Entrevista a Stella Maldonado, titular de CTERA y Secretaria de Formación de la CTA
Inquieta calma
Miércoles 16 de julio de 2008, por Nadia Mansilla *

Stella tiene una mirada dulce y una voz cálida. Pero detrás de ese aspecto calmo, hay una docente y una militante incansable. Aquí, desandaremos las baldosas que la condujeron a donde se encuentra hoy: la Secretaría General de la CTERA y la Secretaría de Formación de la CTA.

Stella Maldonado nació en Olavarría, pero desde el primer año de vida, vivió en La Plata. “Me crié en un barrio de veredas anchas –relata- con mi hermano cuatro años menor. En ese momento, muchos primos de mi misma edad vivían cerca de mi casa. Así que con nuestros amigos jugábamos mucho en la calle a la mancha, la escondida y esos juegos. También a disfrazarnos y armar obras de teatro”. En ese escenario lúdico, la escuela tuvo un rol principal: “Fui a la escuela primaria al Normal 2 de La Plata. Todas mis maestras fueron buenas maestras. Aprendí mucho de ellas. La pasión por la transmisión del conocimiento, la adquirí en la escuela primaria”.

De manera tal que decidió hacer la escuela secundaria en un Normal, en un momento en que los docentes se recibían con el título secundario. A los 13 años ya tenía la idea de ser maestra: “Me recibí a los 17 años, con el título de Maestra de Normal Nacional. No ejercí enseguida, porque inmediatamente ingresé a la Escuela de Trabajo Social.” Allí militó en el Centro de Estudiantes. Luego, una vez recibida, estuve un tiempo más trabajando con un grupo que editaba una revista profesional que se llamaba “Hoy en el Trabajo Social”. Todo eso es una etapa de formación política donde me vinculo con un grupo que formaba parte de una escisión de las FAL, las Fuerzas Armadas de Liberación. Luego ese grupo ingresa a Montoneros, en el 75”.

Trabajo colectivo

Así, con la llama de la inquietud encendida, Stella toma una decisión que la marca fuertemente en relación a su militancia: “Empecé a trabajar en la línea de armado de una fábrica, Kodak. Era una decisión en términos de militancia política. En aquellos años, era muy común entre personas jóvenes, como lo éramos en esa época, aún habiendo estudiado y hasta teniendo un título, la decisión de proletarizarse. Siempre, desde una concepción que tenía una lógica: uno iba a un lugar y ayudaba a la organización de los trabajadores, a formar comisiones internas, dar la pelea, dentro de los sindicatos de la CGT para modificar, armar agrupaciones y ganar las conducciones. Ese era nuestro objetivo. Eso era posible”.

De la fábrica la echaron, pero allí hubo un proceso de sindicalización y armado de la primera comisión interna. Stella continuó con su participación en la Juventud Trabajadora Peronista. Luego empezó a brindar enseñanza en un centro de educación de adultos de la Dirección Nacional de Educación del Adulto, DINEA. “Eso fue en los años 1973 y 1974, en un proyecto muy interesante de educación popular. Era excelente. Fue una de las mejores experiencias educativas que pasé. Después – cuenta- trabajé también, en el Instituto de Medicina de Trabajo, que hubo en la Facultad de Medicina y que fue una iniciativa importantísima, donde se hacía una articulación muy fuerte de la Facultad en relación a la medicina laboral y prevención de los riesgos de trabajo, articulada con condiciones internas de fábricas y llevando adelante luchas muy importantes en relación a que los trabajadores pudieran tener control sobre el tema de los riesgos de trabajo”.

El año 1975 le tira un golpe bajo: “Yo estaba viviendo en pareja. Ya teníamos una nena, mi hija Ana, que tenía 9 meses. A él lo secuestran y lo asesinan junto a otros compañeros más. Esto apareció como si hubiera sido un enfrentamiento que si bien no fue firmado, forma parte de las acciones parapoliciales previas al golpe de Estado. A partir de ahí yo hago una retirada. Todo ese período, estuve en un exilio interno, en el Gran Buenos Aires”, recuerda.

Entonces, volvió a trabajar de maestra por un tiempo corto en la DINEA. Luego, se desempeñó como asistente social en el Municipio de Vicente López. Simultáneamente, Stella volvió a formar pareja y tuvo otra hija, Inés, que nació en el 79. Inés nació con una luxación de caderas, por lo que Stella se dedicó totalmente a ella y dejó de trabajar por un tiempo. Volvió en el año 81, en una escuela primaria de lo que por entonces era General Sarmiento, hoy Malvinas Argentinas. “Ahí empecé a conectar con algunos grupos de compañeros que comenzaban a intentar reorganizar lo que había sido el sindicato de base de CTERA en ese lugar, que había quedado diezmado por la dictadura, porque varias personas que estaban en la conducción habían sido detenidas, desaparecidas y asesinadas, más un montón de compañeros exiliados”, señala Stella.

Reorganizándonos

“Con los compañeros empezamos a rearmar, a tener reuniones que todavía eran difíciles de hacer. Pero cada vez nos íbamos conectando unos con otros que volvían a aparecer, o que habían estado en alguna otra provincia y volvían. Comenzaba a rearmarse muy lentamente la actividad sindical que todavía era semiclandestina. Ya a fines del 81 y año 82. En junio del 83, compañeros que no había dejado de funcionar nunca, como los de Morón y La Matanza, hacen el paro del 1º de Junio del 83, y cuando leo esto en el diario, busco conectarme con ellos. A su vez ellos me conectan con otros compañeros que ya estaban trabajando en lo que era General Sarmiento y ahí, en muy poco tiempo rearmamos la unión de Educadores de General Sarmiento, en el año 83 y desde ahí en adelante, nunca más dejé de militar en organizaciones sindicales”. En ese momento, no existía el SUTEBA, sino que cada distrito tenía su propio sindicato. Frente a esa atomización, donde la dictadura abortó un proceso de unidad que se había empezado a dar en los 70 con la persecución, asesinato y despidos de los compañeros, en el 86 Stella participó del armado de un frente gremial con distintos distritos en la Provincia de Buenos Aires. En el mismo año, nació el SUTEBA: “Yo estuve en el Congreso Fundacional”, apunta.

Además de su extenuante trabajo militante, Stella tiene otras actividades, como la literatura, el cine y el teatro. Sale a caminar o andar en bicicleta para conservar su buen estado físico. Sus hijas Ana e Inés hoy tienen 34 y 28 años. El papá de Inés murió en un accidente de trabajo, por lo que, viuda dos veces, convirtió el dolor en energía y la dejó fluir hacia la actividad sindical, con pasión y tenacidad. Y calma, también.

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