Hacia la Constituyente Social en Misiones
Oberá, la que brilla
Lunes 14 de abril de 2008, por Corina Duarte *

El domingo 15 de marzo de 1936 colonos ucranianos, rusos y polacos, realizaron una marcha de protesta hacia el pueblo de Oberá para reclamar mejores precios para sus productos.

La sequía que afectaba a los cultivos, principalmente al tabaco, la arbitrariedad en que los acopiadores realizaban la clasificación, incidiendo directamente en la fijación del precio; problemas relacionados con la distribución y mensura de las tierras fiscales que ocupaban y un reciente impuesto sobre la yerba mate por parte de la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), los llevó a decidir el domingo 15 de marzo de 1936 a colonos ucranianos, rusos y polacos, a realizar una marcha hacia el pueblo de Oberá.

Reclamaban mejores precios para sus productos; un único precio de seis pesos por arroba de tabaco; la distribución equitativa y mensura de las tierras, y la anulación de un impuesto sobre las nuevas plantaciones de yerba.

Llegaron de Samambaya, Los Helechos, Ameghino, Guaraní y Campo Viera y marcharon hacia el lugar previsto. Al llegar al Cementerio Viejo, actual plazoleta Malvinas Argentinas y frente al galpón de unos de los principales representantes de la Compañía Cuarenta y Tres de tabaco, fueron recibidos a balazos por la policía que se encontraba al mando del Comisario Leandro Berón y por comerciantes del lugar produciéndose escenas de enfrentamiento y confusión que culminó con una gran cantidad de presos y numerosos heridos, siendo algunos trasladados al Hospital Regional.

Entre ellos, las fuentes consultadas en el libro “La Masacre de Oberá, 1936”, de la Licenciada en Historia Silvia Waskiewicz, editado por la Editorial Universitaria de la Universidad de Misiones en noviembre del 2002, con la colaboración y el apoyo del Movimiento Agrario Misionero, destacan a Nicolás Oyempamchuk, que murió el 17 de marzo, Pedro Erentecyues, Davien Gobenyert, Damián Ycocajest, Basilio Litvin, Pedro Cesarchuk y Nicolás Holiferchuk , muertos, al igual que Basilicia Savinski de 14 años de edad el 19 de marzo y su tío Juan Melnik el día de la protesta sin haber participado de la misma, ya que se encontraba realizando una mudanza en cercanías del Cementerio Viejo y fue baleado.

Los colonos que organizaron la marcha eran calificados como “comunistas”, “agitadores profesionales”, “agitadores extremistas”.

El 24 de abril de 1936 fue difundida la resolución que había adoptado el juez Colman Lerner en relación a los implicados en la protesta, encontrando culpables y decretando sus detenciones al personal de policía de la comisaría de Oberá al mando de Leandro Berón y a los “particulares” o comerciantes que acompañaron a la policía para reprimir a los colonos.

También fueron encontrados culpables los colonos considerados organizadores de la protesta, Pedro Mowchan y Basilio Kowal a quienes se les aplicó la Ley de Residencia y fueron trasladados en noviembre de 1937 a Capital Federal.

Frente a la misma plaza

La sede de ATE y CTA funciona frente a la plaza adonde los trabajadores fueron masacrados. Setenta años más tarde, el pueblo de Oberá sigue silenciando la matanza, y el único recuerdo visible y público que quedaba de la masacre, un mural en la Terminal de ómnibus que realizaron los docentes y alumnos, de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Misiones, en el año 1.994 fue borrado por la Municipalidad en un proceso de remodelación y blanqueo de paredes.

En la reunión hacia la Constituyente Social que se realizaba frente a esa misma plaza se encontraban representantes y delegados de ATE, del Movimiento Agrario Misionero (MAM), empleados tabacaleros, trabajadores tareferos, trabajadores de la Salud Pública, militantes del Frente Grande, de la Mutual de Empleados de Estaciones de Servicio, colonos y vecinas y vecinos de la ciudad.

“Para mí es una alegría volver a Misiones. Hay tanta historia, siempre que vuelvo hay algo que motiva más. Yo creo que no se puede pelear sin saber de donde venimos, y estar acá, en este lugar, frente a esta plaza adónde fue la masacre de Oberá, que fue silenciada, es muy importante” comenzó diciendo Víctor De Gennaro y agregó “hoy, al igual que en 1.936 los productores, los tareferos, están peleando por el precio de la yerba, y no habrá forma de resolverlo hasta que no lo resolvamos los auténticos generadores de riqueza, que somos los trabajadores”.

Olor a tierra mojada

Pocas veces llueve en Misiones. Siempre falta agua, siempre andan esperando la lluvia. De tanto que la esperan, cuando llueve, aplauden. Eso pasó en Oberá con las primeras gotas, y mucho antes había revelado su llegada con el olor a tierra mojada. Tierra roja por muchas razones.

“La situación en la provincia de Misiones hoy es bastante compleja”, cuenta Eugenio Kasalaba del Movimiento Agrario Misionero (MAM). Nacido en 1.971, el M.A.M cuenta las luchas, pero también la persecución, la cárcel y sus desaparecidos.

El precio de la yerba se fija a través del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y para los pequeños productores es muy bajo. “Nos pagan cincuenta y dos centavos el kilo, y eso no alcanza. La gente está recibiendo vales para mercadería, porque tiene una deuda con el secadero que le hace firmar como que le está pagando y no lo está haciendo. Esa es la realidad del productor yerbatero”.

