
Durante la segunda jornada de debates de la Constituyente Social, Rodolfo Mono Saavedra, muralista, dejó su marca artística en una pared del galpón recuperado por la Tupac Amaru, en Jujuy. “Formamos parte de la Constituyente porque creemos en la unidad de los sectores populares. El arte, entonces, es una herramienta política más y lo asumimos como una forma de militancia.
Sentimos la necesidad de dejar un mensaje, una huella", expresa este artista autodidacta que se identifica con el trabajo de Orozco y Siqueiros y de otros pintores cubanos a los que admira. Aunque sin duda, la figura de Pocho Lepratti caló hondo en su obra. Mientas agita pinceles, junto a Guillermo Quevedo, echa una mirada al pasado.
Le dicen el Mono. Nació en Vera, provincia de Santa Fe hace 43 años. En los noventa fue desplazado de su pueblo natal por la ola de despidos producto de la política de “racionalización” implementada en la municipalidad local. Más de 100 compañeros quedaron en la calle, luego de descabezar a toda la conducción del gremio municipal del que era secretario de prensa. “A partir de la reforma del Estado nos echaron a todos y tuve que irme a buscar otras posibilidades”, cuenta. Pasó por Buenos Aires y recaló en Rosario donde consiguió trabajo como letrista. Se fue vinculando con grupos de arte urbano y a partir de ese momento, va configurando su trayectoria de artista popular itinerante.
A partir de los carnavales barriales de Ludueña, conoció a Fernando Traverso y a Guillermo Quevedo y junto a Florencia, Ariel, Luca, Guillermo y el músico “Varón de Ludueña”, formaron el Grupo Arte por Libertad.
En esos encuentros conmemoran el cumpleaños de Claudio “Pocho Lepratti”, militante social asesinado por la policía durante los sucesos de 2001. Cada 27 de febrero se reúnen con la barriada alrededor de múltiples actividades y expresiones artísticas. “Me enamoré del lugar y no me despegué mas. Alrededor nuestro se generó una energía hermosa, mientras cocinaban un guiso al lado de la pintada, fui conociendo a los compañeros de Pocho”, recuerda con emoción.
Cien metros de mural, frente de la plaza que lleva su nombre, inmortalizan la figura del luchador bautizado como el Ángel de la bicicleta. “La historia de Pocho me atraviesa. Fuimos conociendo redes sociales, organismos de derechos humanos, fábricas recuperadas, que son los lugares donde nosotros por definición política creemos que debemos estar para transmitir y compartir conceptos simples, de fácil lectura, donde el habitante se sienta reconocido”, explica el Mono.
Mientras pintaba un mural sobre la guerra de Malvinas, en una calle de Rosario, se acercó un muchacho que trabajaba como voluntario en La Higuera y en Valle Grande, Bolivia. Tenía un proyecto ambicioso: el armado del recorrido por donde pasó Ernesto “Che” Guevara y lo invitó a trasladarse invitado por la casa de la cultura de Valle Grande. En 2003, partió junto a Mariela Igarzábal y realizaron las primeras obras. “Dentro de la escuelita hicimos un mural de 9 metros de largo por 1,70 de ancho y otro cerca del busto en la plaza de La Higuera. Para nosotros era importante porque mostramos los íconos de las luchas actuales”, explica. En la obra estaban presentes los símbolos del Movimiento Sin tierra de Brasil, del Zapatismo, de las Madres de Plaza de Mayo, del Ángel la Bicicleta, y las luchas de Bolivia. En 2005, pintaron en la lavandería de Nuestra Señora de Malta, una imagen que el autor caracteriza como “más humanista”. Aparece la imagen del Che y fragmentos una carta enviada a sus hijos.
Pero fue en 2007, cuando madura un concepto artístico crucial que atravesará las obras futuras: la lucha sigue. En el marco del 40 aniversario de la muerte del Che Guevara en combate, hubo un gran festejo. Aquella obra que da cuenta de las luchas latinoamericanas fue elegida como sello postal por el gobierno de Cuba. “Fue muy importante porque latinoamericaniza la lucha. La estampilla, cierra con una frase que rescata los sentimientos de amor de un revolucionario verdadero”, comenta.
El proceso de creación admite bocetos previos –aclara- que luego la realidad modifica. Por caso, cuando fue a Bolivia, explica que “el país estaba incendiado, entonces la idea original mutó y se completó con la participación de los habitantes del lugar. Abrimos las ideas para que la gente incorpore sus propias imágenes”.
El grupo Arte por libertad, no para de viajar. Allí donde van les piden que pinten el Ángel de la bicicleta, uno de los símbolos de 2001.
Les encanta trabajar con niños y jóvenes, tiempo atrás lo hicieron con el Movimiento de Chicos del Pueblo, la fundación Che Pibe, la red Encuentro y otros centros comunitarios. “Si a uno de ellos le queda la semilla de la pintura, nuestro trabajo está justificado”, sostiene. En Córdoba, dejaron su impronta en Villa La Maternidad, donde un grupo de vecinos resistió el traslado a las ciudades –guetos, plan de erradicación de villas ejecutado por el gobierno de José Manuel De La Sota. “Lo bueno es que antes tenía la idea de armar las cosas de arriba para abajo. Pero después de cuatro años nos dimos cuenta que la cosa es al revés”, reflexiona.
Actualmente comenzaron con un proyecto nuevo. De la Casa de Pocho, parten raíces de colores que atraviesan el pasillo y trepan por las paredes de las casas colindantes. Y vaya si moviliza. Los vecinos ansiosos, preguntan cuando les tocará. “Después de un duelo prolongado, hay un rebrote. Quisieron tumbar el árbol y nace de nuevo. Esa idea marca una etapa nueva en la construcción, con alegría, con otra subjetividad”, analiza.
Pero eso no es todo, en la Casa de Pocho hay espacio para otras expresiones participativas. Un taller de inventos, otro de murgas, grupos de música como “La pocilga”, rock y hip hop, entre otros. Para sobrevivir pintan casas, carteles, pasacalles, frentes de negocios.
Volviendo a la Constituyente opina que “este proceso que se está dando en Latinoamérica, aún cuando haya dispersión en lo movimientos sociales, es necesario. Esa corriente que viene de otros países en relación a la distribución de la riqueza, para que no haya más hambre, para que se renueve la dirigencia, la vimos acá. Vamos sembrando para cosechar de otra forma”, concluye.
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