Entrevista a Leonardo Favio
"Me digo, puta madre, que suerte tuve"
Miércoles 26 de diciembre de 2007, por Tabaré Alvarez *

Leonardo Favio es una de las figuras consulares de la cultura popular argentina. Un artista de fina sensibilidad que ha desplegado su talento a través de la actuación, la dirección cinematográfica y el canto. Favio, como los grandes, creció desde el pie y se proyectó como una figura estelar en el mundo de la creación. He aquí lo que dijo:

Hay una imagen de Moreira. La última, cuando él dice “con este sol”. Es como un paradigma, es una frase síntesis. Hoy pensé, ¿cómo salió esa frase? ¿Estaba en el guión?

Cuando uno es pequeño, o yo en especial, siempre tenía la imagen que con un sol esplendoroso, es como vergonzoso morir. Es como, carajo, podrían haber esperado un poquito más o haberlo hecho un poco antes. Como que la muerte tiene un parentesco con la oscuridad. No sé. En uno siempre subyace como que con el sol es imposible. Y menos con ese espacio, que está afuera. Es algo por ahí. El sol, la pampa. Es algo fantástico.

Yo creo que puede venir por ahí. No lo pensé. Cuando lo escribí, sí. Pero posteriormente no pensé. Además el sol, en esos personajes o en la mayoría de la gente, es fundamental. Porque Moreira no hace un análisis cósmico de Dios ni de nada. Entonces como que en el centro está en el sol. Después cuando empezás a escarbar... es una tontería escarbar, ahí te das cuenta que el sol es una estrella más. Se acaba lo cósmico.

Y la vida es una vida más.

Una vida más entre tantas.

Moreira muere en un tapial. También, Aniceto muere en un tapial, coincidencias, ¿no?

Y en “Crónica de un niño sólo” también el pibe se va con el policía y van bordeando un tapial. Y en El dependiente están acorralados. Personajes acorralados. Y sí. Cuando estás así, acorralado... Al final, pienso, por eso son muertes lindas, las elegidas. Moreira, de alguna manera sabe su destino. Uno elige, sabe perfectamente que igual te vas a morir algún día. Entonces más vale que esté con dignidad. No sé, qué se yo.

Ahora, el regreso a Aniceto ¿otra versión?

En esencia es lo mismo. Simplemente que este Aniceto es ballet. Es decir, Romeo y Julieta en teatro y Romeo y Julieta en ballet. O sea, es otra la estética. Acá hay una búsqueda de la gama de los colores. Hay como una influencia del Kurosawa de los últimos. O sea, buscar la tonalidad, la gama tonal de los colores, una importancia mucho más vital de la música. Ya no evitar el silencio en el otro. O sea que yo diría que la diferencia está en la estética y que esto confluye en el ballet, lo pictórico, la pintura y todo ese tipo de cosas.

Desandando historia

Otra cosa: cuando pensás en la totalidad de tu obra, y me refiero a todo, como actor, cantante, como cineasta.

No, yo nunca fui actor. Trabajé como actor, pero un actor es Alcón. Actor es Bebán, Vidarte. Pero yo nunca fui actor. O sea, todo lo que yo tenía en el corazón no me llegaba a la expresión. Yo sabía todo lo que tenía que hacer como actor, pero no lo lograba. Y no, es que vos nacés con eso. Y después vas adquiriendo una escuela, una técnica. Y yo sé perfectamente cómo marcar un actor, pero ese sonido que yo logro en el actor, no lo lograba yo mismo actuando. No lo logré nunca. Porque no soy actor. Vibrás de otra manera. Una cosa es ser el Stradivarius y otra cosa es tocar con el Stradivarius.

Bueno, ¿como cantor?

Me gusta mucho y la adoro: es una profesión. Además, eso me permite vivir con dignidad, filmar cuando se me da la gana, y pude conocer toda América Latina, sus pueblos, su idiosincrasia. Y esto ¿no? Saber que en este momento que estamos charlando, allá, en La Rioja, Colombia, Guatemala o México, hay un disquito que está pasando. Cada minuto que estamos charlando, una canción mía se está emitiendo en algún lugar. Eso es bellísimo. Pero lo aprendí de grande. Antes no le daba mucha bola. Al contrario, me hizo mucho daño. Pero cuando comencé a viajar, comencé a vivir de la canción y a quererla.

Y darme cuenta que toda la gente que entraba a un teatro o un coliseo, se había estado preparando semanas para ir a verme, porque esas canciones habían estado en su hogar, las habían compartido, tal vez un noviazgo o lo que fuere. Y se había arreglado o charlado sobre Favio. ¿Por qué usará pañuelo? ¿Está pelado, no está pelado? Y todas esas cosas. Y eso lo aprendí muchos años después. Y pasaron años, muchos por supuesto, y en todo lugar se me va a recordar mucho más por mis canciones que por mi cinematografía. Esa es la realidad. Hay países donde no soy un cineasta.

