejos esquemas, prácticas y vicios de la burocracia sindical.

Ya en esta década se da un hecho de importancia política sustantiva que fue el Frente Nacional contra la Pobreza, donde hay una conjunción de esfuerzos, inteligencia y participación de distintos sectores sociales en los cuales no solamente estaban trabajadores sindicalizados, sino también fuerzas políticas, sociales, culturales y religiosas que convergen en pos de un objetivo que era la propuesta del Seguro de Empleo y Formación para que no haya ningún hogar en la pobreza.

Durante todo el 2001 hubo enormes manifestaciones de reclamos y dentro de eso, el FRENAPO llega a su máxima expresión como manifestación política, en la Consulta Popular en diciembre del 2001, ocurren los hechos del 19 y 20 que fueron el punto culminante de la crisis de hegemonía de los sectores dominantes en el que el pueblo manifiesta su absoluto hartazgo y rechazo. Pero también se mostró allí la falta de una dirección conciente de la movilización popular.

Esta sigue siendo la asignatura pendiente para nuestro pueblo. El Movimiento Político Social y Cultural con la hegemonía de los trabajadores capaz de construir organizadamente las bases de una nueva sociedad sin explotados ni explotadores.

Es por eso que nos hemos ganado el derecho a un grado de disputa más alto, ya no solo de resistir sino que hoy es necesario construir sin delegar en otras clases sociales lo que debemos hacer como clase trabajadora. Aún hoy nos ponen falsos dilemas como si se es oficialista u opositor a algún gobierno de turno. Tanto una visión como la otra depositan en terceros lo que ya no podemos ni debemos delegar. Así es como la Constituyente Social es el proceso para cambiar la lógica del sistema que nos condena a peticionar solo a través de nuestros representantes.

Es necesario conquistar una democracia plena, integral, social, política y cultural. La profunda raíz de nuestra demanda no se resolverá en el marco de este estado y de este sistema y es por ello que la convocatoria es a transformarnos en sujetos con poder para ejercer nuestros derechos construyendo la voluntad del nuevo sueño de una Argentina y una Sudamérica liberada del capitalismo hacia la emancipación social.

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