
“Debemos saber de memoria el artículo 75, el derecho preexistente de los Pueblos Originarios, de la misma manera que algunas religiones les meten el Padre Nuestro, y está bien que así sea por que piensan y creen en esa religión. Nosotros, con respeto de los cristianos, tenemos nuestra propia espiritualidad, formas y costumbres que la Madre Tierra nos da: Ñamandú; Tupac; el Inti o la Pachamama".
"Estos intentos de creer en dioses ajenos son una forma de penetración ideológica, muy fuerte en nuestras cabezas. Nos hacen perder nuestra propia forma de ser de igual manera que perdemos nuestros territorios”
Con voz bien templada y mirando a los ojos, José Bautista Flores, Coordinador del Parlamento de Naciones Originarias en Argentina, hace su presentación en el Encuentro Federal de Organizaciones Indígenas que la CTA Corrientes ha organizado el pasado mes de diciembre en esa ciudad.
El calor es agobiante. La vecindad con el Paraná crea una conjunción de delirio donde el amarillo follaje de los chivatos parece salido de un payé guaraní, ahí están, multiplicándose sobre la resolana dulzona que trae los silbidos del humedal.
Indemnes al calor, los participantes del Encuentro Federal se han dispuesto en círculo. Juan González, secretario de Integración Regional de la CTA, anfitrión del Encuentro ha realizado una presentación austera y ha propuesto cuatro puntos a tratar: territorialidad, educación, el convenio 169 de la OIT (los derechos de los pueblos indígenas y tribales), y salud y en este último tópico la posibilidad de un programa de salud para las comunidades. Comienza la presentación de cada uno de los partícipes del encuentro.
Voces tímidas, a veces inaudibles, comienzan a horadar el calor del mediodía correntino: mujeres, hombres y hasta dos niños José Luís y Rocío. Algunos han venido desde Pampa del Indio, son la comunidad Qom (toba) Chaco; de Misiones la Nación Mbya guaraní; representantes de los Wichís en Tres Pozos en la frontera chaco salteña; artesanos del chaco paraguayo y hasta un recién graduado en medicina de la Universidad de La Habana.
Los qom y las qomlashepi de Pampa del Indio, hombre y mujeres tobas, respectivamente, denuncian la histórica falta de espacio: “en Pampa del Indio somos más de ocho mil familias en déficit habitacional y necesitamos de esos hermanos compañeros que se acercan a luchar con nosotros. A muchos no les gusta, cuando nosotros alteramos con nuestros reclamos, al igual que los políticos que se “candidatean” y nos apoyan pero cuando llegan a ese poder que buscan, es ahí donde se olvidan de nosotros”
Max Weber define al poder como: “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”.
“Fuimos a gestionar combustible para hacer el laboreo en nuestras tierras, pero nos lo dan en noviembre y no nos llega hasta diciembre, así perdemos lo que sembramos y después dicen el aborigen no quiere trabajar. La ayuda llega, pero muy tardía. Llega cuando ya no sirve. Dice Luís Benegas de la Organización Cacique Taigoyí.
El calor es un pesado manto que permanece suspendido en el ronroneo del ventilador de aspas metálicas. Hablan de territorio y no de tierra, por que el concepto tierra remite a la lógica capitalista donde ésta es una mercancía más, por lo tanto desprovista de esencia. Entender esta diferencia meridiana es capital. Aceptar que el territorio Es; que la tierra tiene Ser.
“Pertenecemos a la Madre Tierra y es por eso que pensamos en el territorio, donde está nuestra espiritualidad, nuestra cultura. Donde está nuestro chancho del monte, el algarrobo, que sirve para que coman las aves, los chanchos, nosotros y lo que se descarte de las ramas sirva como fuente de energía para cocinar. No como el hombre blanco que ve un algarrobo e inmediatamente ve un mueble que vale mil pesos; nosotros vemos el algarrobo como una madre, como un hermano que nos está alimentando”
Luis y los suyos también han preguntado a hombres de leyes: Doctor, para cuándo va a salir un título del campo que hace tantos años reclamamos.
Solo el silencio ha contestado.
