Macri proyecta cerrar los hospitales Neuropsiquiátricos Borda y Moyano
La sospecha
Jueves 15 de mayo de 2008, por Tabaré Alvarez *

No hay balada para un loco. Y no hay luna por Callao y nadie vendrá por la ribera de tu sábana. No. Los van a tirar a la calle. Está esa sospecha. Y lo que se traen indigna: una brutal agresión contra la población más inerme, hombres y mujeres que no tienen la mínima posibilidad de defenderse.

Son los internos, muchos cargando quiebres psíquicos irreversibles, otros, con posibilidad de volver a integrarse a la sociedad. Son los internos -y externos- de los históricos hospitales neurosiquiátricos del país, verdaderas escuelas para profesionales, sean médicos o sicólogos: El Borda y el Moyano. Y una voz, a esto me lo cierran.

Es Macri. A esto me lo cierran. Grande Ingeniero.

¿Y los compañeros, qué dicen los compañeros? Hay un acto de los trabajadores sobre la calle Suárez y los oradores; sindicalistas y profesionales hablan, resumen la expresión a un código reconocible: Macri es Macri. Un apellido, una familia colgada de las debilidades o corrupción en los diversos gobiernos que se han ido sucediendo en Argentina. “Ahora por fin –como dijo una compañera en esa mañana de enojo y lucha-, ahora sí Buenos Aires está atendida por sus propios dueños”.

Me los cierran. En esas 42 hectáreas vamos a hacer el Centro Cívico. ¿Qué tal? Los locos a la calle y el negocio al bolsillo de la pandilla de siempre.

Lo cierto es que hubo torpeza del Ingeniero, cuando anunció de manera sincronizada el cierre de los “manicomios Borda y Moyano” y la concreción en esos terrenos del nuevo centro cívico de la ciudad. Eso hizo ruido. Como el Ingeniero tiene prensa a favor, no hubo escándalo. No le soltaron los perros. Porque bruto es bruto. De eso no hay duda. Queda que el tiempo corrobore que, además de eso, es un inútil. Exceptuando ese olfato familiar para utilizar el Estado para beneficio propio.

La sospecha es inevitable.

El negocio inmobiliario en la parte más abandonada y desvalorizada ediliciamente, como esa zona donde tienen sus históricas raíces los hospitales neurosiquiátricos Borda y Moyano. Bueno. En esto no hay manera de meter poesía por ningún resquicio. Huele mal. Por lo menos a los trabajadores de ATE y a todos los sindicatos que forman la multisectorial, les huele a mierda, a que quieren dejar a los enfermos en la calle.

El negocio y el repique, Macri es hijo de Macri, en los cánticos.

Ya les dio a los cartoneros, se han reprimido a compañeros de empresas recuperadas y, con descaro propio de alguien que vive en una burbuja dice que los empelados públicos de la Ciudad Autónoma deben ser educados y vestir correctamente.

“Acá tenemos tres enfermeras para 70, 80 pacientes. Pacientes que no tienen ropa ni familia. Y este señor decir que tenemos que venir de trabaje y corbata cuando no hay gas ni agua.”

Esto se escucha de los compañeros. Y más. Esto funciona porque ponemos el hombro. Porque las compañeras tienen la vocación que merece alto reconocimiento y que no venga ricachón a decirle que debe atender con educación…

¿Educación? Cierro dos loqueros y con las 42 hectáreas, hago un complejo cívico y un negocio inmobiliario. Y cuando vio que no había manera que la prensa le soltara los perros, retrocedió y convocó a que el Centro de Arquitectos realizara el proyecto de urbanización.

Huele a mierda. No hay nada que hacerle.

Y ahí están los compañeros, las compañeras, con su ropa que apena, con salarios que apenan, sosteniendo este centro especializado, que tiene sobre su historia lo que el Clínicas lo tiene en otro sentido. Y ahí también huele mal. Y la cosa no quedará sólo el negocio inmobiliario, lo que sigue es la privatización de la medicina. Ya hay negocios con laboratorios, que fue lo primero que hizo el Ingeniero Macri; abortar los centros de investigación del Estado y derivarlo a lo privado.

“Carajo. Lo sabíamos, pero vienen por todo”. Eso dijo la compañera Tránsito del Valle Fernández, enfermera, delegada, capaz de cantarle una canción de cuna a una mujer ya anciana que pide por su madre.

Vienen por todo.

Del otro lado, los trabajadores, los sindicatos, las organizaciones sociales. Y ya los compañeros estaban ahí, cortando la calle, batucada, tratando de darse fuerza, recalentando el aire, ya sabiendo que la pulseada será larga y si no hay apoyo de sectores ciudadanos, todo se hará cuenta arriba. Tejer alianzas. Sabiendo que tienen la prensa en contra. Si una enfermera roba una toalla será tapa de diario. Seguro. Ya lo han hecho.

Vienen por todo, compañeros. Este conflicto es de todo el campo popular, de esa unidad y en ella está la posibilidad de defender el Hospital Público, la salud para los que no tienen, para los despojados.

Ahí estaremos.

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