Memorial del Pueblo
El Supremo Entrerriano
Lunes 7 de julio de 2008

El caudillo federal más popular de todo el Litoral, Francisco Ramírez, apodado en vida "el Supremo Entrerriano", murió asesinado por una partida que lo emboscó el 10 de julio de 1821.

La última batalla halló al caudillo al norte de Córdoba, ya no podía volver sobre sus pasos en dirección al Paraná. Lo acompañaban sus fieles y la Delfina, su amada. Hasta allí lo persiguió y alcanzó, cerca de Río Seco, una partida: mientras sus soldados escapaban y ponían a salvo su "prenda", Ramírez recibió un pistoletazo que lo tiró del caballo; su cabeza quedó como trofeo y seña de identidad.

Estanislao López dio la orden de embalsamarla y colocarla en una jaula de metal en la Iglesia Matriz de Santa Fe, frente a la bandera. El parte decía: "para perpetua memoria y escarmiento de otros que intenten oprimir a los heroicos y libres santafecinos". Trece días después, el Cabildo recibió y archivó la cuenta del embalsamador, Manuel Rodríguez. En ésta figuraba el detalle siguiente: doce pesos de espíritu de vino rectificado, diez pesos de vino alcanforado. Rodríguez pidió además veinte pesos por el trabajo de trepanación y demás cirugías, y cobró en total cuarenta y dos pesos.

Francisco "Pancho" Ramírez nació en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, el 13 de marzo de 1786. A los 3 años pierde a su padre, Juan Gregorio Ramírez; su madre, Tadea Jordán, contrae entonces segundas nupcias con Lorenzo José Francisco López, naciendo de esta unión Ricardo José López Jordán, hermanastro y compañero de armas de Ramírez y padre de Ricardo Ramón, el último insurgente.

Muy joven, Ramírez forma como Oficial de Cívicos de Arroyo de la China a las órdenes de José de Urquiza, padre del Organizador Nacional. Abraza la causa federal a los 25 años cuando Michelena toma Concepción del Uruguay.

Hace suya la causa de la Revolución de Mayo desde la primera hora, compenetrándose con los ideales federalistas que animaban a los pueblos del litoral.

A las órdenes de José Gervasio Artigas, logra convertirse en un caudillo de prestigio. Triunfante en los campos de batalla de Ceballos, en Gualeguay, sobre las tropas del Director Pueyrredón al mando de Montes de Oca, en 1817, y de Arroyo Saucecito ante el poderoso ejército de Balcarce que invade la Bajada del Paraná, en 1818; Ramírez, ante la constante amenaza de invasión a Entre Ríos, a la que se niega San Martín y pacta Belgrano, marcha con el Ejército Federal sobre Buenos Aires.

En octubre de 1819 cruza el Paraná por Punta Gorda derrotando, el 1 de febrero de 1820, a las fuerzas directoriales en la batalla de Cepeda. Su triunfo abate para siempre las pretensiones monárquicas de los hombres de Buenos Aires. Ramírez, López y Sarratea firman el Tratado del Pilar el 23 de febrero de 1820.

Surge enemistad entre Ramírez y Artigas; los caudillos se enfrentan y Ramírez vence al Protector de la Liga de los Pueblos Libres que se exilia en Paraguay donde fallece en 1850.

En 1820 crea la República de Entre Ríos con espíritu federalista, sin propósitos divisionistas, dictando su Reglamento donde queda plasmada toda su capacidad.

En 1821, una coalición formada por los representantes del poder directorial en Buenos Aires, Estanislao López en Santa Fe y Bustos en Córdoba, obligan al Supremo a cruzar nuevamente el Paraná. Derrota entonces a Dorrego y por dos veces a Lamadrid, pero surge la traición de Mansilla quien, con el grueso del ejército regresa a Paraná, abandonando a su suerte a Ramírez, rodeado de enemigos.

El Supremo Entrerriano perseguido encarnizadamente, emprende el camino al Chaco. El 10 de julio de 1821, cerca de Río Seco, Córdoba, auxilia a su compañera La Delfina subiéndola al caballo de Anacleto Medina, pero muere alcanzado por una bala enemiga. Tenía 35 años.

Su cadáver es decapitado y su cabeza embalsamada exhibida en una jaula en la recova del Cabildo de Santa Fe.

Con su triunfo en Cepeda, Ramírez marcó el punto de partida de la organización constitucional bajo el sistema federal.

El Tratado del Pilar, una de sus glorias más puras, es el primero de los pactos preexistentes que cita la Constitución Nacional.

Fuente: www.elortiba.org

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