Con Macri: “No está bueno Buenos Aires”
Martes 27 de mayo de 2008, por Manuel Alzina *

Estamos discutiendo desde el piso de nuestros derechos y para torcerle la mano a aquellos que nos quieren llevar de nuevo al reino del mercado debemos unirnos sin condicionamientos.



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Secretario Adjunto de la CTA Capital Federal.

En los últimos días donde la discusión sobre los poco creíbles índices oficiales de medición de precios llevó a variados sectores a volver a hablar de pobreza en el país, el Jefe de Gobierno de la Ciudad hizo declaraciones donde se mostró compungido y preocupado por el aumento “leve” de la pobreza y la indigencia en los barrios más humildes de nuestra Ciudad y declaró: "Con la inflación actual a la gente no le alcanza" y “lamentablemente, la demanda sobre la ciudad de Buenos Aires crece todos los meses, por vivienda, por atención en el sistema de salud, por vacantes para la educación".

Eso sí, por las dudas, el nuevo representante de la derecha fashion declaró: “La Ciudad no da más, no tiene más capacidad para resolver más problemas”. Ante la hipócrita preocupación de la derecha que llora por la pobreza pero despide empleados, desaloja vecinos, cierra programas sociales, de vivienda y culturales, no les paga el sueldo a los maestros y encima deja a los chicos a merced del frío a pesar de haber prometido todo lo contrario se impone una reflexión para aportar a la necesaria unidad para enfrentar a los resabios del neoliberalismo que viene por revancha.

Ya nadie puede defender los índices del INDEC, la realidad que es la única verdad se impuso dejando de lado la confusión para mostrar la cruda cara de una intervención fallida que pone en discusión la credibilidad del Gobierno Nacional y que favorece a la derecha vernácula que pregona el río revuelto y el caos para pescar lo que por construcción propia le resulta imposible por lejos. Esta delicada situación nos pone ante la disyuntiva de; criticar y reclamar sobre aquello que el Gobierno Nacional no hace en pos de favorecer una perspectiva popular y participativa para realizar los cambios necesarios que necesita nuestro país y nuestro pueblo; y fortalecer la unidad de aquellos que no queremos que se consolide el neoliberalismo en la Ciudad por lo que eso implica para el presente y el futuro.

Sabiendo entonces que la inflación real golpea fuerte en los bolsillos de los trabajadores es que debemos seguir reclamando a nivel nacional políticas inclusivas universales y la personería gremial de nuestra Central como herramienta imprescindible para la distribución del ingreso, debemos fortalecer la agenda propia, la paritaria social y también la discusión sobre todos aquellos temas pendientes como la energía y los recursos naturales, la intervención del Estado en aquellos sectores estratégicos de la economía que todavía permanecen en manos de capitales privados extranjeros o nativos, la cultura, la educación como la política agropecuaria (sin dejar de apoyar las Retenciones móviles a la soja pero reclamandolas para otros sectores de la economía) e industrial abriendo siempre esa discusión a otras organizaciones del campo popular. Poner en discusión estos temas y comenzar a construir herramientas que fortalezcan nuestras ideas para ponerlas en práctica son nuestro objetivo a los cual el último Congreso de la CTA le puso nombre y apellido: Constituyente Social.

Teniendo en cuenta estos factores debemos intentar aplicarlos a nuestra Ciudad, sabiendo de antemano que la agenda propia debe contraponerse aquí contra la desaparición del Estado pregonado por Macri. No es lo mismo plantear la Paritaria Social y el debate de la Constituyente en una Ciudad gobernada por la derecha que hacerlo a nivel nacional. Y esto es claro porque a pesar de las muchas contradicciones y errores que existen en el plano nacional lo que se discute allí es como interviene el Estado y como se distribuye aquello que el Estado recauda mientras que en la Ciudad partimos de un piso muchísimo más bajo. Estamos discutiendo desde el piso de nuestros derechos y para torcerle la mano a aquellos que nos quieren llevar de nuevo al reino del mercado debemos unirnos sin condicionamientos.

Debemos hacer un esfuerzo gigantesco para desbaratar la política de dividir las luchas por sectores que fortalece al macrismo. Tomando el ejemplo de aquella movilización de finales de diciembre de 2006 contra los despidos donde la Central se manifestó en conjunto con un arco de organizaciones sociales, culturales y políticas o la lucha contra el cierre de los talleres del programa cultural en los barrios así como el ejemplo más pequeño pero no menos interesante de la Caravana contra la exclusión y por nuestros derechos realizada en Bajo Flores en marzo. Debemos crear herramientas unitarias dinámicas y fortalecer aquellas existentes como el Foro de Promoción de los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud y la Comisión de Control, Evaluación y Seguimiento de la ley 341 (CCES).

Debemos intentar unificar las luchas del territorio con la de los trabajadores para le paguen a los docentes y no haya despidos ni que cierren el Borda y el Moyano, debemos rodear las luchas cuando no sea posible coordinar propuestas unitarias. Debemos unirnos contra los desalojos que avanzan sobre los más débiles día a día en los barrios porteños y que pretenden expulsar de la Ciudad a los pobres. Debemos ser inteligentes para enfrentar a Macri y sus ministros que en cámara se preocupan por la pobreza pero que ni se inmutan ante la política de destruir o debilitar programas que dejan sin alimentos y planes sociales a miles de porteños desocupados o que dejan en manos del sector privado a los pibes de la calle.

Tenemos la necesidad y el deber de unir nuestros reclamos con los variados espacios existentes de coordinación en la Ciudad para desenmascarar a esta derecha xenófoba y exclusiva y poner en el tapete nuestras propuestas. Podemos discutir, incluso disentir sobre la marcha del Gobierno Nacional; para eso somos una Central democrática que contiene distintas identidades políticas y que se ha ganado el respeto de los laburantes que nos conocen como de sectores amplios de la sociedad argentina. Lo que no podemos es poner esas discusiones y esas diferencias como árbol que tapa el bosque. Debemos unirnos con inteligencia y generosidad, sin sectarismos ni personalismos anclados en el pasado y en disputas generacionales caducas.

No correr el árbol implica el riesgo de que nos talen el bosque en la Ciudad primero y luego en el país.

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