Yerba, tabaco y té, van de la mano.“La situación del productor tealero es similar. Nos pagan a un precio fijado que es de veintidós centavos” agrega. La situación de sequía natural de la provincia hace que, si dos meses no llueve, al faltar materia prima, ley del mercado, el precio aumenta, por esta razón, “desde el año pasado está a veintidós centavos, pero no es el costo, debería ser alrededor de cincuenta centavos el kilo de hoja verde. En época buena el kilo de té valía un kilo de combustible. El té se exporta alrededor de dos dólares el kilo” continuó Kasalaba.

“El productor tabacalero está envenenándose con el sistema de producción de tabaco. El productor de las zonas muy pobres, dónde no tiene otro ingreso que no sea la producción de tabaco, queda debiéndole a la empresa de un año a otro y lo obligan a seguir plantando”.

“Los insumos que utiliza son de alto contenido de veneno, de alta contaminación y muchas veces vemos productores con problemas de salud, con chiquitos con malformación, con aguas contaminadas. Esto es muy grave a la realidad del productor tabacalero”.

Las ferias

Estas situaciones obligan a la imaginación y al esfuerzo a encontrar otros canales de producción y circulación de la mercadería. Hace 13 años, el Movimiento Agrario junto con ATE comenzaron las Ferias Francas.

“Las ferias francas son 2000 familias de pequeños productores que venden en la ruta, en la calle, en las plazas, lo que están produciendo” describe, “demostrando que Misiones puede ser productora de alimentos. Gastamos mucho dinero en productos que nosotros mismos podemos producir, verdura, queso, leche, carne, alrededor de dos mil millones de pesos por año, pero esto tiene que tener políticas a largo plazo, donde yo productor pueda tener créditos blandos, y armar otra producción que no sea sólo la yerba, para alimentarme mejor y para que el núcleo familiar siempre trabaje y se quede en la chacra”.

Otro de los problemas a los cuáles se enfrenta el pequeño productor, es el éxodo de trabajadores rurales. “La gente se sigue yendo a la ciudad. Y como yo, pequeño productor, no puedo darle trabajo al obrero, el obrero tampoco se queda” finaliza.

¿Qué querés ser cuando seas grande?

Cuando la plata no alcanza y las escuelas quedan lejos, los pibes se van a trabajar la tierra. Ser tarefero, nombre que recibe el trabajador de la yerba, es la salida laboral más concreta en estas tierras.

Cada tanto llegan empresas de capitales extranjeros o nacionales, que se instalan en otras provincias y arrancan la caravana en busca de mano de obra barata. Prometen buenos salarios, o mayores a los que reciben y se llevan a los padres y a los hijos. Al tiempo regresan, descubriendo el engaño. Pagan en Corrientes la quincena de trabajo 200 pesos, lo común es que regresen quince días más tarde con 100 pesos en el bolsillo.

Analía Baidovski forma parte del Movimiento Agrario Misionero. Es docente de una “escuela rancho”, erradicadas desde hace mucho tiempo según los gobiernos provinciales. A través de la movilización de los padres se logró la construcción de otra escuela, lentamente, porque no se destina el dinero necesario.

Diariamente mandan los padres notas a la escuela contando su situación. Dicen que no tienen ropa para los chicos, que no tienen comida, familias numerosas de 10 hijos, con casos de desnutrición.

Hace un tiempo preguntaron qué querían ser los chicos cuando sean grandes, la respuesta de uno de los pibes fue “yo quiero ser jefe de hogar”. “Lo que quieren los chicos es poco, porque no ambicionan, quieren comer y dormir tranquilos” dice Baidovski.

Los maestros arman colectas de lápices y cuadernos, muchas veces resignan unos pesos de sus salarios para comprar materiales. Propusieron un juego. “Cada vez que necesitábamos algo se los pedíamos. Antes les habíamos regalado un autito. Les pedíamos, si no hacían, se lo sacábamos. ¿Para qué hacíamos esto? Para que se den cuenta, que si están sujetos a un plan que le brinda el gobierno, también están sujetos a hacer lo que les piden. Es no tener libertad…” agrega la docente.

Brilla ¿brilla?

La entrada a Oberá tiene una estatua de Evita hecha de lata. Es fuerte verla y empezar a andar por el camino de lapachos en flor y araucarias, dejar atrás los pinos y los eucaliptos que crecen como la soja para alimentar la sed de las empresas productoras de pasta de celulosa.

Oberá quiere decir “la que brilla”. Ciudad de ramblas floridas, la exhuberancia misionera por todos lados, hasta en el casino que se alza inerte en la esquina más transitada de la ciudad y emite ruidos de maquinitas tragamonedas.

A la hora de la siesta todo permanece cerrado con excepción de algunas heladerías que calman ligeramente el calor pesado, húmedo, de la tarde misionera.

“Nos vemos en Jujuy” dijeron los compañeros. Vladimir el estilista uruguayo que vive en Oberá desde hace muchos años aseguró lo mismo detrás del casco a punto de subirse a su moto. De regreso pasamos por la terminal vacía de vendedores ambulantes que resisten el desalojo que se les viene encima cuando la terminal se mude y ahí se instale el poder judicial.

Era de noche. Ningún rastro, ningún recuerdo en la pared de lo que fue la matanza silenciada de los trabajadores. Pero los pueblos no olvidan. Oberá tampoco.


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Equipo de Comunicación Coordinación Nacional Constituyente Social: www.constituyentesocial.org.ar

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