No han visto tu cine.

No, no tienen la más remota idea. Primero porque mi cine es un cine parido en América Latina, entonces no existimos para... porque esto está monopolizado por un cine de los Estados Unidos. Vos sabés. Vienen acá y te firman un convenio de petróleo o lo que fuera y lo primero que te ponen es la cinematografía y después todo lo demás. Ellos ponen plata sin pagar impuestos. Es la verdad. ¿Y nosotros qué le podemos aportar a un exhibidor de Santo Domingo, que tiene una sala que le cuesta mucho mantener y todo? Nada. Tal vez cero público. Porque no es la época de Hugo del Carril, Mirtha Legrand, no es ésa época. La televisión se comió todo. Y nuestro cine es totalmente desconocido. Salvo Olmedo y Porcel. Eso sí. Como cómicos entramos muy bien en toda Latinoamérica. Pero nuestro cine no.

Tal vez nuestro cine entre bien en festivales y cosas así. Pero Estados Unidos maneja hasta el cine que se respira. Sin ir más lejos estaba viendo que pasaron un fragmento, nada más que un fragmento del cine iraní, y de golpe el cine iraní se esfumó. ¿Te acordás que hubo un momento en el que estaba...? Sí, un poco antes del 2000. Y lo cortaron porque se dieron cuenta que eso te estaba mostrando un pueblo y eso enseña. Es muy importante el cine, con su ternura y el conflicto de su cotidianeidad, con todo eso. Y eso de alguna manera es mostrarnos la idiosincrasia de un pueblo que ignoramos. Estonces lo cortaron. Dejó de existir.

Leonardo ¿Qué visión tienes de su propia obra?

Yo estoy muy contento. El único momento que me preocupa es cuando comienzo a elaborar una nueva idea. Entonces, la buscás, la buscás y buscás la técnica. Tenés la idea.

Decís “dentro de esto” y eso puede tardar años o un par de días. Cuando te viene no sabés dónde termina. Pero yo estoy contento. Cuando miro, no lo puedo creer. Porque de golpe, como dice el dicho, valiente a los 20, y 40 rico y sino... jodete.

Entonces, a los 20 valiente, porque con “Crónica de un niño solo”, “El dependiente” y “El romance...”. Valiente. Después tenés que buscar estar cómodo. Entonces nace “Juan Moreira”, donde batí todos los récords históricos de espectadores. He sido muy afortunado. ¿Sabés cuánta gente pasa por esta vida con un talento inconmensurable? David Kohn, un director de cine maravilloso. Bueno, murió de un infarto, vendía lapiceras. Sin ningún reconocimiento, lleno de pibes. ¿De qué me voy a quejar? ¿De qué? Yo miro y estoy contento con mis afiches, con todo. ¿Cómo no voy a estar contento?

Un éxito con Moreira...

Imaginate que con Moreira metimos espectadores. Pasaron los 3.400.000 y en esa época había 29 millones de habitantes. Más del 10%. ¿Sabés lo que es eso? Una enfermedad. Y cuando hago Perón se venden 120.000 copias. Y vos vas al más humilde barrio y alguien va a tener la película. Y la ven, la repasan. (Piensa y dice) Tuve mucha suerte en la vida. Y alguna canción bate todo los records.

¿Con cuál batiste todos los records?

Con “Fuiste mía un verano”. Mirá, no hubo un disco... que vendiera en una semana la cantidad de placas... Tres compañías se tuvieron que unir para poder satisfacer la demanda.

¿Estabas cerca de Dios?

¿Eh?

Cuando tenías tanto éxito, ¿cómo era eso?

Bueno, la locura es que fue muy abrupto todo. Yo venía de un cine, digamos, cuando había trabajado como actor... Cuando dirijo dirijo para cineclubes y espectadores especiales. Entonces, de golpe vos hacés un disco y empieza a fluir el dinero. Y además ni sabía lo que ganaba. Era un montón y yo no sabía ni cómo usarla. Y toda la gente acercándose. Es difícil. Es loco. Después lo capitalizas, te sirve. Eso sí lo vas capitalizando. Y además, yo he tenido la fortuna de nunca sentirme atado por nada.

