Repudio y denuncia de la CTA
“La falta de prevención provocó la muerte de dos trabajadores”
Miércoles 28 de mayo de 2008, por Redacción *

“Nuevamente la desaprensión y la negligencia nos ponen ante la muerte evitable de dos compañeros, Ricardo Cabello y Andrea Itati Pérez, de 19 y 27 años, respectivamente, trabajadores de la empresa tercerizada SIP, que desarrollaban tareas de limpieza en el Hospital Madariaga (de la ciudad misionera de Posadas). Todo indica que fueron víctimas de una intoxicación que afectó su salud ocasionándoles la muerte”, sostuvo la Central de Trabajadores de la Argentina en un comunicado de prensa que lleva la firma de su secretario general, Hugo Yasky, y del de Salud Laboral, Claudio Marín.

María Elisa y Enrique contaron que su hijo trabajaba sin guantes ni barbijo. [Foto:Sixto Fariña]

A la gravedad de este hecho se suma que “existen por lo menos 5 compañeros mas internados con cuadros similares por el contacto con la misma sustancia que habría intoxicado a nuestros compañeros”. Por eso la CTA señaló que “más allá de los resultados definitivos de la investigación, queda claro que la tercerización como forma de precarizar el empleo y fracturar el colectivo gremial contribuyen de manera directa a la falta de control sobre las condiciones de trabajo y las políticas de prevención de accidentes. La empresa tercerizada comenzó a repartir implementos de seguridad luego de que los compañeros habían fallecido”.

En otro de los párrafos del comunicado la CTA subrayó: “Pero así como existen responsables directos también están los que por acción u omisión permiten que el actual marco legislativo permanezca sin cambios impidiendo la creación de los comités mixtos de prevención en cada establecimiento, como así también la presencia en cada sector de los delegados de prevención, elementos estos que permitirían accionar en forma inmediata e impedir que nuestros compañeros mueran por causas evitables”.

Asimismo, la Central se puso a disposición de las familias de los trabajadores fallecidos y se comprometió “a llevar adelante por todos los medios a su alcance la investigación de los hechos”.

Yasky y Marín también expresaron la voluntad de la CTA de redoblar los “esfuerzos para que exista una nueva legislación que permita la prevención el tratamiento y la reparación de los accidentes de trabajo”.

A continuación reproducimos íntegramente la nota publicada en la edición de hoy del diario El Territorio de Posadas bajo el título “Ricardo y Andrea murieron en una semana y con síntomas similares”.

Una sed insoportable y un ardor intenso en la zona abdominal marcaron las últimas horas de Ricardo Enrique Caballero (19) y de Andrea Itatí Pérez (27), dos empleados de la empresa SIP que realizaban tareas de limpieza en el Geriátrico de Villa Lanús y en el Hospital Madariaga y que fallecieron en el lapso de una semana. A pesar de los días que pasaron tras las dos muertes, ni Salud Pública, ni la Justicia, ni menos la empresa que los empleaba se acercó a las familias.

A Ricardo la vida se le escurrió en menos de 24 horas. Se descompuso el viernes 16 de mayo poco antes del mediodía, y al día siguiente, a las 9.30, estaba sin vida. Sus amigos lo llamaban el Polaco porque se había pintado el pelo de amarillo. Ingresó a trabajar para el sector de limpieza de la empresa SIP a los pocos días de terminar la secundaria en la Comercio 8. "Quería tener su plata", contó María Elisa, su madre, Ricardo era su único hijo varón.

María Elisa recapitula que hace unas dos semanas su hijo le contó que habían cambiado los artículos de limpieza de la empresa. "Me decía todo el tiempo que estaba muy fuerte el olor a lavandina. Que le hacía doler la cabeza y lagrimear", contó la madre. "Le pregunté si estaba trabajando con barbijo. Y me dijo, ’si ni siquiera tenemos guantes", recordó.

Por 300 pesos

Ricardo trabajaba de lunes a viernes, de 6 a 14. Los sábados limpiaba de noche, doce horas corridas, de 18 a 6, según explicaron sus padres. Por esas tareas le pagaban a veces 300 pesos, otras 350 y hubo veces en que el pago fue de 200 pesos. "Acá nunca llegó un recibo. Pero firmaba una planilla por 750 pesos", aseguró su madre. Además recibía un vale por 100 pesos, que podía cambiar por mercadería en el comercio de la empresa, que se encuentra en el barrio A-4, según explicaron los Caballero. Estos últimos meses Ricardo se ocupaba de la limpieza del Geriátrico de Villa Lanús. Pero también cumplió tareas en el Hospital de Pediatría. Su madre recuerda que un día llegó muy sucio de trabajar. "Me contó que el patrón había buscado a cinco de los empleados y los llevó a limpiar su chanchería, y su casa quinta", narró.

