
Nicolás Correa y Alfredo Dianda, los dos jóvenes que fueron víctimas de la explosión en Acindar, fueron despedidos por compañeros de trabajo, familiares, amigos y militantes, unidos por el dolor y la conciencia de que sólo los trabajadores pueden velar por su salud y por su vida.
Esta vez no llegábamos para un encuentro sindical, ni como en otros tiempos, para dar formación en Salud Laboral, o para acompañar la larga lucha de los 70’, lucha que convirtió a Villa Constitución en un bastión de combatividad y dignidad. Esta vez llegábamos para despedir los restos de los compañeros Nicolás Correa y Alfredo Dianda, de tan solo 22 y 23 años.
Cada joven estaba siendo velado en su pueblo y al promediar la mañana sus cuerpos, sus familias, amigos, vecinos y compañeros nos unimos en la capillita de Empalme. A la salida del responso uno de los cuerpos era llevado entre otros por dos jóvenes que por sus manos o muñecas con blancas vendas, no dejaban dudas de que habían compartido el terrible momento del accidente. Eran tan jóvenes como los que ya no estaban…
Parecía que el tiempo acompañaba nuestro ánimo, amaneció con sol y luego se fue nublando, cuando la larga caravana de más de seis cuadras, iba camino al cementerio, al tiempo que en las esquinas algunos vecinos acompañaban en silencio. Estaba la historia de ayer y de hoy, Alberto Pichinini (el Pichi), Victorio Paulón, Omar Bouvier, más cientos de compañeros de Villa.
Repicaba en el silencio además de las campanas, la conciencia adquirida en estos años: “Los pibes de la tercerizada no eran de la otra empresa, eran y son nuestros, por eso paramos, primero ante el accidente y luego en jornada de duelo”.
Por eso, sin palabras ni discursos, se volvía a renovar el compromiso ante Nicolás y Alfredo de que no abandonaremos esta lucha.
Quedarán los lamentos desgarrantes de una madre, el llanto desesperado de su joven compañero a la salida del panteón, grabadas en nuestros corazones, ayudando a fortalecer nuestra conciencia y nuestra memoria.
"La memoria pincha por salir, a los pueblos que no la dejan ser, libre como el viento", nos dice León en su canción y en Villa, como antes en Río Cuarto, Puerto Madryn, Río Turbio y tantos hechos, tan trágicos como previsibles, estaremos pinchando la memoria, unidos y organizados, para ganar conciencias y voluntades al grito de “la salud no se vende, se defiende”.
Fuente: Alicia Unzalu, miembro del Consejo Consultivo de Salud Laboral de la CTA
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