Nosotros, de golpe, con Carola, cuando por problemas que hubo no pude cantar ni nada, y todavía no me podía ir del país, entonces vendí en Paraná y Arenales un piso impresionante que tenía y una quinta y nos fuimos a vivir a una casa de adobe. Yo estaba más feliz. Primero por estar en Mendoza y después por irme todas las tardes a tomar un café con leche con actores rascas de allá y lo pasábamos bomba. Se terminó el problema del estacionamiento y las expensas.

Hablaste que entraban montañas de guita... ¿eras un muchacho casi?

No, era grande. Pero no sabía lo que era el dinero. Y mi familia tampoco. Siempre hemos sido muy ingenuos. No hemos vivido agazapados. Dios proveerá. Era así. Mirá, si cuando filmé El dependiente, el departamentito que teníamos, el alquiler me lo pagaba mi vieja con lo que ganaba en la radio. Mucho premio, mucha cosa, pero guita nada.

Cuando comencé a cantar, que comencé en la Botica del Ángel, con Bergara Leugman, de golpe podía ir al Endelweiss y me comía un bife con huevos fritos y me sentía el Marahá Kupartala porque en mi vida había tenido esa guita. No me acuerdo cuánto me pagaban, pero supongamos que hoy me pagaran 120 mil todas las noches por ir a cantar tres canciones... y yo era poderoso.

Imaginate que recibo el premio, la Cabeza de Palenque de oro, eran 350 gramos de oro. Lo vendí inmediatamente ni bien llegó. ¡Y contento! Nos fuimos a comer a un restoran de comidas chinas y qué se yo. ¿Qué mierda voy a hacer yo con una cabeza de palenque de oro? Y cuando te digo que he sabido despojarme de mis cosas, es porque hoy digo qué suerte he tenido hasta en eso. Te digo más, tenía un viñedo bellísimo en Las Catitas. De antojadizo.

Un día dije “voy a tener un viñedo, el que siempre soñé”. Unos parrales divinos. Nos fuimos. Años después la llamo a Carolita, yo estaba en México, creo, y le digo “hacele un poder a La Chacha”, creo, “que venda el viñedo, pagale a todo el mundo y venite ya”. “No, pero...decía Carolita”. “Venite ya y a la mierda todo. Y nos fuimos allá y alquilábamos una casa en México. Pero yo vendí todo. No quise saber más nada con cheques, documentos, cosas que te agobian. No. Allá era feliz como loco. Re feliz.

¿Has pensado -políticamente- en el pueblo cuando has hecho obras... cierto compromiso?

Yo creo que soy. O sea, no soy un político que piensa, “bueno, vamos a solucionar los problemas a la comunidad”. Eso está implícito, está en mi corazón. Pero ¿cuál puede ser mi aporte? Nunca fui un político ni un conductor de nada. No sé ni organizar mi hogar. Lo más que puedo hacer es que mi obra tenga una dignidad y que la gente no se sienta avergonzada de mí. No soy un dirigente. Nunca fui tampoco un militante obstinado. Nunca lo fui. Soy lo que soy y lo que muestro. No serviría en otro campo. Creo que no serviría. Tampoco tengo un espíritu belicoso. Pero tampoco soy un héroe.

”Sólo” eres Leonardo Favio

Uno es... Uno es la gente, la gente que lo ha querido a uno. Además es todo muy fugaz entonces lo que te queda es eso como orgullo. Más que todo eso es que te ven y se emocionen, o que te dan un abrazo o sentís que no se te quieren despegar. Ese amigo, ese tipo. Aunque muchas veces cuando uno se pone a hablar parece un nabo.

“Perón, Sinfonía de un sentimiento” ¿Cuántos años trabajaste?

Cinco años. Escudriñando, buscando por todos lados, leyendo, informándome. Cosa que no vengan mañana y me digan “no, acá está macaneando”. ¿Y por qué sinfonía? ¿Por qué música? Porque es armoniosa, es una sinfonía de la música, es una alegría de vivir. Toda una comunidad que va adelante. Éramos felices. Yo era pibito pero éramos muy felices. Era como una teocracia. Y ahora estoy con el Aniceto. Pero es lo que te dije al principio. Una suma desde el alma. Ahí está la cantera. Nada que le impostes será bueno. Sólo vale lo realmente propio. Yo soy Favio. Yo me construí. No el famoso...

¿El de la montaña de guita?

(Favio levanta la mano hasta la altura de un metro, como si estuviera viendo los fajos de dinero).

No sabés lo que es eso. Más si has sido siempre rata. Eso, como el éxito te puede confundir un poco. Hasta que llega un amigo y te lo dice. Entonces te das vuelta. Mirás tu vida. Y yo miro, miro y digo, la puta madre, que suerte tuve.

recibir ACTA en tu correo electrónico

Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina

(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar


sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar