
La Reina del Plata muestra sus miserias. En el barrio Luis Piedrabuena, en Villa Lugano, dos mil ciento catorce familias, alrededor de dieciséis mil personas, no tienen agua, ni gas, como tampoco gozan de buenas escaleras ni ascensores en condiciones.
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* Periodista. |
Es parte de la realidad que hoy gobierna el señor Mauricio Macri, otrora presidente del club de fútbol más popular de la Argentina y que, después de las últimas semanas, comienza a perfilarse como candidato presidencial por los intereses de la siempre activa derecha argentina para 2011.
Por eso sería bueno tener en cuenta lo que dicen los vecinos de Piedrabuena.
“Atención: estamos muertos. Muertos de frío sin gas. Muertos de sed sin agua. Muertos de miedo de que se nos caiga una escalera, un tanque (de agua), un ascensor o el barrio entero”, apunta uno de los carteles de los habitantes del lugar.
Las crónicas periodísticas también informan sobre “explosiones por escapes de gas, rajaduras en la estructura de concreto, tanques de agua que se van ladeando como la torre de Pisa, 800 viviendas sin gas en pleno invierno y otras sin agua, escaleras de cemento a punto de caer. La Legislatura porteña acaba de aprobar una ley que declara al barrio en ‘emergencia ambiental y de infraestructura’ y que ordena encontrar una propuesta de solución en 30 días. Los vecinos recuerdan que lo mismo se votó en abril de 2005 y que ‘no se hizo nada’”, añaden los artículos mediáticos.
En el barrio Piedrabuena “se derrumbó una escalera y otras se encuentran apuntaladas desde hace tiempo, sin que se les haya dado una solución definitiva. Los ascensores, antiquísimos, funcionan a los ponchazos y desde la misma inauguración del barrio nunca pararon en todos los pisos, ni siquiera los de los edificios más altos. En los de 12 pisos tienen parada únicamente en los pisos 5, 8 y 11, además de planta baja. “Tampoco hay ninguna salida de emergencia en caso de incendio. La escalera está alrededor de los ascensores, de manera que si el fuego ocupara esos huecos, no hay cómo bajar de los pisos superiores”, dicen los vecinos en sus declaraciones.
Mientras eso sucede con los habitantes de segunda de la Capital Federal, su jefe de gobierno establece claras y nítidas diferencias entre unos y otros.
Hace algunos días atrás, Macri aumentó “los sueldos de los ministros de su gabinete a 11 mil pesos y otorgará gratificaciones especiales de hasta 27 mil quinientos pesos anuales por ser eficiente en la función pública. La medida, que fue publicada en el Boletín Oficial, generó duros rechazos y cuestionamientos de la oposición porteña por la aplicación de códigos del ámbito privado al sector público de la Ciudad”, remarcaron las distintas fuentes informativas.
Así funciona la lógica del señor Macri.
Los sectores populares mendigando por su existencia y aquellos que pertenecen a su corte, premiados por obediencia.
A principios del tercer milenio, los ciudadanos de la orgullosa y prepotente capital argentina deberán pensar si están más lejos de un amanecer luminoso para las mayorías o si simplemente se sienten resignados a ser convidados de piedra, espectadores del banquete de unos pocos.
Mientras tanto, Macri avanza y quiere saltar al gran escenario de la política nacional.
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