¿Acaso no matan los caballos?
Martes 9 de diciembre de 2008, por Carlos Saglul *

“Acaso no matan a los caballos?”. Pensé en el título de la novela de Horace McCoy cuando vi en la televisión varios vecinos poniendo caras de posteridad mientras acariciaban un equino, al que habían rescatado de una muerte segura luego de encontrarlo famélico, abandonado en la calle.



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Periodista. Equipo de Comunicación de la CTA

Esa misma mañana al descender al subterráneo tropecé con un pibe tirado en las escaleras, borracho?, desmayado?, ¿en sus últimos minutos destruido por el paco?. La gente seguía apurada. A nadie le llamaba la atención. Un chico tirado en la calle no es noticia. Y convengamos, para la televisión vale menos que un caballo abandonado

¿Qué edad tendría el pibe?. Seguro, la suficiente como para ir preso si para tranquilidad del gobernador Scioli se baja la edad de imputabilidad de los menores. La jueza de la Corte Suprema , Carmen Argibay defendió el encierro de los niños en Institutos porque –según ella- de lo contrario la policía va a matarlos ya que “están marcados”. Entonces para que plantea Scioli bajar la edad de imputabilidad de los menores, si lo se hace en realidad, según lo que se desprende de lo que dice la magistrado, es matarlos? En la escena final de la novela que transcurre durante la recesión en los Estados Unidos, McCoy le hace decir al protagonista después darle el tiro de gracia a su víctima para que no sufra: “Acaso no matan los caballos?.

De acuerdo los últimos datos conocidos, en la provincia de Buenos Aires, había en el 2005, 17.053 niños derivados a institutos penales solo por no tener quien se haga cargo de ellos, es decir por ser “pobres”, mientras solamente 2.526 tenían alguna causa penal. Hasta el menos informado conoce el horror de los Institutos, “las tumbas”, usinas de delincuentes. ¿Cual es la diferencia entre una cárcel o un Instituto.

El Isaura Arancibia que nació en una oficinita de la Central de Trabajadores de la Argentina era el único colegio para chicos que viven en las calles porteñas. Atendía a pibes de zonas terriblemente críticas como Constitución, Once, Retiro. El jefe de gobierno, Mauricio Macri lo cerró porque la administración de PRO, ya lo sabemos, prefiere invertir en policías. Scioli, los jueces, todos bailan al compás de los medios de comunicación y la inseguridad. Esconden a los negritos en los institutos, las villas rodeadas por la Gendarmería. Y a no pocos le meten bala porque mientras la agenda mediática propone bajarles la imputabilidad, en realidad ya hace rato están condenados a muerte. Pero los negritos se multiplican. Siguen naciendo como una maldición. Crecieron invisibles entre el hambre. Los muelen a palos desde chiquitos. Y la calle termina siendo mejor que la familia que nunca los quiso. Los institutos, las vejaciones, escapar de la policía, la droga…Nunca aparecieron por la TV. Es así hasta día que pueden hacerse de un arma y sabiéndose muertos de antemano deciden que no les importa matar. Ese día tal vez le toquen el timbre a su víctima, al hombre que lagrimea viendo en la televisión como un grupo de vecinos se reúnen solidarios para salvar un caballo

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