
La periodista Antonella Sánchez Maltese se desempeñaba desde hace tres años como redactora de la sección política en el diario El Independiente de La Rioja, que edita la cooperativa Copegraf Limitada, pero se quedó sin trabajo.
El testimonio de la periodista Antonella Sánchez Maltese, despedida del diario El Independiente de La Rioja cuando estaba a punto de ser elegida delegada, pone al descubierto las prácticas con que se precariza el trabajo en medios supuestamente cooperativos. El 25º Congreso del Cispren denunció las cesantías.
En los últimos tiempos, el deterioro salarial, las precarias condiciones laborales y la inseguridad de trabajar para una empresa que terceriza el personal comenzaron a generar en la redacción un malestar que se tradujo en reclamos y en organización sindical.
A principios de este mes, luego de varios reclamos informales que no tuvieron respuesta, un grupo de trabajadores decidió postular a Sánchez Maltese como delegada gremial. Pero el viernes 10 le comunicaron que estaba despedida, al igual que Pablo Torralba, un histórico periodista del diario. Obviamente, algo había ocurrido mientras tanto.
¿A qué atribuye su despido?
Nosotros veníamos reclamando aumento de salario y el jueves 2 de octubre hubo una reunión entre los compañeros para definir qué hacer, en la que me proponen ser delegada. Acordamos hacer la elección el 21 de octubre y teníamos dos semanas para notificarla. A la semana siguiente, el martes viene una inspección de la Subsecretaria de Trabajo, coordinada por el sindicato (Sipren), para comprobar si se aplicaba la nueva escala acordada entre Fatpren y Adira. Y el viernes 10 me llamaron y me dijeron que iban a prescindir de mis servicios por una reestructuración de planta por razones económicas. Por qué a mí en un plantel de veinte periodistas, les planteé. No me supieron dar explicación y el jefe que evalúa mi desempeño no me dio ningún argumento, sólo el de la reestructuración. El telegrama llegó el sábado pero lo recibí el martes; no dice nada, simplemente “rescindir de sus servicios”.
¿Cómo puede despedir una cooperativa?
Hay una empresa, Cambio SA, que terceriza el personal. Yo trabajaba para Cambio, pero en el diario. En Cambio hay 30 empleados y Copegraf tiene cerca de 70 socios. Meses antes, cambiaron autoridades en la cooperativa. Fuimos a hablar con el nuevo presidente, Julio Delgado, porque si bien no pertenecemos a ella a todo lo maneja la cooperativa, porque Cambio está integrado por socios de Copegraf. En una charla, cordial incluso, planteamos que tenía que haber un aumento por la devaluación del salario, la inflación, etc. Nos reunimos en junio y nos pidió tiempo para plantear el tema en el Consejo porque recién asumía. Todo en buenos términos y simplemente le planteamos que había cierto malestar por el desfase salarial con los precios.
¿Qué salario tenían?
De todos los periodistas que trabajábamos en Cambio SA, yo y otra compañera éramos las que más cobrábamos, por (según el criterio de la empresa) la cantidad de horas que trabajábamos diariamente, que eran siete. Sin embargo, estábamos categorizados como "aspirantes" -según figuraba en nuestro recibo de sueldo- pese a realizar tareas de redactores. Pero ni siquiera era aspirante la categoría cierta, sino "cadete", porque el monto que figura en la escala salarial es 1.383 pesos de bruto y el neto de 1.120. No nos respetaban el sistema de francos. Según el convenio, son 36 horas semanales y trabajábamos seis horas diarias (en teoría, porque siempre eran más), teníamos un sólo franco por semana y sólo una vez al mes un franco doble. El último aumento de sueldo fue en septiembre del 2007, y hasta ese momento cobrábamos 849 pesos de bruto y 600 y pico de bolsillo.
¿Y qué respuesta les dieron?
El presidente reconoció que había nueva escala salarial y que la iban a pagar. Una semana atrás fui a reclamar, porque me habían descontando 30 pesos para pagar la playa de estacionamiento que tiene la empresa, donde yo dejaba mi coche. Playa que a su vez tercerizan a otra cooperativa. Yo estaba conforme con que me descuenten, pero me parecía una falta de respeto que no me hubiesen avisado ni hecho firmar ningún contrato y lo planteé. Me reintegraron la plata y firmé el contrato conforme para aceptar ese servicio. Fue un reclamo más y en buenos términos, pero una semana después me despidieron. Tampoco tenía tanta actividad gremial orientada a ser delegada, porque eso surgió recién en la reunión. Yo no me planteaba ser delegada.
