
Una madre mata a su hija discapacitada y se suicida. Estupor, dolor, impotencia. La tragedia de Quilmes nos golpea en pleno rostro. Nos interpela a todos: gobierno, sociedad, ciudadanos con su gradación de responsabilidad. ¿Nos puede sorprender? No.
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* Director del Departamento de Discapacidad de la CTA |
Quienes trabajamos en la temática de la discapacidad conocemos el peregrinar de estas madres. La firmeza, la tozudez, la soledad y el desamparo en su trajinar en procura de lo mejor para sus hijos: poder tenerlos dignamente en casa, una institución que los contenga, el pase para el transporte, la pensión, la escuela, lo salud, el trabajo, un subsidio.
Y la negativa permanente, el obstáculo, el ninguneo. Los tiempos de la burocracia. La indiferencia.
Corria el año 2001/2 en plena crisis. En la antigua sede de la CTA de la calle Independencia asambleas multitudinarias de padres, personas con discapacidad, familiares debatiendo las estrategias para que no cerraran las instituciones educativas, para garantizar la provisión de medicamentos, prótesis, tratamientos, pañales que el Pami, el Profe y distintas obras sociales empezaban a dejar de cubrir.
Nace la "Comisión de Padres y Familiares de Personas con Discapacidad”. Actividad incesante y febril. Cortes de calle, cacerolazos, participación en las asambleas barriales. Presentaciones y reuniones con las distintas Defensorías, la Comisión de Discapacidad de Diputados, la Conadis, el Pami, con cientos de manifestantes bancando a las comisiones que los representaban ante los funcionarios.
Recursos de amparos, movilizaciones con los trabajadores de la Salud y la CTA en el Congreso contra la Ley de Emergencia Sanitaria que eliminaba la rehabilitación, la cobertura de la educación y tratamientos a las personas con discapacidad.
Horas y horas unificando las reivindicaciones, haciendo carteles, pancartas, volantes, declaraciones de principio.
No tenían los anticonvulsionantes, las intituciones intimaban para que retiren a sus hijos, para que no los manden porque estaban despidiendo personal.
Y entre corte de calle, manifiesto, mate, una letanía que se imponía: “¿y cuando no estemos nosotras?”
Hoy no estamos en esa crisis. Pero para muchos persisten las mismas necesidades.
Las conocemos, sabemos de su obstinación y de su lucha. De su inquietud e incertidumbre: “¿qué será de ellos cuando no estemos nosotros?”.
Nadie sabe qué pasa por la cabeza de alguien que comete semejante acto; no existe un único motivo posible. Entonces, algunos dirán locura, despropósito.
Nosotros las conocemos. Y sabemos de otros motivos: la indeferencia, la soledad, que en un momento de quiebre o desolación pueden llevar a una madre a apretar el gatillo.
Yo lo veo así. Y porque hay que seguir, rescato las palabras del entonces secretario General de la CTA cordobesa y actual secretario de Comunicación y Difusión de nuestra Central, "Pipón" Giuliani, en una Jornada de Derechos Humanos y Discapacidad realizada en Córdoba: “Entre otras cosas decidí impulsar el área porque soy padre de una adolescente con síndrome de down y hasta que no me pasó yo también creía que era un tema de los otros. Y hoy es una bendición saber que mi hija tiene instrumentos y herramientas como ésta que estamos forjando entre todos para combatir la discriminación”.
La tragedia de Quilmes convoca a redoblar los esfuerzos para afrontar sin prejuicios el tema de la discapacidad, y para conocer y reflexionar lo que nos está pasando como sociedad antes de levantar el dedo acusador y condenatorio para que todo siga igual, nada cambie.
Y para que cambie, es hora, también, de renovar el compromiso de combatir a la pobreza, principal causa de discapacidad en nuestro país.
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