Soberanía comunicacional
Sábado 12 de abril de 2008, por Juan Carlos Giuliani *

El derecho social a la información y la libertad de expresión integran –junto al derecho a la vida, a la alimentación, al vestido, a la salud, a la educación, a la vivienda, etc- el lote de derechos humanos básicos para ejercer a pleno la ciudadanía en una democracia participativa.



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Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA.

La concentración de los medios de comunicación dibujó el mapa del oligopolio informativo cuya nave insignia es el Grupo Clarín. El proceso iniciado durante la última dictadura militar, y profundizado en el curso de la segunda década infame, se ha consolidado a partir de la claudicación de los gobiernos que se han sucedido desde el 10 de diciembre de 1983.

El inmenso poder acumulado por la superestructura del aparato comunicacional en la Argentina y el posibilismo en el que abrevan los gobiernos democráticos, que prefieren negociar antes que confrontar con la prensa hegemónica, explica mejor que cualquier otro argumento la subsistencia de la Ley de Radiodifusión de la tiranía militar firmada por los genocidas Videla, Harguindeguy y Martínez de Hoz.

El Decreto 527 firmado por el ex presidente Néstor Kirchner en mayo de 2005 prorrogando las licencias de los canales de televisión a los grupos dominantes, congeló el formato monopólico que se torna antagónico con el proceso democrático.

Recorriendo el país junto a otros compañeros de la CTA para difundir la convocatoria a la Constituyente Social del 2 y 3 de agosto en Jujuy, muchas veces nos preguntan porqué la lucha y las realizaciones de las organizaciones populares no aparecen en los grandes medios de comunicación.

Lo primero que uno atina a responder es que no nos estamos refiriendo a los “medios”, como si fuera algo neutro, sino a empresas concentradas con intereses económicos, políticos, ideológicos y culturales que comulgan con el proyecto de dominación. Luego, intento describir el poder de la comunicación monopólica citando las empresas que pertenecen total o parcialmente al Grupo Clarín. Reconozco que el recurso suele ser infalible para entender de qué estamos hablando.

El grupo Clarín es Papel Prensa, la Agencia de Noticias DyN, los diarios Clarín, La Razón, Página 12, Rosario 12, Olé, La Voz del Interior y Día a Día de Córdoba y Los Andes de Mendoza; las revistas Viva, Genios, Elle, Elle Deco, Elle Novias, Enseñar; Tinta Fresca; las radios Mitre, FM 100 y Mitre 810 de Córdoba; los canales de televisión 13, Volver, TN, Magazine, Metro, TyC Sports, TyC Max, 6 de Bariloche, 7 de Bahía Blanca, 9 de Paraná, 10 del Alto Valle de Río Negro, 10 de Mar del Plata, 10 de Tucumán y 12 de Córdoba; Ciudad intenet, Fibertel, Flash, Fullzero, el buscador Ubbi; las productoras de cine Patagonik Film Groupe, Pol-Ka e Ideas del Sur.

El Grupo Clarín controla, además, el negocio del cable a partir de la fusión de Multicanal con Cablevisión autorizada por el gobierno a fines de 2007, Supercanal (Cuyo) y Teledigital (Patagonia).

Por una nueva Ley de Radiodifusión

Una coalición integrada por más de cien organizaciones populares elaboró en el 2004 la Iniciativa Ciudadana por una Ley de Radiodifusión Para la Democracia. Una propuesta condensada en 21 puntos.

La iniciativa considera a la comunicación un bien social, alienta el pluralismo informativo y cultural y define a la radiodifusión como un servicio de carácter esencial para el desarrollo social, cultural y educativo de la población, por el que se ejerce el derecho a la información.

La Federación de Trabajadores de la Cultura y la Comunicación (FETRACCOM-CTA) ha reclamado al Gobierno nacional la participación de las organizaciones gremiales y de todos los trabajadores de los medios y la cultura en el debate sobre qué tipo de comunicación queremos para el país.

Los trabajadores de la cultura y la comunicación son los principales generadores y productores de contenidos de los medios y no tolerarán ser los invitados de piedra en el debate sobre qué comunicación queremos para el país.

La FETRACCOM también aboga por medios públicos pluralistas y con participación activa de los trabajadores. Apoya el fortalecimiento de los pequeños y medianos medios de comunicación, locales o regionales, que expresan una rica diversidad cultural y social, y que construyen cotidianamente una comunicación y una cultura por fuera de los monopolios.

La soberanía comunicacional no se declama, se ejerce. Y para ello es necesario voluntad política, conciencia colectiva y fuerza popular organizada. La disputa a fondo con el poder reclama coherencia. No admite fuegos de artificios ni doble discurso.

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