¿Antes no tenían delegados?
En diciembre nos habíamos quedado sin delegado por presiones de la empresa. Lo único que yo hice es hablar uno a uno con mis compañeros para que eligiéramos otro delegado. Ellos no lo van a reconocer jamás, pero yo lo sé por una persona de confianza mía que habló con gente de la empresa. Ellos dicen que “les dolía” echarme, porque no tenia ningún fundamento, pero si me elegían delegada no me iban a poder echar más por la inmunidad. Y que era un peligro para la empresa. Yo me hubiera conformado con que me digan cualquier cosa, pero no que no me den una fundamentación. Nosotros no tuvimos que ver conla inspección. Pero si me quedaban dudas que era por mi elección como delegada, la confesión de la empresa ante esta persona me lo terminó de confirmar.
¿Cómo se enteraron de que la iban a elegir?
Yo creo que alguien nos acusó. Inocentemente, me costaba asumir que alguien nos había vendido.
¿Qué relación tiene el diario con el Gobierno?
El diario depende enteramente de la pauta oficial del Gobierno.
Sánchez Maltese y otros dos trabajadores de prensa de La Rioja estuvieron presentes en el 25º Congreso Provincial de Trabajadores de Prensa y Comunicación de Córdoba, organizado por el Cispren en Río Cuarto el pasado fin de semana. Allí recibieron el apoyo del gremio cordobés, expresado en un párrafo del despacho de la Comisión de Acción Política y Sindical: “Manifestar la solidaridad con los compañeros Antonella Sánchez Maltese y Pablo Torralba, despedidos por reclamar aumento salarial y organizarse gremialmente en el diario El Independiente de La Rioja, cuya conducción seudocooperativista inventó una empresa (Cambio SA) para tercerizar y precarizar al personal. Trasladar esta denuncia al Inaes (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) y a Adicra (Asociación de Diarios Cooperativos de la Republica Argentina)”.
¿Qué pasó con el otro trabajador despedido?
Pablo tiene cerca de 60 años y trabaja desde el año 1969. El padre fue uno de los fundadores de la cooperativa. El apellido Torralba es un pedazo de historia del diario y su caso es mucho más fuerte. Es un ex preso político, docente y un tipo que siempre la peleó. Tiene como prueba una nota que firmo en el año 1969.
Al hablar de su compañero despedido, Antonella pierde serenidad y gana indignación. Sabe que no es fácil encontrar trabajo con 60 años, pero también le preocupa ese mercado laboral sin códigos donde los jóvenes comienzan a poner a prueba su vocación.
Esa vocación que trasunta cuando afirma, con vergüenza ajena, que el diario “no es lo que era antes, y a las pruebas me remito, alcanza con leerlo, ver las tapas, las notas que publica, y los personajes que son noticia todos los días, religiosamente, para darse cuenta del contenido y la política editorial. Y el propio lector, sin que nadie se lo diga, puede hacer un análisis con el matutino en la mano”.
¿Usted firmabas notas?
Ellos no dejan firmar notas, ni a los de Cambio ni a los socios. Eso se cortó hace un tiempo; nosotros reclamamos, pero nunca se volvió a implementar. Ellos decían que porque son una cooperativa que compartía una misma ideología -porque el diario en su origen era independiente como dice el nombre y no como ahora que son todo lo contrario- tenían ese lema de que todos son responsables de todo lo que se escribe. Pero eso fue cuando estaba en manos de sus fundadores originales. Nosotros hace poco lo planteamos para firmar notas de investigación y nos dijeron que sí, pero todo quedó en la nada y nunca se volvió a hablar. Tampoco nos daban acreditaciones, credenciales ni nada, por una cuestión de recelo.
Tienen todas las mañas empresarias y más…
Si no es porque todos los días nos sentamos a escribir, esto no se parece en nada a un diario. Ni siquiera nos daban un diario para nosotros. O lo leías ahí antes de salir a hacer las notas, o lo tenías que comprar. Tienen todas las mañas habidas y por haber.
Además de la denuncia de los gremios, ¿qué otra repercusión hubo?
Yo cubría política y dentro de política lo legislativo. Se solidarizaron conmigo muchos legisladores, pero simplemente a través de un llamado telefónico. En la última sesión iba a haber un pronunciamiento, pero no lo hicieron. Por lo menos me llamaron por teléfono. Pero le tienen mucho temor al diario, porque es el que mas tirada tiene en la provincia y, sea como sea, se lee y tiene peso. Y a la clase política le interesa.
Corresponsalía Córdoba
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