
Gitanos, sudacas, okupas. Todos pobres. Alguien decía que la peor raza a la que se puede pertenecer es a la de los pobres. Así lo sintieron en carne propia, varios jóvenes sudamericanos, entre ellos un argentino, que corren el riesgo de quedar tras las rejas en España. Una maceta cayó sobre la cabeza de un policía, los acusan de haberlo dejado en coma irreversible de una pedrada.
Madrugada del 4 de febrero de 2006 en Barcelona. La noche prometía terminar bien, varios jóvenes amigos luego de participar de la despedida de la madre de uno de ellos, deciden ir hasta la estación para retornar a sus hogares. Sin que hasta el momento lo sospecharan, la cosa empezó cambiar cuando los jóvenes, todos sudamericanos decidieron tratar de entrar en una fiesta que se daba en una casa tomada de la calle Sant Pere.
Esa mañana, la casa había sido clausurada por la Guardia Urbana luego de múltiples denuncias de los vecinos sobre ruidos molestos, fiestas constantes, posible consumo de drogas.
A esar de ello, como cada fin de semana, alrededor de 120 jóvenes rompieron los precintos de clausura y dieron inició a otra ruidosa fiesta de okupas. La mayoría de los integrantes de este movimiento son inmigrantes que por necesidad viven en casas ocupadas o jóvenes que han escapado de sus hogares.
Cuando el lugar ya estaba repleto, los que habían quedado afuera comienzan a impacientarse. En eso, llegan los Mossos d´ Cuadra, (policía municipal catalana). Apenas unos instantes antes, nueve o diez chicos entre los que estaban Alex, Juan y Rodrigo llegan al lugar. No se sabe bien en que momento la policía carga contra los jóvenes. La represión es brutal. A Rodrigo le dan un golpe en la cabeza que lo deja inconciente.
Juan es arrastrado de los pelos. Antes de llegar al furgón, el policía se queda con un mechón de sus cabellos en la mano. Alex, mareado por los golpes, intenta escapar pero lo detienen. Desde los balcones de la casa tomada, la gente arroja masetas contra los policías y todo aquello que encuentra a mano y pueda servir como proyectil.
Todos los detenidos son golpeados salvajemente en el furgón policial. Al llegar a la sede policíal, uno de los chicos es desnudado y golpeado con garrotes por policías que tienen el rostro tapado. Alguien filma la golpiza. A Juan lo esposan férreamente, hasta casí cortarle la circulación pese a que ya le han fracturado un dedo.
Horas después, el Alcalde de Barcelona, Juan Clos, va a visitar a un policía herido en la refriega. Declara que una maceta de la casa ocupada dio contra su cabeza. El policía no tarda en entrar en un coma irreversible.
Son varios los detenidos. A los europeos se los libera rápidamente. No pasa lo mismo con “los sudacas”.Y lo más grave: en los papeles de detención de Alex, Rodrigo y Juan ponen que son chilenos los dos primeros y argentino el tercero a pesar de que cada uno tiene documento (Alex está casado con una española, Rodrigo tiene nacionalidad italiana y Juan española). En el caso de Juan lo hacen figurar como argentino, pero además indocumentado, porque uno de los policías le ha retenido el DNI español y le dice que se ha perdido.
Los chicos son acusados en el marco de la ley antidisturbios. Si se presentan testigos que admiten haber estado con ellos, también pueden ser imputados. La jueza ha denegado todos los testigos presentados por la defensa que son posteriores a la caída del guardia urbano y peor aún, no tuvo en cuenta el testimonio de los enfermeros que llegaron con las ambulancias al lugar. En todos los casos, afirmaron que los policías les habían narrado que su compañero herido había sido golpeado por una maceta. El informe forense coincide, el golpe se verificó en la nuca, cuando la víctima estaba agachada, quizá sobre uno de los jóvenes detenidos.
En cambio, la versión de la acusación y los policías es muy distinta. Afirman que su compañero fue golpeado por una piedra arrojada por los jóvenes okupas.
A pesar de la protesta de la CTA de Barcelona, las Asociaciones de Vecinos o Anmistia Internacional que denunció las torturas, no se pudo lograr la libertad condicional los jóvenes chilenos y el argentino. Todos serán juzgados el 7 de enero.
Está a la vista que Rodrigo, Alex y Juan no están presos por un homicidio que en realidad parece no haber existido, sino por “okupas”, “sudacas”, un claro caso de discriminación, cuyo tratamiento debería tomar a su cargo la Cancillería argentina.
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