
Ernesto Chacón Oribe (Mar del Plata, Buenos Aires, 29 años) vive en Capital Federal desde 1997 y es uno de los bailarines más importantes de nuestro país. Afiliado a ATE, despedido del Ballet del Teatro San Martín, acaba de recibir el Premio Clarín al mejor bailarín de la temporada.
Varó en la ciudad porteña en el intento de encontrar una “vuelta de rosca” que le permitiera desentrañar la esencia de un artista completo. Recientemente fue galardonado con el premio Clarín.
Recibió el galardón poco después de que lo despidieran. Trabajador de la cultura en el Teatro San Martín desde l999. Decepcionado ante el trato que se da a la cultura en nuestro país, el despecho se transformó en lucha y lo llevó a organizarse en la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA).
Hace pocos días, Chacón Oribe ha sido despedido del Ballet junto con otros seis de sus compañeros por su participación en el reclamo de derechos laborales. Faltaba muy poco para que cumpliera nueve años en el Ballet con una larga trayectoria en la que participó y protagonizó obras de gran envergadura, entre ellas: “Ella lo visitaba” de Ana Itelman, “Que la mar te devuelva”, de Carlos Trunsky , “La tempestad”, con adaptación de Mauricio Wainrot y “Detrás de las cosas”, de Alejandro Cervera, junto a artistas como Julio Bocca y Paloma Herrera.
¿Cómo fueron los primeros años de trayectoria?
Cuando cumplo 18 y termino el secundario, rindo en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y también en el Teatro San Martín porque no sabía si entraba en uno o en otro y entré en los dos. Como era en el mismo horario, opté por el Colón. Hice dos años, y a mis 20 años se hace una audición en el Teatro San Martín para ingresar a la compañía y me presento para probar y sin ninguna esperanza de nada y resulta que entro. Entonces los dos años del Colón que me faltaban los rindo libres y hace 9 años que estoy en el San Martín.
Las horas de esfuerzo deben haber sido muchas…
De los 12 a los 18 años le dedicaba muy pocas horas. Pero cuando llego a Buenos Aires me toman por el físico, pero técnicamente era malo, ahí me contacto con Enrique Leyes que fue una bisagra en mi carrera, porque es un preparador físico especializado en danza y mi arma es el físico. Entraba en el Colón a las ocho de la mañana, salía a las doce y a las 13 entraba a las clases con el preparador físico y terminaba a las seis de la tarde. Lo que he conseguido ahora es fruto de ese esfuerzo.
Siempre la danza es una carrera de esfuerzo, en algún punto te enseñan a sufrir con una sonrisa porque al público no podes mostrarle el esfuerzo que te está costando, debés brindar placer con lo que hacés. Y no saben que para llegar a eso te mataste. Te educan de una forma muy específica donde cuando subís al escenario dejás todos tus problemas de lado.
Y en algún punto esto es lo que nos diferencia a los artistas de otros trabajadores, porque también tienen que seguir pero pueden putear y quejarse realmente y se les nota.
¿Cuál fue tu primera sensación cuando anunciaron que eras ganador del premio Clarín?
Primero sorpresa total. Pero en realidad más que el premio yo quería agarrar el micrófono y poder decir todo lo que había pasado este año en el Ballet Estable del Teatro San Martín y todos estos años porque realmente la prensa nos acompañó muy poco con la movida este año y necesitábamos que se enterara más gente de esto y mucho más de los 7 despidos que hubo, entre los cuales estaba yo. Y resulta que la gente de la cultura, los jurados premiaron a un artista que despidieron, entonces quería decirlo eso.
¿El jurado sabía por la situación laboral que ustedes estaban atravesando?
Absolutamente, me parece que el mundo de la danza estaba enterado de todo lo que estaba sucediendo. El jurado estaba integrado por bailarines y ex bailarines del Colón, críticos de Danza, ex bailarines del San Martín, coreógrafos, con lo cual creo que alguno sabía de toda esta movida.
Más allá de que tuvieras ganas de expresar todo lo que viene sucediendo y el despido injusto, también hay una parte de reconocimiento a tu carrera, ¿qué balance haces?
Pasó la ceremonia y todavía no caigo. Además de todo me reconocieron como artista. Todavía estoy entusiasmado con lo que pude decir y siento que este premio no sólo es un premio a mí sino que premiaron al Ballet por la lucha que estuvo realizando este año. Realmente lo siento así. Siento que fue un premio para el ballet, para todos mis compañeros, para los echados, para los que quedaron adentro. Todavía no me doy cuenta de que además me premiaron a mí.
¿Cómo vieron la oportunidad de organizarse en ATE?
Una acumulación de cosas que rebalsan. La recolección de gotas fue, en principio, que el ballet tiene 30 años de existencia y nunca había sido creado legalmente. No hay ningún decreto de creación ni ninguna ley que dijera que en el Teatro San Martín existiera un ballet con tantos bailarines. Al Teatro San Martín le llega un paquete presupuestario y ellos lo reparten como quieren. Obviamente los sueldos siempre se pagan, pero nunca se sabe bien si va a haber presupuesto para tal o cual obra. A veces las obras se tienen que cambiar porque de repente no hay presupuesto. Eso sucede porque en el Teatro hay muy pocas cosas nomencladas e institucionalizadas.
Estamos hablando de un ballet que ha sido premiado el año pasado, que volvió a ser premiado ahora…
.. Que ha viajado a Rusia, Canadá, bailamos con Julio Bocca, con Maximiliano Guerra, con Paloma Herrera, en el Luna Park, giras internacionales y nacionales. Y con condiciones laborales con contratos basura. Somos un ballet de primer mundo pero en las condiciones en que laburamos no tienen nada que ver con eso.
Personalmente creo que hay que cambiar muchas leyes. Hay que legislar el arte, tiene que haber una ley jubilatoria para los bailarines, acorde a la profesión. No podemos jubilarnos a los 65 años por razones lógicas. Estos derechos que tendrían que tener los trabajadores de la Cultura, no existen. Creo que hay mucha responsabilidad de los funcionarios, y mucha responsabilidad de los propios artistas que no nos hemos manifestado.
¿Cuál es la concepción al respecto?
Entender que somos trabajadores y que estamos viviendo de lo que estamos trabajando, entender que los derechos laborales también nos corresponden fue un camino muy largo y llegar a concientizar a toda la compañía y separarnos de esta idea del artista, el artista vive de los aplausos del público y debe vivir de los aplausos del público y nada mas y que eso es la gloria mayor. Sí, es la gloria mayor … pero dura el momento que el público esta aplaudiendo. Y uno se lo lleva con gratitud pero después volver a tu casa y tenés que volver a pagar la cuenta del teléfono, el alquiler y millones de cosas, no te alcanza con el aplauso del tenespúblico. No hay aplauso que valga si estas enfermo y medico.
Entonces costó mucho y tiene que ver nuestra juventud porque siempre nos hacen vivir en este mundo de hadas. Estamos toda nuestra vida estudiando para algún día ser el rol de un príncipe o una princesa, el rol de seres mágicos, somos muy inocentes y es difícil apartarse de ese mundo de fantasía que te hacen vivir porque todo el tiempo ó estas ensayando eso y te ves vestido con una escenografía. Hay que distanciarse de ese mundo de fantasía y darte cuenta que hay leyes que no están. Lo que le pasa al país te afecta a vos, como trabajador, persona y como artista. Y que es necesario que seamos parte no sólo de la cultura sino del país entero porque la cultura educa, pero hay que ser parte de algo más y no ser un instrumento de la comunidad sino ser parte con voz y voto.
Fuente: Corresponsalía ATE Capital Federa
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