
En la tierra de Atilio López, de Agustín Tosco, de René Salamanca, del obispo Enrique Angelelli la lucha de las organizaciones populares logró que los genocidas Luciano Benjamín Menéndez y su banda de cómplices terminaran en la cárcel.
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* Secretario General de la CTA de Córdoba |
Desde la CTA festejamos que el proceso judicial, donde tuvo particular mérito el trabajo incansable de los organismos de derechos humanos, haya finalizado con cárcel común para los condenados, sin privilegios, como corresponde a criminales que han cometido delitos de lesa humanidad.
La demanda de justicia sobre las atrocidades sufridas por los 30 mil compañeros se retrazó por las marchas y contramarchas del Estado nacional, que finalmente aceptó desarmar la legislación de impunidad que les permitía a los verdugos de la dictadura caminar por la calle como si no hubiesen hecho nada, como si la desgracia que apabulló a nuestro país, al movimiento obrero, a la sociedad en su conjunto no fuese su responsabilidad.
Sin embargo, la lucha contra las violaciones a los derechos humanos consagrados en la carta de la Organización de las Naciones Unidas y en la Constitución Nacional continúa diariamente ya que los delitos de lesa humanidad de ayer se traducen hoy en los niños argentinos que mueren diariamente como consecuencia de la desnutrición y las enfermedades que son curables, en tanto el Estado intervenga y modifique situaciones de pobreza e indigencia que afectan a una gran parte de nuestro pueblo.
Nuestros compañeros perseguidos y asesinados por la dictadura luchaban para cambiar esta realidad. Las organizaciones populares debemos dar la batalla para que las banderas de los caídos del campo popular sean la de los luchadores de hoy, con la convicción de que sólo un país con justicia social puede evitar continúen las violaciones a los derechos humanos.
La dictadura tuvo consecuencias más allá del reguero de crímenes, robos y ataques a las organizaciones populares. El neoliberalismo, que llevó a Argentina a una situación económica y social que no reconoce antecedentes en la historia nacional, es el resultado de aquellos infaustos años donde los generales decidían quien vivía y quien moría. La lucha por la liberación está hoy tan vigente como hace tres décadas.
Por eso pelearon y murieron los 30 mil desaparecidos; por eso seguiremos trabajando cada día.
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