A mí me parió la CTA
Jueves 11 de septiembre de 2008, por Alejandro Garzón *

Nos habían instalado que era el fin de las ideologías, veíamos como nuestro país cada vez estaba más fracturado, la pobreza golpeaba fuerte, el individualismo y el “sálvese quien pueda” eran moneda corriente.



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Secretario General de la CTA Santa Cruz

El Estado se desmembraba, muchos estábamos fuera del sistema; en nuestra Latinoamérica el neoliberalismo avanzaba con pasos firmes y contundentes, dejando a miles de trabajadores bajo la línea de pobreza, desocupación, indigencia, muertes por desnutrición etcétera, casi no había esperanza.

La Argentina no fue ajena a esa situación y creo que fue el lugar donde la recetas del Imperio, fueron acatadas sin importar las consecuencias, el panorama era difícil, pero no hay mal que dure cien años.

Y fue ahí que muchos de nuestros compañeros que en algún tiempo habían conocido el poder como trabajadores y que gozaron y disfrutaron de un Estado de Bienestar que priorizó, entre otras cosas, a los pibes y a los viejos, no se resignaron, y empezaron a construir una idea, intentando instalar entre los compañeros que valía la pena volver a intentarlo, que había que empezar a armar ese colectivo, para reconstruir la esperanza y salir a convocar a miles, para instalar que en la Argentina el problema principal eran la desocupación y la pobreza.

Pero no valía de nada solamente decirlo o denunciar el problema públicamente o en el sector de trabajo o en la casa. No alcanzaba con eso, faltaba algo, se vislumbraba, estaba en el aire, se palpaba, los militantes empezábamos a ganar los paredones con consignas, nos organizábamos en el sindicato, en el barrio, la mística se sentía, soñábamos con un país para todos.

Y llegó, fue un 11 de septiembre de 2001, que salimos las siete columnas a recorrer nuestro país, no solamente para decir cual era el problema, sino también para ir a buscar a esos compañeros que no creíamos que valía la pena, que estábamos resignados y muchos entregados a la buena suerte de dios.

Yo era un de esos, que no creía ni en la política ni en los gremios y no me avergüenzo en decirlo y creo que en mi vida personal, haber sido parte de una de las experiencias mas importantes de nuestra central, nos cambio la vida a muchos,

Ese 11 de septiembre también fue un punto de partida para muchos, y durante todo ese tiempo mucho entendimos que no sirve de nada quejarse de lo que creemos que esta mal, de las injusticias, del hambre de nuestros pibes que duele, de cómo se sigue entregando a las trasnacionales nuestros recursos naturales, no sirve de nada quejarse.

Ese 11 de septiembre fue clave, nos animamos a salir y ahora es tiempo de hacernos cargo y de una vez por todas, con alegría, poniendo el cuerpo, con esperanza, con compañerismo y reconociéndonos como clase trabajadores, tenemos lo oportunidad histórica una vez más de salir a convocar a esos miles.

Para que sean parte de este instrumento que es la Constituyente Social. Para forjar un nuevo tiempo en la Argentina, que es la construcción de un Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación.

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