Un dictador en Villa María
Lunes 16 de junio de 2008, por Jesús Chirino *

Hubo una época, no muy lejana, en que el terror era el principal instrumento de aquellos que habían usurpado el poder. La sombra de lo perverso se obstinaba en tapar la luz de quienes se animaban a pensar.



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Secretario de Derechos Humanos de la CTA Villa María.

Un pequeño general comandaba las fuerzas de la oscuridad que azotaban estas tierras, no pocos civiles le rendían honores. En Villa María también hubo quienes le presentaron sus respetos a este personaje cuando vino a dar una conferencia en el marco del conflicto por las Malvinas.

En el inicio del libro de Leslie Poles Hartley, “The Go-Between”, cuya adaptación cinematográfica se titula “El Mensajero”, una cita señala: “El pasado es un territorio extranjero; allí las cosas se hacen de manera diferente”.

Interesante fórmula para expresar la extrañeza con que podemos observar sucesos pretéritos, acaecidos en tiempos en los cuales imperaban otras soberanías. Pero a pesar de la sensación de rareza, el pasado persiste, está aquí, aún como extranjero al territorio presente, incluso en los intentos de negarlo siempre influye en esta época. Pero a la hora de escudriñarlo y traer desde allí material necesario para comprender lo actual, suele abordarnos esa extrañeza ante lo extranjero. Esto mismo suele ocurrirles a los jóvenes actuales cuando se asoman al mundo de aquellos más de siete años de la sangrienta dictadura militar que azotó nuestro pueblo desde 1976, cuando el miedo modelaba conductas e imponía algo que llamaban orden.

En ese pasado, Luciano Benjamín Menéndez, al frente de una zona militar, era dueño y señor de la vida de los hombres y mujeres de diez provincias argentinas. Sus compañeros lo apodaban “Cachorro”. Sobrenombre que, por la monstruosidad con que ejerció el poder, asociamos al de Cerbero, perro que según la mitología griega cuidaba la puerta del inframundo no dejando que de allí salieran los muertos. Desde setiembre de 1975 al mismo mes de 1979 estuvo al frente del Tercer Cuerpo del Ejército. En ese tiempo, el general de división se encargó de establecer espacios infernales en la provincia, el campo de concentración “La Perla” fue el de mayor actividad. Allí fueron trasladados, y seguramente torturados, algunos de nuestros convecinos detenidos desaparecidos.

El juicio

En la actualidad Menéndez y otros siete represores están siendo enjuiciados por el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Córdoba en la causa conocida como Brandalisis, que investiga los tormentos y homicidios en perjuicio de cuatro jóvenes detenidos desaparecidos.
En los años ´80 con su habitual gesto impasible, sin arrepentimiento, acostumbrado a la impunidad y como manera de justificar las atrocidades que cometió cuando ejercía el poder dijo “sólo maté comunistas”. Ahora está sentado en el banquillo de los acusados, pero en cada audiencia, luego que los testigos lo identifican, junto a alguno de sus secuaces pide permiso para retirarse a una sala contigua. Quizás, por la monstruosidad que anidó en su humanidad, tiene miedo de verse a sí mismo. Teme encontrarse en los relatos de los ex detenidos y ver su crueldad.

Ya nadie le teme, ha dejado de ser el hombre de poder que fue por años, incluso después de la dictadura cuando sus “conexiones” lo seguían protegiendo. Pero continúa sin posibilidad de autocrítica alguna, refugiado en el orden que alguna vez se fabricó. Dice ser el único responsable de todas las atrocidades que cometieron los asesinos de su banda. Detrás de su aparatosidad, no hay más que miedo a descubrirse monstruoso.

Ya no le rinden pleitesías, salvo sus secuaces que aceptan sentarse en la sala de audiencia de manera tal que reflejan la jerarquía en la que creen, en un extremo el general en el otro el imputado civil.

Visita a Villa María

En otros tiempos, aún sabiendo quién era, no pocos civiles le rendían honores. Cuando nuestro país estaba en el período patológico de la dictadura militar, Menéndez vino a Villa María. Fue recibido con honores. Era la época en que los militares apelaron a una guerra para ver si podían seguir en el poder.

En la edición del lunes 26 de abril de 1982 el diario Noticias anunció que el general de división, retirado, Luciano Benjamín Menéndez, entonces presidente del Movimiento de Afirmación de la Soberanía (­MAS) disertaría en la ciudad el miércoles 28, en las instalaciones del Cine Gran Rex a las 21 horas. La conferencia fue organizada por la Escuela de Ingeniería de la facultad local de la Universidad Tecnológica Nacional con el apoyo, entre otros, del Centro de Ingenieros y Arquitectos, la Peña El Quebracho, el Club de Leones y el Rotary Club de Villa María (Centro). La disertación había sido titulada “Reflexiones sobre el conflicto con Gran Bretaña para obtener la definitiva posesión de las islas del Atlántico Sur”.

En la tapa del mismo diario, el 29 de abril, ilustrada con una foto del general terrorista, se tituló “Menéndez pidió cambios en economía”. En una entrevista dijo que “En lo interno creo que acá se ha mostrado que cuando hay un objetivo alto y noble los argentinos nos unimos detrás de él y emprendemos lo necesario para conseguirlo. Uno de los dramas, que creo yo, vivimos desde hace tiempo en Argentina es que nos faltan objetivos políticos, es hora de que fijemos otros objetivos con la misma claridad que éste de la recuperación de las Malvinas”.

En las declaraciones, quien odiaba a los comunistas, reprochaba a los Estados Unidos por la postura que tomó en el conflicto de las Malvinas “no deja de ser una ironía que quien promovió el TIAR para consolidar un bloque americano contra el comunismo, cosa que me resulta espléndida, y que contó con el apoyo total de sus firmantes en la crisis de los misiles con Cuba, ahora da un mentís a aquello de “América para los americanos”. En la concurrida conferencia agregó: “Tenemos que ser muy cautelosos con los países del área comunista, porque sin dudas hay salvavidas que son de plomo”. Pensar que el general creía que aquellos que simpatizaban con el comunismo no merecían vivir.

En la conferencia el militar habló de que cada avión argentino debía ser contado por tres, que los soldados eran valientes, que los ingleses no vendrían. Los presentes lo aplaudieron.

Actualmente cumple prisión y en cada audiencia concurre a la sala del Juzgado para sentarse en el banquillo de los acusados. El, que fue dueño del imperio de las sombras, se perturba con la luz de los flashes. Al rato se escuchan los dramáticos testimonios de los testigos. Luego que lo identifican el general huye, no soporta verse a sí mismo en el banquillo, quizás aún tiene resto para bravatas, pero si bien se le asegura el respeto de sus derechos ya nadie le rinde honores.

Muchos de los que alguna vez aplaudieron lo que hacía, ya no lo hacen públicamente, sería interesante que pudiéramos escucharlos diciendo que se equivocaron cuando por estar cerca del poder justificaban lo injustificable.

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