
Esperó 32 años para poder enfrentar a los hombres que -está seguro- fueron responsables del secuestro y desaparición de su hijo Oscar Alfredo.
Pero ayer, Inés Ragni, se paró frente a ellos -principalmente a Enrique Braulio Olea y Luis Alberto Farías Barrera- y sin que le temblara la voz, les exigió que le digan qué hicieron con él y con los otros detenidos desaparecidos de la región.
"Quiero morir sabiendo que fue Olea (Enrique Braulio, uno de los imputados) quien dio la orden. ¿Por qué no dan la cara? Hace 32 años que estoy buscando la verdad, y ustedes tienen la obligación moral, si quieren morir tranquilos, de decir qué hicieron con nuestros hijos. Ustedes son criminales, digan dónde están, qué hicieron con ellos".
Ines Ragni habló con firmeza, con determinación, con convicción. Se testimonio ante el Tribunal Oral Federal -que duró una hora y quince minutos- fue una clara descripción de cómo fueron los minutos previos al secuestro de su hijo, Oscar Alfredo, un estudiante de arquitectura que había llegado a Neuquén para pasar las fiestas junto a sus padres y hermano.
Contó que su hijo salió de su casa camino al estudio de arquitectura donde trabajaba durante las vacaciones, y que nunca más volvió. Esa mañana, un hombre preguntó por él en su casa. Y un pariente -a quien acusan de haber "marcado" la casa de Oscar Alfredo- también había estado buscándolo.
Dijo que cuando tuvo los primeros indicios de su desaparición, hicieron la denuncia policial, y fueron al obispado donde fueron atendidos por Don Jaime Francisco de Nevares.
También explicó que hicieron gestiones ante Olea y Farías Barrera, y ambos explicaron que en el secuestro habían intervenido grupos paramilitares, y que ellos no tenían ni recibían información al respecto.
"Llevo 32 años caminante por distintos lugares. Nunca tuve miedo, y a estos secuaces (en alusión a los imputados) los traen con chalecos antibalas. Yo quiero la verdad y que Olea y Barrera me contesten cuando les haga una pregunta", dijo Ragni en un momento de su declaración.
Dijo además que "quiero saber qué hicieron con mi hijo. Porque podrían haber dicho dónde estaba. Su hijo está acá. Y que si hizo algo, para eso está la justicia. El pecado más grande de Oscar fue ser estudiante, joven y pensar diferente que ellos", aseguró.
También aseguró que tuvo noticias de que su hijo pasó por la Escuelita, el centro de detención y torturas cuyos responsables están siendo juzgados.
Cuando terminó su testimonio, Inés Ragni -una de las dos madres de Plaza de Mayo que viven en la región- el tribunal que preside Orlando Coscia le permitió ponerse de pie, mirar de frente a los imputados, y formularle la pregunta que tanto ella como su marido Oscar Ragni, se vienen haciendo desde la desaparición de su hijo Oscar Alfredo: qué hicieron con él y con los 30 mil desaparecidos durante la última dictadura militar.
Luego de Inés, testificó Oscar Ragni -marido de Inés y padre de Oscar Alfredo- quien hizo un alegato sobre los objetivos del régimen militar, y dio datos muy precisos sobre los hechos que rodearon la desaparición del joven estudiante de arquitectura, y acusó a los imputados de "genocidas".
Contó que durante 20 años trabajó en la cantina de Tropa dentro del Batallón de Ingenieros de Construcción 181 de Neuquén, en cuyos fondos funcionaba La Escuelita. Aseguró que conoicó a Olea y a Farías Barrera, y que ambos le aseguraron no saber nada del paradero de su hijo, porque se había tratado de una tarea de "grupos paramilitares".
También dijo que cuando se fue de la oficina de Olea "tuve la sensación de haber sido engañado, hecho que luego corroboré con otras personas que estaba en la misma situación que nosotros". Dijo que con Farías Barreras fue con quien mas contacto tuvo. "Era el bueno de la película, pero luego comprendí que el que anda en una manada de lobos, es un lobo y no una paloma".
"Queríamos una respuesta, y nos mantenía (Farías Barrera) en situación de rehenes, como para darnos un relato de su buena imagen, pero además de mentir, se burlaba de los sentimientos de dos personas que perdieron no un auto, sino a un hijo", dijo Oscar Ragni.
También aseguró que cree que el secuestro de su hijo y de su novia ocurrido en La Plata el mismo día en que Oscar hijo llegó a Neuquén, se debió a un error, porque ellos convivieron con una pareja que -con pasaportes falsos- logró huir hacia Brasil.
Explicó que tiene certeza de que su hijo estuvo en La Escuelita a partir del testimonio de un suboficial de apellido Torino que dijo que la noche del 23 pidieron una ración más de comida para un joven que había llegado de La Plata hacía un par de días, y que era del barrio. Oscar y su familia vivían en el barrio El Progreso, frente al Batallón. A eso se le suma el testimonio de David Lugones, quien dijo haber oído a Oscar hijo en ese lugar. "Lo reconoció por una voy muy nasal que tenía mi hijo", dijo.
Por otra parte, aseguró que es totalmente imposible que los responsables del BIN 181 haya ignorado que allí funcionaba el centro de detención y tortura La Escuelita.
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