
El viernes 1º de julio llega a Buenos Aires la Marcha por la Vida organizada por el Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo. El pasado 20 de junio más de 300 chicos, acompañados por educadores populares, partieron de Tucumán y recorrieron 7 provincias de nuestro país para denunciar que “el hambre en Argentina es un crimen”. Mañana, desde las 10 y media de la mañana, los chicos comenzarán el último tramo de su marcha en el Parque Rivadavia y llegarán a la Plaza de Mayo acompañados por otros niños y trabajadores de distintas organizaciones sindicales, sociales y de derechos humanos.
“Mañana llegan los chicos. Reventemos la Plaza de Mayo para denunciar junto a ellos que el hambre es un crimen, para exigir nuevamente una justa distribución de la riqueza”, expresó esta tarde el secretario general de la CTA nacional, Víctor De Gennaro. La Central, junto a otras organizaciones, acompañará mañana la Marcha por la Vida, que tendrá el siguiente recorrido:
6 a 8 de la mañana: desayuno en el colegio Mariano Moreno, ubicada en Zeballos, entre Cerviño y Núñez de la localidad bonaerense de Moreno.
9,30 horas: concentración en la Estación de Trenes de esa ciudad. Suelta de globos y partida en caravana rumbo a esta capital.
10.30 hs: Concentración en Parque Rivadavia (Rivadavia al 4800).
12.30 hs: Plaza Once. Homenaje a las víctimas de Cromañón.
13 horas: Congreso Nacional. Se reúnen con niños y maestros de escuelas de la Capital Federal y el gran Buenos Aires.
13.30: Avda de Mayo y 9 de Julio. Se suman los trabajadores de la CTA junto a otras organizaciones sociales y de derechos humanos.
14,30 horas: Acto de cierre en Plaza de Mayo.
Otra vez el cielo se abrió al paso de los chicos andantes. La Marcha pasó por Chajarí y Federal y llegó a Concordia, ciudad estragada por los vientos de los años noventa. Las nubes, una vez más, decidieron aplazar su carga. Los pibes peregrinos recibieron el saludo de los niños, maestras y familias, de la CTA local, de varias organizaciones y, como siempre, de muchas escuelas movilizadas en torno a ellos.
Allí estaban, como a lo largo de la geografía existencial de los últimos nueve días, los zancos, los payasos, las tiernas manos invencibles y el trencito de la vida. Y esta vez Fox Sport se quedó sin mucha audiencia aunque jugaran nada menos que Brasil - Argentina. Es que el partido que importaba se jugaba en la cancha grande de la historia, esa en la que se disputa la felicidad de los que son más.
Seis cuadras colmadas de pibes, de pueblo, acompañaron el pasaje de la Marcha de los Chicos del Pueblo.
Hasta llegar a la Plaza 25 de Mayo. Allí, Eduardo Balbuena, hermano de Víctor, uno de los tantos pibes asesinados por la policía provincial, dijo que estaban disfrutando un triunfo. “Le ganamos el juicio a la policía”, decía Eduardo hablando desde el corazón del piberío empobrecido y siempre sospechoso para los guardianes del sistema.
Después le tocó el turno al Padre Servín. Cristiano de andar peleando contra los crucificadores cotidianos, el cura empezó agradeciendo a los chicos: “Gracias chicos porque nos ayudan a seguir soñando con una Argentina en donde los chicos puedan comer con sus familias y no en los comedores”. Agregó: “Que coman el pan ganado por el trabajo de sus padres. No queremos camuflar el hambre porque otros nos ponen un plato de comida”.
Omar Giugliani, del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, describió el contraste entre lo que se ve y lo que se vive: “Viniendo para acá atravesamos muchos campos repletos de ganado, al mismo tiempo que nos informaban de la tasa de mortalidad infantil y del número de chicos pobres. Estamos viviendo una especie de genocidio como el sufrido en los años 70. Esto es sencillo de solucionar: hay que distribuir la riqueza”, dijo el dirigente social. Y agregó en tono de promesa: “y le decimos a los funcionarios que si no reparten la riqueza, tarde o temprano la tomaremos”.
Los pibes y el pueblo de Concordia abrazaron esas palabras con aplausos y la ternura subió en los colectivos y también se la vió en los alrededores de las escuelas. La Marcha sigue y la vida fluye, el futuro vuelve a ser pronunciado en cada lugar que los nenes peregrinos convierten en territorio de caramelos, denuncias y risas.

El gran problema es la exclusión
Reportaje a la hermana Martha Pelloni, referente de la Casa de los Derechos Humanos, de Curuzú Cuatiá
¿Por qué adhirió a la Marcha de los Chicos del Pueblo?
Porque de alguna manera, siempre la Casa de los Derechos Humanos ha estado adherida a todo el pensamiento de reclamo por injusticias. En Curuzú Cuatiá, en nuestra Casa, trabajamos en defensa de la vida. Y sobre todo en relación a los niños. Aquí los niños tienen muchas necesidades. Los padres no tienen trabajo y si lo tienen, no ganan más de 150 pesos. Entonces estamos hablando de una enorme vulnerabilidad. El gran problema es la exclusión. La pobreza es un problema estructural y la solución también debe ser estructural. Yo creo que ésta es una voz, una palabra que necesitaba ser dicha, como fue dicha por las organizaciones de la marcha.
¿Cómo vivió el paso de la caravana por Curuzú Cuatiá?
Yo me emocioné. Hemos tenido una respuesta muy linda en la organización y los preparativos para todos ustedes. Nadie se negó a nada. Todo el pueblo compartió algo por más que después por algún motivo no haya podido estar en la marcha. Pero también es cierto que pensé que los barrios más pobres no pudieron llegar. Quedan muy lejos y la gente mira mucho si tiene la ropa para venir al centro; a lo mejor no tienen zapatillas y todo eso se me pasaba por la mente. Pensé en todos aquellos que eran iguales a los chicos que marcharon y no pudieron estar. Y tienen los mismos derechos pero no los pueden vivir. Porque la misma sociedad los limita. Se me fueron cruzando muchísimos sentimientos y sensaciones.
Una cosa es su referencia a la pobreza estructural y a la transformación necesaria, pero ¿cómo cree que se acaba con el hambre?
El hambre es muerte. El hambre es como dicen los chalecos de la marcha, un crimen. El hambre es la mayor de las injusticias. Porque en el supuesto caso de que no fuéramos un país rico, lo poco que hubiera, habría que repartirlo. Yo estoy convencida de que la redistribución del ingreso es la única medida solidaria, justa y equitativa para que todos podamos, por lo menos sobrevivir. Esto es así en todo. Pero con el hambre es indiscutible. Entonces, en un país con hambre, hay que redistribuir lo que entra. No podemos estar haciendo rutas cuando tenemos chicos que no tienen un pedazo de pan para comer, un remedio para ser curados. Sabemos y somos concientes de la orfandad que existe en los hospitales. Hay diagnóstico de enfermedades pero no hay curación.
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