Una Qomlashepi (mujer toba) Aureliana González cuenta que desde el ’85 vienen trabajando en capacitación de costura, vestidos, huerta, alimentación. “En el 2003 empezamos un proyecto con los Padres Mercedarios de Córdoba, llamado “Madres cuidadoras”, o sea, el rescate de nuestra cultura, la lengua y nuestros conocimientos del monte: los animalitos, los árboles y las frutas. Lo hacemos a través de nuestros ancianos”
Los ancianos han escrito historias que vienen de lejos, memoria viva de la palabra que esperó cinco siglos en las gargantas de los antiguos: “rescatamos cuentos y hasta ahora hemos editado cinco libritos de cuentos para los chicos. Hacemos juguetes con la figura de nuestros animalitos del monte, para hacer conocer a nuestros hijos, nuestros peces del río, las frutas, por que ahora sólo queda la algarroba. Así revalorizamos nuestra cultura y hacemos camino a la educación”
Los teóricos del análisis del discurso dicen, la palabra es poder, Don Canuto Ramírez de setenta y seis años, integrante del Consejo de Ancianos qompi, lo sabe muy bien: “nosotros no hemos tenido escuela, pero los gobernantes no nos han sabido decir qué hacer para que no haya tanta pobreza en nuestra Argentina. Se habló de territorio, y no sé cómo cambian las palabras, cuando borraron territorio, pusieron fiscales, no sé, sin las palabras o no. Sé que antes en el territorio no había nada, sólo nosotros los indígenas. Nosotros levantamos el territorio, por que antes teníamos libertad, andábamos por todas partes, ahora no, por que son fiscales, dicen. Qué lástima que cambian las palabras...
Una pausa e interviene su compañero Don Aurelio Nuñez, de setenta y cinco años, integrante del Consejo de educación de la Organización Qompi: “Era campo libre, todavía. Hoy día es campo privado. Cuando se habla de campo privado es muy triste por que no se puede entrar así nomás”.
“Acá, dice Don Canuto retomando la palabra y refiriéndose a la CTA, somos trabajadores y sabemos que no se va a cambiar. No vamos a dejar de ser trabajadores, el que trabaja en la oficina debe trabajar en la oficina y nosotros que somos del campo, tenemos que trabajar el campo. Esa es la buena educación, creo yo. Tenemos poca tierra, poquita tierra, por que se cambian las palabras. En mis setenta y seis años no tengo título de propiedad y nosotros los indígenas somos dueños y señores, por que estábamos de más antes.
Los que tienen estudios nos deben ayudar para que dejemos de estar pobres, trabajar todos juntos por la educación, hay hermanos indígenas abogados, otros que manejan computadoras... cómo no vamos a conseguir un buen corazón. Tenemos que conseguir con la capacidad del estudio que la pobreza se vaya abajo y el trabajo se vaya arriba.
Don Aurelio Núñez, no es pesimista a pesar de todos los pesares. Ha conocido dos mundos y hace la síntesis: “ahora ya se cambia, no es como antes, hay entrevero. A veces nos preguntan a nosotros, somos indios, pero somos iguales, de este tiempo. Un joven guaraní de facciones bellas ha saludado en su idioma: es Alejandro Méndez, Secretario Coordinador del Consejo de Caciques de la Nación Mbya guaraní de Misiones, que cuenta con el reconocimiento del Estado provincial. Habla con seguridad pero sin imponer: “En Misiones tenemos más de ochenta comunidades distribuidas por toda la provincia. Somos asamblearios, en asamblea se eligen a los representantes.
Una de las primeras exigencias al Estado fue la Soberanía Alimentaria, cuando se daba la “bolsita” de mercadería. Solicitamos que cada comunidad necesitaba la yunta de bueyes para trabajar la tierra, que podíamos elaborar nuestros propios alimentos. No queríamos depender de la “bolsita”. También se ha conseguido sesenta cabezas de ganado. Con lo poco que queda de nuestro monte estamos conservando, por que no hay más caza ni pesca. Nuestros ríos y arroyos están contaminados. O sea que estamos obligados a adoptar lo que no es nuestro como una alternativa para que sobrevivan nuestras comunidades”
Llega el cierre del Encuentro y con él un aguacero de proporciones. La lluvia ha traído frescura. El Encuentro -como dice Peteco Carbajal- es “un acuerdo luminoso para mañana”.
Fuente: India Rodríguez
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