Las últimas horas

El último viernes de su vida, Ricardo se levantó a las 5 de la mañana. Y desayunó y fue a trabajar. Pero a las 11 se sintió mal en su trabajo. Tenía fuertes dolores abdominales y de cabeza. María Elisa lo esperaba a almorzar. Pero Ricardo no probó bocado. Tomó otro vaso de leche y se duchó. "Decía que no se aguantaba el olor a lavandina, que no se lo podía sacar de las manos", narró María Elisa. Ella misma le sentía el olor a lavandina.

A las 18 se levantó y volvió a bañarse. Insistía en que no se aguantaba el olor. Se había comprado un celular el día anterior y quería "darle un concierto" a su mamá, con la música de su teléfono. Y pasó esa última tarde, a pesar del dolor de cabeza, sacándole fotos a su familia.

La semana próxima firmaba su ingreso a la Escuela de Policía. "Había pasado todos los exámenes. Fue declarado apto. Mi hijo era sano", aseguró su madre.

A las 4 de la mañana despertó a la familia con gemidos de dolor. "Lo ayudé a bañarse. Y para ir al hospital lo vistió la hermana. Decía que no sentía las manos ni los pies, le hormigueaba". Estuvo en emergencia sobre las 6.30. Sufrió tres paros, del tercero ya no salió.

"El médico preguntó si había salido, si había tomado algo, si se había golpeado", contó su padre Enrique Caballero. "El médico nos dijo que no le cerraba. Y yo le dije, si a usted no le cierra, menos a mí. Y autorizamos que se haga una autopsia", recordó María Elisa.

La Justicia analiza químicos incautados

El cuerpo médico forense de toxicología comenzó a analizar los químicos confiscados por disposición judicial, para determinar si esos elementos causaron las muertes de los empleados de limpieza en al menos dos centros de salud de esta ciudad.
Representó una de las medidas adoptada por el juez José Luís Rey del juzgado de Instrucción número 2, quien investiga los motivos que provocaron el deceso del personal de limpieza.

Según se supo, al menos dos de los cuerpos examinados y sometidos a autopsia tendrían vinculación con los casos investigados.

A esta altura comienza a descartarse la posibilidad de que las muertes fueran provocadas por alguna cepa intrahospitalaria y crece la hipótesis de que las víctimas tomaron contacto directo con algún producto químico de alta peligrosidad. Esa es la tarea encomendada e iniciada desde ayer por parte del cuerpo médico forense, aunque esos estudios pueden demandar hasta dos semanas para conocerse los resultados.

Una de las medidas recientes dispuestas por el juez Rey, fue el pedido de informes a todos los sanatorios para verificar si durante el mes de mayo se han registrado personas internadas con patologías similares a los fallecidos.

"Hemos disparado todos los mecanismos a nuestro alcance", confió el juez. Se supo que se han pedido documentaciones, allanamientos para incautar muestras e informes de los proveedores de estos productos realizados en los últimos meses.

Hasta el momento el hecho no tiene aún carátula y las autopsias encomendadas, son para determinar la existencia de delitos. "Por ahora son diligencias preliminares", aclaró el juez.
En la justicia existe mucha cautela en cuanto a vincular las muertes registradas con síntomas similares y continuará de esta manera, hasta que se conozcan los resultados de los laboratorios.

El mismo juez Rey, solicitó en caso de que algún familiar sospeche de alguna muerte con similares síntomas realice las denuncias correspondientes para iniciar las correspondientes investigaciones y verificar si tienen vinculación con las muertes de estos empleados de limpieza.

Andrea Itatí dejó tres hijos

A Andrea le gustaba mucho la música y amaba a sus hijos de 10, 4 y 3 años a pesar de que el trabajo le robaba tiempo para estar con ellos. El mismo trabajo que le robó hasta la vida. Trabajaba de noche en la limpieza del Hospital Madariaga y regresaba por las mañanas a su casa.

A sus familiares les cuesta precisar los síntomas que alertaron la presencia de la muerte, porque ella casi no se quejaba. Pero recuerdan la sed intensa, el dolor en la zona abdominal. "Le ardía, era como que quería sacar algo del estómago", recordó su cuñada Nancy Cabral. Y también el fuerte deseo de dormir. Una de sus hermanas contó que tenía un dolor de cabeza intenso, diarreas y mareos. Cuando la internaron, el 22 de mayo, fue porque comenzó a convulsionar. El diagnóstico tras su fallecimiento fue un edema cerebral. Pero hoy sus familiares quieren que se sepa por qué perdió la vida. Fue internada en el Hospital Madariaga el jueves 22 de mayo a las 16.30 y falleció el sábado 24 a las 8.

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